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Teletrabajo: ¿Debemos adaptar nuestra alimentación?


La pandemia ha modificado muchos hábitos de nuestra vida. Uno de ellos es, sin duda, la forma de relacionarnos con nuestro entorno y actividad laboral. El teletrabajo se ha establecido en muchas empresas como una manera eficaz y eficiente de estructurar los turnos y la actividad laboral.

Con la puesta en marcha masificada de esta práctica, se ha comprobado que, en la mayoría de los casos, el rendimiento del empleado es igual que cuando trabaja desde la misma oficina. Ahora bien, el teletrabajo también implica cambios en la rutina diaria. Si hablamos de las actividades, obviamente, existe una reducción de las mismas.

Es decir, el trabajador ya no tiene que desplazarse hasta su lugar de trabajo, ya no sube y baja las escaleras del metro, o no sale a hacer el café de media mañana con los compañeros de la oficina.

Si entramos en el terreno de la nutrición, este tipo de actividades diarias se engloba dentro de un concepto específico. El NEAT (Non exercise activity thermogenesis) es el gasto calórico que hace nuestro cuerpo al realizar actividades del día a día, como caminar, subir escaleras, ir a comprar, limpiar, etcétera.

Con el teletrabajo estas acciones se reducen y ahí está el quid de la cuestión. Si, en consecuencia, nuestro gasto calórico disminuye, ¿debemos adaptar nuestra dieta?

Para resolver esta duda, en Hogarmania hemos consultado con la nutricionista Sara Sánchez, propietaria de una consulta de nutrición online, www.nutritionpills.es, y divulgadora de contenido sobre nutrición a través de la cuenta @nutritionpills, en Instagram.

Cambios en nuestro estilo de vida

La nutricionista tiene claro que, si se producen cambios en la rutina diaria, nuestra alimentación se debería adaptar a ellos. "Uno de los principales problemas del teletrabajo es el sedentarismo. Si la actividad que desempeñamos se puede hacer delante de un ordenador, lo más probable es que pasemos una buena parte del día sentados."

"A menos que adquiramos el hábito de levantarnos cada cierto tiempo", continúa, "tengamos una mesa que nos permita trabajar de pie o hagamos algún tipo de ejercicio físico, nuestra cantidad y calidad de músculo va a disminuir."

Comer entre horas

Además, se suma el hándicap de los antojos. Cuando trabajamos desde casa sabemos todo lo que tenemos en la despensa y, por lo tanto, cualquier tipo de alimento que nos apetezca es mucho más accesible.

"En este punto desaparece uno de los muros invisibles del teletrabajo: la disponibilidad. Tener la casa repleta de snacks disponibles las 24 horas del día puede traducirse en un picoteo constante." Para nuestro sistema digestivo, esto implica un trabajo sin interrupción y un aumento innecesario de ingestas.

Teletrabajo: ¿Debemos adaptar nuestra alimentación?

Por contra, "nuestro intestino se beneficia de periodos sin ingesta", aclara Sara Sánchez. "Cuando no permitimos periodos entre comidas, modificamos el tipo de bacterias que viven en el intestino y éstas generarán inflamación."

Además, acostumbramos a recurrir a productos ultraprocesados, "que son extremadamente palatables". Es decir, están diseñados para tener un gran sabor, casi adictivo, lo que provoca, según Sánchez, "una ingesta inconsciente''.

Entonces, ¿cómo debemos alimentarnos si teletrabajamos?

La nutricionista señala que las pautas alimenticias deben adaptarse a cada caso particular, pero que a grandes rasgos:

"Interesa incluir alimentos que nos aporten fibra, vitaminas y minerales, como las verduras, hortalizas o las frutas."

"Incluir proteína de origen animal o vegetal en cada comida, como por ejemplo pescados, carnes, huevos o legumbres."

"También alimentos ricos en grasas de buena calidad, como los frutos secos, el aceite de oliva virgen extra, aguacate, el salmón o las sardinas."

"Respecto a los hidratos de carbono, priorizar los que sean integrales y que su consumo vaya acorde en función de la actividad física diaria."

Todos estos alimentos son nutritivos y hacen que las ingestas sean más saciantes. Por lo tanto, reducen la necesidad de picar entre horas.

Picoteo rico en nutrientes

Si aun así, nuestras ganas de picotear mientras teletrabajamos son incontrolables y nos llevan hasta la despensa, Sara Sánchez recomienda, antes que nada, "escuchar las señales de hambre y saciedad que nos manda el cuerpo. De esta manera, podremos identificar si realmente tenemos hambre o si estamos canalizando nuestras emociones, como el estrés, el cansancio o el aburrimiento con la comida."

Si después de tomar conciencia decidimos que queremos comer algo, los alimentos saciantes y nutritivos son la mejor opción: "Frutas de temporada o crudités de vegetales, yogur natural o vegetal, frutos secos, o chocolate negro (>85%), por ejemplo." De todos modos, hay que recordar que consumir snacks procesados de manera puntual también es saludable, psicológicamente hablando.

A veces, la angustia por estar restringiendo mucho una determinada comida puede tener consecuencias peores sobre nuestra salud, que el hecho de consumirla. Como apunta la nutricionista, "es tan solo un factor aislado que no define nuestra alimentación. No existe la alimentación perfecta."

Alimentación sin obsesión

Cuando hablamos de "dietas" o de "pautas alimentarias", con frecuencia podemos caer en patrones estrictos y restrictivos. Por esta razón, es importante matizar que el hecho de teletrabajar no debe traducirse en un hipercontrol de lo que estamos consumiendo a cada momento.

"El teletrabajo no tiene por qué condicionar nuestra relación con la comida", explica Sara, pero sí que debemos intentar adaptar nuestros hábitos alimenticios a nuestra rutina diaria. "Aprender a comer saludable no debería ser un camino de sufrimiento, sino todo lo contrario: de estar tranquila con una misma, de disfrutarlo y de saber que estamos cuidando nuestro cuerpo y mente", concluye.

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