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Perros terapéuticos

Perros terapéuticos

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Perros terapeúticos. Animales especiales que se emplean como terapia en centros de chavales con discapacidad intelectual y dificultades en la afectividad.

Está demostrado que sesiones con estas mascotas mejoran el autoestima de estos chavales haciendo que se suelten y estén mucho más contentos. Para realizar esta tarea se necesita un perro especial que cumpla una serie de características.

El adiestramiento de un perro para una terapia con chicos/as discapacitados es muy complicado. No cualquier tipo de perro sirve para trabajar en un recinto cerrado como un pabellón o una escuela. Tiene que ser un perro que esté preparado psicológicamente para soportar gritos, pisotones, tirón de pelo, etc., porque, aunque no es el trato habitual que recibe el animal puede haber momentos de efusividad por parte de ellos. Algunos perros podrían reaccionar de forma negativa, pegando un giro de cabeza muy rápido, ladrando o saltando. Eso puede provocar nervios en ellos y el efecto que se busca es todo lo contrario.

Hay que seleccionar muy bien el tipo de perro que se requiere para terapias con discapacitados. No cualquier raza puede servir y se suelen utilizar unas determinadas que pueden ser labradores como el Golden Retriever, uno de los más seleccionados. El Collie Barbudo que es otro caso especial que se elige por sus extraordinarias características. Tiene una cara lánguida que transmite tranquilidad, un pelo muy sedoso que lo hacen parecer un "peluche" y una actitud tranquila.

Algunos colegios con chicos/as discapacitados aplican sesiones de grupo con estos perros. El plantea ejercicios constructivos con ellos como saludar y acariciar al perro o llevarle con la correa y andar con él. Los chavales aprenden a mandar al perro mediante técnicas como tirar de la correa para que se siente o de llamada para que acuda a su lado.

Las sesiones con perros terapéuticos hacen a los chicos/as disfrutar y divertirse. Sienten un protagonismo especial sujetando la correa del perro cuando pasean con él. Cuando le dan una orden y el perro les obedece ellos se sienten muchísimo mejor porque están mandando sobre alguien, algo a lo que no están acostumbrados. Se emocionan cuando el perro va hacia ellos y van desarrollando una relación más estrecha con él: le llaman, le acarician, le abrazan y le besan. Se observan cambios muy positivos en ellos: incluso algunos que tenían miedo a acercarse con el tiempo y las sesiones consiguen estar cada vez más a gusto.