Donuts con aroma de naranja y glaseado de azúcar

Donuts con aroma de naranja y glaseado de azúcar
Unas rosquillas tiernas y muy ricas que aguantan muy bien un par de días. Están hechas a mano (sin cortadores), así que si te gusta trabajar con masas, te animo a prepararlas en casa. ¿Preparados para pasar un día redondo? ¡Vamos allá!
Ingredientes

Ingredientes para 9 unidades: 

Pre-fermento: 

  • 100 gr. de harina de repostería (W200)
  • 100 ml. de leche entera 
  • 1 y 1/2 cucharadita (1 ml.) de levadura seca de panadero
  • 1 cucharadita de (5 ml.) de miel

Para la masa: 

  • 100 ml. de harina de repostería
  • 25 gr. de queso crema
  • 25 gr. de huevo batido
  • 20 gr. de azúcar blanca
  • 15 gr. de mantequilla
  • 3 cucharaditas (1 ml.) de sal
  • 1 cucharadita (5 ml.) de aroma de naranja
  • la punta de un cuchillo de nuez moscada 
  • el pre-fermento

Para el glaseado: 

  • 100 gr. de azúcar glasé 
  • 40 gr. de mantequilla sin sal 
  • 40 ml. de leche entera (ajustar la cantidad según el espesor que se desee) 
  • 2 cucharadas (15 ml.) de miel 
  • 2 cucharaditas (5 ml.) de aroma de naranja
Elaboración
Para el pre-fermento:
Echar la harina, la levadura y la miel en un bol amplio. Templar la leche (no más de 50º) y mezclar con el resto de ingredientes. Tapar con un paño y dejar reposar 30 minutos.





Para la masa:
Echar en un bol la harina, el huevo, el queso, aroma de vainilla, nuez moscada, sal y el pre-fermento. Mezclar hasta que se integren todos los ingredientes (yo lo hice con el robot de cocina, pero si no tenéis os gusta pringaros mucho la manos, podéis hacerlo con éstas o con una pala de silicona). La masa es bastante pegajosa. Dejar reposar 15 minutos.

Volver a amasar 10 minutos y añadir la mantequilla. Amasar sólo hasta que se integre y pasar la masa a la encimera engrasada ligeramente con aceite. Hacer una bola con ella y meter en un bol (también engrasado con aceite).
Dejar reposar 1 hora y media o 2 horas tapada con un paño hasta que doble su volumen. Después, pesar la masa y dividir en 9 bolas iguales (de 40 gr. aproximadamente). Dejar reposar sobre la encimera tapadas con un paño durante 30 minutos.
Ahora haremos las rosquillas:
Estirar con un rodillo la bolita de masa de forma rectangular (es importante que para manejar esta masa tengamos las manos y la mesa de trabajo ligeramente engrasada con aceite). Cortar una tira fina de uno de los lados y posar en el lado contrario. Comenzar a enrollar la masa desde ese lado hasta el final y pellizcar la unión (para que nos se abran).

Rodar con nuestras manos con suave cuidado (para disimular esta raya de unión) e intentar a la vez que la masa se estire para que se haga más larga (de esta manera el agujero de la rosquilla será más grande). Aplastar uno de los lados (para abrazarlo con el otro extremo).

Con nuestras manos intentar disimular de nuevo esta unión y dejar la rosquilla sobre un trozo cuadrado de papel de hornear. Puede que os parezcan pequeñitas pero luego al doblar su volumen queda un tamaño normal. Por ello, hay que dejar un buen espacio para el agujero del centro. Si lo hacemos pequeñito, puede que después del reposo, éste desaparezca por completo. Si os pasa, con la punta de un cuchillo y muy despacio, lo podéis volver a abrir.
Una vez que hagamos este proceso con el resto de rosquillas, las taparemos y las dejaremos que doblen su volumen durante 1 o 2 horas. Si queréis acelerar el proceso podéis precalentar el horno a 50º, apagar y luego meter la masa. Esto hará que suba en 1 hora como mucho.

Calentar el aceite en una sartén (ya sabéis, ni muy caliente ni muy frío, en mi placa del 1 al 9 lo puse al 7) y con ayuda del papel del horno transportar la rosquilla a la sartén. Cuando empiece a freír, el papel se despegará muy fácilmente. Dejar dorar por cada lado y servir sobre papel de que cocina para que absorba el aceite que tenga. Por último, pasarlas a una rejilla.

Para el glaseado:
Echar en un bol el azúcar, aroma de naranja, miel y mantequilla fundida. Mezclar todo (no os preocupéis porque os quedará una masa como las migas). Ahora poco a poco, echar la leche (si es templada mejor) y remover la mezcla con una cuchara hasta encontrar el espesor deseado para el glaseado.

Bañar las rosquillas y dejar sobre la rejilla hasta que el glaseado se seque (aunque como sabéis, siempre queda un poco pringosa al tacto, por eso se dice que están para chuparse los dedos). Y ya solo nos queda... ¡Disfrutar de ellas!
¿Quieres una?