Jardín

Jardín de narcisos

Jardín de narcisos

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Visitamos un jardín de narcisos, que en realidad es una pradera que potencia la flora silvestre, hermosa y variada. 

En ocasiones anteriores hemos visto que hay diferentes superficies para crear jardines y hoy queremos añadir un nuevo concepto: la pradera. La diferencia entre pradera y césped es que este último hay que cortarlo a menudo. La pradera, por su parte, se deja crecer de forma espontánea y solo se corta una vez al año, lo que favorece la aparición de flora silvestre. 

Cuando vamos a hacer una de estas praderas, una de las plantas que debemos utilizar es el narciso: un bulbo que comienza a florecer a finales de invierno y que cuenta con una espectacular flor amarilla. Los narcisos, como todos los bulbos de primavera, deben plantarse en octubre. Una vez que llega la primavera, aparecen las flores y tras la flor una cápsulas donde estarán las semillas. 

Una de las pegas de los narcisos es que los pétalos se los comen las babosas y los limacos. Cuando la planta deja de florecer tenemos que dejar la mata, sin cortar las hojas, para que los bulbos vuelvan a florecer al año siguiente. Eso sí, si la dejamos tal cual al año siguiente en vez de dos flores tendremos cuatro. 

Las praderas silvestres, que se siegan en octubre, son una alternativa ecológica para tener un campo variado y colorido como el jardín de narcisos que hemos visto en esta ocasión. ¡Una delicia!

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