Tarta de fresones con queso Mascarpone

Tarta de fresones con queso Mascarpone
Ideal para San Valentín. Es muy jugosa y está llena de texturas: bizcocho almibarado, fresones frescos, compota de fresones y crema de Mascarpone.
Ingredientes

Ingredientes

- Para la compota de fresones

  • Fresones - 500 g
  • Azúcar moreno - 2 cdas colmadas
  • Zumo de medio limón

- Para el bizcocho

  • Huevos L - 3 uds
  • Azúcar - 90 g
  • Harina - 90 g

- Para el almíbar

  • Agua - 150 ml
  • Azúcar - 150 g

- Para la crema de mascarpone

  • Queso mascarpone - 250 g
  • Nata para montar - 200 g
  • Azúcar glace - 150 g

- Para la decoración

  • Almíbar - El sobrante de empapar los bizcochos (colado)
  • Hojas de gelatina - 1 ud
  • Fresones - 18 uds aprox. (400 g aprox.)

Elaboración

Preparamos todos los ingredientes para que se atemperen a la temperatura ambiente, excepto la nata y el queso mascarpone, que conservaremos en la nevera.

Lavamos todos los fresones en abundante agua fría y los secamos bien con papel absorbente. Separamos aquellos que vayamos a utilizar como adorno, seleccionando los que sean más iguales. Puedes utilizar la base del molde del bizcocho para calcular los que necesitas. Reservamos también 2-3 fresones para utilizar en la primera capa de relleno. El resto los troceamos y los ponemos a cocer, a fuego medio, junto con el zumo de limón y el azúcar moreno. Cuando espese y siga habiendo trocitos visibles, retiramos la compota del fuego y reservamos a temperatura ambiente para que enfríe.

Encamisamos un molde de unos 20 cm de diámetro, engrasándolo con mantequilla y espolvoreándolo ligeramente con harina. Precalentamos el horno a 180 ºC, con el calor arriba y abajo y la rejilla colocada un poco por debajo de la mitad del horno.

Batimos los huevos junto con el azúcar, hasta que tripliquen su volumen y formen una crema espumosa blanquecina. Añadimos la harina tamizada con una lengua y movimientos envolventes. Vertemos la masa en el molde encamisado y alisamos la superficie. Cocemos en el horno unos 15-20 minutos o hasta que al pincharlo con un palillo, éste salga limpio. Una vez horneado, desmoldamos el bizcocho en caliente y lo ponemos a enfriar, boca abajo, sobre una rejilla.

En un cazo, mezclamos el agua con el azúcar para hacer el almíbar. Lo ponemos al fuego y una vez que comience a hervir, lo dejamos cociendo 4-5 minutos para que coja un poco de punto. Reservamos a temperatura ambiente para que enfríe.

En un bol, mezclamos el Mascarpone con el azúcar. Añadimos la nata líquida y mezclamos bien. Batimos enérgicamente hasta conseguir una crema consistente. Reservamos en la nevera hasta utilizarla.

Dividimos el bizcocho en 3 capas.

Colocamos la rebanada inferior sobre un plato decorativo y la empapamos generosamente con almíbar. Extendemos la mitad de la crema de mascarpone y distribuimos unos pedacitos de fresones frescos (los 2-3 que habíamos reservado). Ponemos otra capa de bizcocho y almibaramos. Extendemos la compota de fresones. Rematamos con otra capa de bizcocho, la empapamos en almíbar y cubrimos con el resto de la crema.

Para decorar la tarta, distribuimos los fresones por toda la superficie. Hidratamos la hoja de gelatina y la disolvemos en el almíbar que nos haya sobrado, bien colado y templado (para que se pueda disolver la hoja). Cuando la mezcla esté fría y tenga un poco de cuerpo, pintamos los fresones para aportarles más brillo.

Como lleva nata y queso hay que conservar la tarta en la nevera. Os recomiendo que la hagáis de un día para otro, porque después de un par de días todos los sabores están más unidos y los bizcochos más hidratados. Para poder apreciar su sabor al máximo, es mejor que la saquéis de la nevera un ratito antes de consumirla.