Karlos Arguiñano en tu cocina

Aperitivo de foie-melón

Aperitivo de foie-melón

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Hoy vengo con otro bocado de temporada: foie gras con melón. Antes, presenté un bocado muy rico de higos con foie gras, que sólo se puede preparar durante la temporada de higos frescos. Hoy vamos con otra combinación igual de buena: la combinación de foie con melón es un bocado insuperable.

Pocos alimentos hay en el mundo y a lo largo de la Historia que hayan despertado tantas fobias y filias como el melón. Así, San Gregorio, uno de sus fans incondicionales dijo al respecto algo tan exagerado como: "Si el maná representa el alimento de la gracia, destinado a la refracción de la vida interior, es preciso ver en el melón la representación de las delicias terrestres".

Por el contrario, los griegos de la antigüedad lo conocían, pero no parece que le tuvieran gran estima ya que, Homero, cita en sus poemas ciento treinta veces al ajo y tan solo menciona en cuatro ocasiones a esta cucurbitácea.

Tampoco a los romanos clásicos, al parecer, les hacia mucha gracia. Plinio lo incluye en su Historia Natural muy de pasada. El primer autor latino que lo glosa es, en el siglo V, Paladio quien nos legó un truco singular: "Los melones adquieren más aroma si se tiene la precaución de mezclar durante unos días sus pepitas con hojas de rosa machacada".

El melón tiene históricamente labrada una mala fama, en base a determinados hechos... se le achaca ser causa de la muerte, por indigestión, del Papa Pablo II. María Mestayer de Echagüe -más conocida como Marquesa de Parabere- gran defensora de esta fruta, duda de la veracidad de esta versión, recalcando además: "... Luis XIV de Francia que murió a los setenta y ocho años, se zampaba cuantos melones le ponían delante y un abuelo mío, que vivió hasta a los noventa y seis años, se comía de una sentada un melón enorme".

Pero sin duda, entre los mayores forofos que ha tenido esta fruta, se encuentra Alejandro Dumas: un día, el célebre escritor recibió una carta del ayuntamiento de Cavaillon (donde se cultivan los mejores melones de Francia) en la que le comunicaban que habían decidido crear una biblioteca con las obras de los mejores autores. Y le rogaban a Dumas que les enviara dos o tres de sus novelas. Y así se expresaba entonces, al respecto, el autor de los Tres Mosqueteros: "Me pusieron en un aprieto. Yo tengo dos hijos y, puestos escoger, no sabría cual elegir, que mis libros todos me parecen buenos, pero que me parecían aún mejor los melones, así que me permitía hacerles la proposición siguiente. Yo les remitía la colección completa de mis obras (alrededor de quinientos tomos); pero que ellos, a su vez, se comprometían a pagármelas en melones, a razón de doce al año mientras viviera, y que los melones serían verdes (de color)." Y concluye así el escritor galo: "El Ayuntamiento de Cavaillon me contestó a vuelta de correo que mi proposición había sido aceptada por aclamación, votándome agradecidos esa renta vitalicia. Probablemente la única que tendré jamás". Espero, añadía Dumas "que mis novelas gusten tanto a los de Cavaillon como a mi sus melones".

En Japón, el melón es un lujo asiático -nunca mejor dicho- y se regala, en vez de flores, a las mujeres que han dado a luz.

Hablando en concreto de nuestra receta, este bocado no tiene ninguna dificultad y os puedo asegurar que gusta a todos necesitamos:

  • melón (cortado en tiras finas)
  • foie-fresco, paté o mousse de oca
  • crema de queso
  • un poco de nata líquida
  • sal
  • pimienta negra
  • jengibreazúcar

Elaboración:

1. Preparamos una crema espesa batiendo el foie o paté con un poco de crema de queso y una cucharada de nata. Esta crema se condimenta con un poco de sal, pimienta y jengibre. Lo dejamos reposar.

2. Preparamos unas láminas finas de melón y ponemos un poco de crema de foie en el extremo. Envolvemos el melón dando forma de triángulo y los dejamos reposar 30 min. en el frigorífico.

3. A la hora de servir, espolvoreamos con un poco de azúcar y lo caramelizamos con la ayuda de un soplete.

Vamos a hacer un bocado para que vean cómo se envuelve. Colocamos una tira, ponemos la crema.

Y justo en el momento de servir lo caramelizamos. Si no tenemos un soplete lo podremos hacer en el horno, poniendo el gratinador a tope y colocando los bocados en la parte más alta (corremos el riesgo de que se nos derrita la crema del interior antes de caramelizar si no ponemos el horno a rojo vivo).

Es un bocado perfecto para un aperitivo. Se puede tener todo preparado y caramelizar en el momento que lleguen los comensales.