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Dieta sana

¿Qué es el kéfir y para qué sirve?


¿Has escuchado hablar del kéfir? Es, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), leche fermentada y ligeramente alcoholizada obtenida a partir de bacterias y levaduras.

Un alimento considerado como probiótico que tiene numerosos beneficios para el organismo. Vemos cuáles son sus propiedades, contraindicaciones, cómo hacer kéfir casero y cómo conservarlo. ¡Toma nota!

El kéfir es un hongo curativo de apariencia similar a la coliflor y al yogur que, según la Organización de Consumidores y Usuarios, popularmente conocida como la OMS, es leche fermentada y ligeramente alcoholizada, obtenida a partir de bacterias y levaduras.

Se trata de un alimento que puede ser de tres tipos: de leche, té o agua. El kéfir de leche es el más común, se nutre de ella y la fermenta, trasformando la lactosa en ácido láctico. El resultado es una bebida ácida parecida al yogur y cuenta con excelentes propiedades digestivas, de las que hablaremos a lo largo de este artículo. El kéfir de agua es similar a una limonada y el kéfir de té como una bebida de hierbas.

Imagen de una cucharada de kéfir junto a un vaso.Considerado como un probiótico, los especialistas señalan que, cuando lo consumimos, el kéfir aporta microorganismos a nuestro organismo. Es más, hay quienes lo definen como microorganismos vivos en constante crecimiento.

Los nódulos que lo componen se parten por gemación hasta duplicar su tamaño, requiriendo mayor espacio y alimento. Entonces hay que separar un poco de la madre kéfir, un trozo que podremos ofrecer a otra persona para que lo cultive. Y es que la tradición del kéfir se transfiere de dueño a dueño. ¡No lo tires y regálalo!

¿Cuáles son las propiedades del kéfir?

Regenera la flora intestinal

Según hemos comentado, se puede decir que el kéfir está compuesto por microrganismos vivos en constante crecimiento. Esos probióticos compiten contra las bacterias del organismo previniendo así de putrefacciones intestinales y transformándolas en fermentación láctica. De ahí que se aconseje beber kéfir en tratamientos antibióticos.

Digestivo

Imagen de un conjunto de productos lácteos. El kéfir se nutre de la leche y la fermenta, transformando la lactosa en ácido láctico y descomponiéndose en nutrientes más simple. Lo que se traduce en que el kéfir es más digestivo que la leche e ideal para quienes tienen algún tipo de intolerancia a la lactosa.

Regula el tránsito intestinal

El kéfir suave es algo laxante. ¿Qué significa esto? Que mejora absorción y asimilación de los nutrientes y permite sintetizan componentes esenciales para el organismo como la vitamina K o vitaminas del grupo B. Además, el kéfir aumenta el valor biológico de las proteínas de la leche y es rico en calcio, fósforo y potasio. Y no solo eso, también reduce el riesgo de cáncer de colon.

Contraindicaciones del kéfir

Si bien es cierto que, tal y como hemos visto, el kéfir tiene numerosos beneficios, lo cierto es que, como ocurre con la gran mayoría de alimentos, hay casos en los que no está indicado su consumo o que deben moderarlo.

Una mujer se toca la tripa mientras sostiene un vaso de leche en la mano. Un colectivo que debe moderar su consumo son los intolerantes a la lactosa. Si bien, durante la fermentación, se reduce notablemente este tipo de azúcar, lo cierto es que, para evitar molestias digestivas, se debe consumir con moderación.

Aquellas personas que tengan el estómago sensible también deben moderar su consumo. Aunque el kéfir aporta beneficios para el funcionamiento del sistema digestivo, aquellas personas que tengan el intestino o el estómago más delicados deben moderar y controlar su consumo, pues un consumo excesivo puede dar lugar a diarrea, dolor o inflamaciones.

Las personas inmunodeprimidas, que toman anticoagulantes o personas con sensibilidad a las levaduras también deben moderar su consumo.

En cualquier caso, desde Hogarmania te recomendamos que, para cualquier duda que te surja, no dudes en consultar a tu médico de cabecera o profesional especialista.

Cómo hacer kéfir casero

Para hacer kéfir de leche casero, lo primero que tenemos que hacer es, en un recipiente de cristal de un litro con cierre hermético, verter 3/4 de litro de leche de vaca o cabra (mejor fresca) a temperatura ambiental (no más de 35º para no alterar las levaduras y bacterias del kéfir) y 2-3 cucharadas de nódulos de kéfir. Si prefieres hacer kéfir de agua sustituye la leche por la misma cantidad de agua.

Imagen de un tarro de cristal con kéfir en su interior.Deja reposar la mezcla para que fermente y espera 24 horas antes de colar si quieres un kéfir suave (laxante) y 36 horas si lo prefieres más fermentado (efecto astringente).

Una vez ha pasado este periodo de tiempo, colamos los nódulos de kéfir y retiramos el líquido resultante para beber. Después de colar, metemos de nuevo los nódulos en la botella para agregar más leche y volver a cultivar.

Evita que los materiales en contacto con el kéfir sean de aluminio, porque el ácido del kéfir puede hacer que transfiera las partículas nocivas de aluminio al alimento. Mejor, recipiente de vidrio y colador de plástico.

Lavamos el hongo y el recipiente con agua mineral tibia una vez por semana, deja el kéfir sumergido en agua mineral 12 horas. Si hay algún nódulo que amarillea, retíralo.

¿Cómo se puede conservar el kéfir?

Una vez ya hemos preparado el kéfir de leche, nos lo bebemos lo antes posible. Eso sí, mejor en crudo y sin hervir para aprovechar sus propiedades. Puedes endulzarlo con miel o azúcar o preparar un batido con frutas.

Si no lo vas a acabar en el día, consérvalo en la nevera. Si vas a estar fuera 3-4 días... Se puede dejar en leche o agua con azúcar en la nevera.

Si vas a estar fuera meses... Escurre el kéfir, sécalo y congélalo. Aguanta meses, después hay que descongelarlo poco a poco en la nevera y rehidratarlo con agua mineral con azúcar unos días antes de volver a cultivarla.

Cómo comer kéfir

Imagen de bol de kéfir con arándanos. Al ser similar al yogur en cuanto a apariencia y utilidad, el kéfir suele acompañarse con cereales, semillas y/o fruta. Por ejemplo, para desayunar os proponemos un bol con kéfir, fresas, avena y semillas de chía.

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