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Autismo y síndrome de asperger, ¿en qué se diferencian?

Autismo y síndrome de asperger, ¿en qué se diferencian?

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Autismo y síndrome de Asperger son dos trastornos del neurodesarrollo, en cuyo origen convergen factores geneticos/constitucionales y otros relacionados con el ambiente.

Ambos comparten algunas características clínicas y por ello actualmente se engloban dentro de los trastornos del espectro autista desde la última edición del DSM, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. A pesar de estas similitudes se trata de patologías diferenciables, con evolución y pronóstico divergentes.

El síndrome de Asperger es también conocido como autismo de alto rendimiento, dado que quienes lo padecen no presentan graves alteraciones en las habilidades cognitivas. En ocasiones incluso cuentan con capacidades superiores a la media en algunas aptitudes y pueden ser precoces para leer o en campos como las matemáticas, los juegos constructivos o la memoria. En el caso del autismo el retraso en las habilidades cognitivas sí está presente desde la infancia y suele ser uno de los elementos que facilita un diagnóstico temprano.

En el autismo típico resulta afectada de forma característica la adquisición y el desarrollo del lenguaje, lo cual marca otra diferencia respecto a quienes presentan síndrome de Asperger, ya que en este caso el desarrollo del lenguaje tiende a ser precoz, incluso presentan una amplia riqueza semántica. Pese a ello, el uso que hacen del mismo es muy literal, dificultando la comunicación.

Las personas con síndrome de Asperger presentan menos limitaciones en su autonomía que en los casos de autismo típico. De hecho, pueden llegar a llevar una vida independiente y autosuficiente y ser muy competentes en aquellas áreas que atraigan su atención. El interés obsesivo y limitado a áreas muy concretas es precisamente una de las características que comparten ambos trastornos. En el caso de los afectados por síndrome de Asperger por otro lado esa restricción en su intereses puede convertirse en una fortaleza que permita su desarrollo vocacional y profesional.

Autismo y síndrome de asperger, ¿en qué se diferencian?

La dificultad para socializar, con tendencia al retraimiento, es una de las características más conocidas de los trastornos del espectro autista. En el caso del síndrome de Asperger la tendencia al aislamiento y el desinterés por el entorno desde la infancia no es tan acusada. Pero la dificultad para interpretar los sentimientos e intenciones de quienes les rodean hace difícil el encuentro con el otro.

En cualquier caso, al igual que no existen dos personas iguales, no hay dos casos de autismo ni de Asperger iguales. Cada paciente presenta una sintomatología y una evolución diferente y debe ser tratado de forma individualizada.

Carla Merino
Psicóloga de IMQ-AMSA