Huerta

Cultivar calabacines

Cultivar calabacines

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Para cultivar calabacines necesitaremos luz y un clima cálido, aunque es poco exigente en suelo, adaptándose con facilidad a cualquier tipo.

Nombre común: Calabacín, Calabacines, Zapallito italiano 

Nombre científico: Cucurbita pepo

Familia: Cucurbitáceas

Origen: Centroamérica

Temperatura mínima: 0ºC

Orientación: a pleno sol

Cosecha: de verano a otoño

Los calabacines son fáciles de cultivar a partir de semillas y se cuentan entre las hortalizas más productivas; una sola planta te da frutos durante todo el verano por lo que lo tendremos en cuenta y no nos excederemos con el número de plantas o acabaremos hartos de los calabacines. 

Empieza a cultivarlos por semillas a principios de primavera llenando macetas de 7.5 cm con compuesto para semillas. Planta dos semillas a los lados, a una profundidad de 2.5cm, y cúbrelas con más compuesto. Riégalas, pon las macetas en un propagador de calor o en un alféizar soleado. Cuando las raíces de los almácigos se asomen por los agujeros de drenaje, trasplántalos a macetas de 12.5cm. Cuando no haya riesgo de heladas, plántalas individualmente en macetones o sacos de cultivo. Riegálas con regularidad y corta los frutos con un cuchillo afilado cuando su longitud sea de unos 10cm. 

Cuidados del calabacín

Es una planta que necesita bastante luminosidad, por lo que una mayor insolación repercutirá directamente en un aumento de la cosecha. El calabacín es un cultivo que requiere una climatología cálida. El desarrollo óptimo está con temperaturas entre 25º y 35ºC. El desarrollo vegetativo del calabacín es muy rápido cuando en el ambiente del invernadero la temperatura es alta y hay humedad suficiente.

La humedad relativa óptima del aire en el invernadero oscila entre el 65 % y el 80 %. Humedades relativas muy elevadas favorecen el desarrollo de enfermedades aéreas y dificultan la fecundación. Es poco exigente en suelo, adaptándose con facilidad a todo tipo de suelos, aunque prefiere aquellos de textura franca, profundos y bien drenados. Responde muy bien en los suelos que están bien provistos de materia orgánica. En la huerta, hay que trabajar el suelo a una profundidad de 40 cm, enterrando estiércol bien descompuesto.