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Macetas de barro

Macetas de barro

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Vamos a conocer un poco más las características y usos de las macetas de barro, un accesorio básico en jardinería tanto de exterior como de interior. 

Los recipientes de barro son casi tan antiguos como nuestra propia civilización. Desde los primeros cacharros hechos toscamente hace más de 6.000 años en Mesopotamia, hasta el descubrimiento del torno, algún milenio más tarde, el uso del barro no para de evolucionar y de manera casi sorprendente en los tiempos que corren, sigue siendo tan habitual como en la antigüedad.

Las macetas se concibieron para contener en su interior plantas vivas. Gracias al drenaje en su parte inferior, fueron los árabes los primeros en usarlo con éste fin, para mejorar los ya de por sí, los inmejorables jardines. El barro reúne unas condiciones idóneas para la conservación de las plantas, ya que mantiene la humedad de la tierra que contiene, dejándola respirar; de manera que las raíces de las plantas se desarrollan en condiciones similares a como lo harían en la propia tierra.

La diversidad de formas y tamaños es casi ilimitada, ya que, al lado práctico de éstos recipientes hay que sumarle el componente artístico que su creador quiera darle. Así pues, desde las formas clásicas cónicas con el fondo plano, pasando por las más rechonchas a las más estilizadas, las de los más atrevidos colores o decorados con cenefas y grecas emulando en ocasiones los diseños dela antigüedad, todas las macetas tienen cabida en terrazas y balcones, como complemente en jardines, o flanqueando las puertas de entrada de cualquier edificio.

Si bien es cierto que el barro ha mantenido su protagonismo, no lo es menos la aparición del plástico en el panorama macetero, casi siempre, imitando en formas y colores al propio barro, sobre todo, cuando de macetas decorativas se refiere. En el caso de macetas con un uso más industrial, para el uso en viveros y explotaciones agrarias, sí que el uso de los maceteros de plástico se está generalizando.

Ya sea de una manera u otra, las macetas nunca dejarán de formar parte de nuestro paisaje, aunque nosotros sintamos una especial predilección por el barro, cuestión de raíces.