Psico

Hiperactividad infantil

Hiperactividad infantil

Autor:

El trastorno por déficit e hiperactiviad (TDAH) se reconoce por un patrón de falta de atención, tendencia a la distracción, impulsividad e hiperactividad.

Son niños incapaces de centrar su atención en algo (inatención), de frenar sus impulsos o actividades (impulsividad) y que pasan constantemente de una actividad a otra aunque no acaben la primera (hiperactividad). No prestan atención, no escuchan, no acaban sus tareas, se distraen, se mueven constantemente, se muestran olvidadizos...

Los niños con TDAH con frecuencia presentan incapacidades de aprendizaje o problemas emocionales. No pueden sentarse quietos ni prestar atención en clase e incluso presentan un comportamiento destructivo. Tienen una imagen pobre de sí mismos, no toleran la frustración y llevan muy mal el perder por lo que son especialmente sensibles al fracaso. Tienen dificultades para aprender, errrores de cálculo, faltas de otrografía, baja motivación, son muy desobedientes y excesivamente sensibles, por ejemplo, a una desestructuración familiar. A veces se sugiere que repitan curso pero eso empeora las cosas al estar aislados de sus amigos contribuyendo a su baja autoestima.

Este trastorno parece que está relacionado con una alteración en la síntesis de los neurotransmisores. Este funcionamiento anómalo hace que el cerebro desarrolle una gran actividad. Los remedios naturales deben ir encaminados a colaborar con el tratamiento específico que mejore la situación de los neurotransmisores cerebrales para que el trabajo del cerebro sea más equilibrado y eficaz.

El TDAH puede tener origen genético, es decir, que la existencia de un padre afectado es condicionante aunque en el ambiente hay determinados factores que van a desencadernarlo con más fuerza y agravar el problema. Pero hay ciertos aspectos en la educación que les van a proporcionar recursos y nutrientes para mitigar los efectos y ayudar a estos niños en su socialización. Es más frecuente en niños que en niñas. Sus síntomas ya aparecen en los primeros meses de vida aunque el diagnóstico suele realizarse sobre los 4-5 años, momento en el que el niño explora más su entorno.

Es muy importante detectar los trastornos lo antes posible y ponerlos en manos de especialistas (neurólogo, psicólogo) ya que exige un tratamiento específico para cada caso (psicológico y/o farmacológico) y durante mucho tiempo.