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Zonas de cultivo del arroz en España

El cultivo del arroz en España comenzó en torno al siglo VII. Pero, ¿en qué zonas se cultiva? ¿qué procesos se siguen? Os lo contamos.

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En nuestro territorio hay diferentes zonas clave que son idóneas para el cultivo del arroz, localizadas en Aragón, Delta del Ebro, Valencia, Sevilla y Badajoz.

Y para dar más detalles diremos que en las tres primeras zonas mencionadas con anterioridad el cultivo preferente del arroz es el conocido como “japónica”, mientras que en las otras dos zonas preferentemente se cultiva la variedad “índica”.

¿En qué zonas de España se cultiva el arroz?:

Aragón:

En esta zona el arroz se cultiva entre 300 y 500 metros sobre el nivel del mar con agua muy fría proveniente del deshielo de la nieve del Pirineo y en unas condiciones muy duras para el cultivo en la época estival. Podemos indicar que la productividad en campo es muy baja (4.000/5.000 kg por hectárea). En su beneficio cabe destacar que la calidad del grano es muy alta en gran medida por la pureza de las aguas de riego, una maduración lenta, las bajas temperaturas y la escasa presencia de fungicidas. Los costes de producción, las condiciones climáticas y los bajos precios que obtiene el agricultor han provocado un descenso del 60% de la superficie de cultivo.

Delta del Ebro:

En torno a un 65% de la superficie del Delta del Ebro se dedica al cultivo del arroz. El periodo de crecimiento de la planta se extiende desde abril hasta septiembre y se necesitan unas condiciones de inundación de agua dulce durante este tiempo. Entendemos el cuadro como la unidad básica de cultivo, separada de las demás por un margen conocido como cordón.

La entrada de agua se produce por la bocana y sale por el polo opuesto de dicha parcela, circulando de forma permanente durante el periodo de crecimiento de la planta en cuestión.

Finalmente, los desagües expulsan las aguas al mar abierto o bahías. Aunque hay que tener un detalle en cuenta en este proceso: el ser humano es el elemento clave a la hora de regular este sistema de plantación.

Cultivo del arroz en el Delta del Ebro. Cultivo de arroz en el Delta del Ebro.

Valencia:

Esta tierra rica es considerada como la cuna del cultivo del arroz en España. En sus inicios, la plantación se situó en zonas pantanosas y fértiles próximas a la Albufera (núcleo principal e histórico del arroz valenciano). Con el paso de los años, la superficie de la Albufera descendió hasta menos de 3.000 hectáreas. El factor determinante hoy en día para la plantación del arroz es que solamente se produzca en las zonas pantanosas que no permitan bajo ningún concepto otra labor agrícola. Todo esto, siempre regulado por el Ministerio de Agricultura de España.

Campos de arroz al amanecer en el parque natural de la Albufera, ValenciaCampos de arroz al amanecer en el parque natural de la Albufera, Valencia.

Badajoz:

Estamos ante la segunda productora de arroz del país, solamente superada por Andalucía. La producción de este cereal asciende a más de 150.000 toneladas en los últimos años. Esta cantidad, extrapolada a la superficie de terreno abarcaría un total de 21.636 hectáreas o lo que es lo mismo 7,02 toneladas por hectárea.

En cuanto a variedades, hablamos de dos tipos: índica y japónica, predominando la primera con un 32% de la producción nacional. Cabe reseñar que la comprobación del nivel de impurezas se realiza en muestras de 200 gramos cada una y que el nivel óptimo de humedad a la hora de secarlo se sitúa entre los 18 y 22 grados.

Sevilla:

Diversas fuentes consultadas indican que Andalucía es la región española con una mayor producción de arroz. Un total del 42% del territorio nacional y un 10% a nivel europeo. El sistema productivo es integrado. Una práctica habitual y asentada en este cultivo que define al arrozal andaluz: abarca el 90% de la superficie total, más de 37.000 hectáreas.

Las siembras han discurrido con normalidad los últimos años, sin contratiempos. La incidencia por plagas y enfermedades ha sido baja, aunque sí es cierto que la elevada salinidad de agua de riego durante esta campaña ha influido en la merma de la producción. Tras la siega, se realiza la labor de fangueo y, previamente, la quema del rastrojo con el fin de reducir las enfermedades y semillas de malas hierbas.

Tras el fangueo la normativa de ayudas medioambientales obliga a mantener inundados los arrozales durante un periodo de tiempo previamente establecido. De esta forma se disminuye la cantidad de hierba que saldrá al año siguiente, con lo que el control de los mismos será mejor y más rápido de cara a preparar la siguiente siembra.

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