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Cómo empezar a hacer mindfulness en casa

Cómo empezar a hacer mindfulness en casa

Una práctica muy útil, que se ha popularizado en los últimos tiempos, para alcanzar el bienestar tanto en el plano emocional, como en el físico y mental.

Controlar la respiración y centrarse en uno mismo a nivel físico son dos de las claves en las que hay que centrarse para iniciarse en esta práctica.

El Mindfulness, también conocido como Atención Plena, es una práctica muy útil, que se ha popularizado en los últimos tiempos, para alcanzar el bienestar tanto en el plano emocional, como en el físico y mental. En este artículo se ofrecen claves y consejos para practicar Mindfulness en casa e irlos aplicando a muchas de las situaciones que aparecen en el día a día.

El mindfulness se fundamenta en la meditación Vipassana, que se ha practicado durante milenios en Asia, que se basa en la gestión de la atención y los procesos físicos que la acompañan. Se desarrolla como una herramienta para centrarse en el momento actual y vivir las experiencias presentes desde una perspectiva neutral. Esta forma de ver la vida sin juzgar hace que implicación emocional de las preocupaciones y obsesiones se debilite, con lo que se aumenta en calidad de vida, haciendo que la experiencia cotidiana se disfrute.

La Atención Plena es una práctica muy beneficiosa a la hora de combatir el estrés y afrontar el dolor, aunque tienen muchas otras aplicaciones no sujetas a un ámbito clínico. Su práctica regular mejora el estado de bienestar y la armonía con el entorno, creando una unión cuerpo mente fuerte y poderosa.

Cómo practicar Mindfulness

El Mindfulness se puede practicar en una gran cantidad de situaciones, ya que no existe una sola forma de hacerlo. Sin embargo, en este artículo se van a dar una serie de consejos de cómo se practica el mindfulness en casa.

Elegir un espacio tranquilo

La base de una buena práctica del Mindfulness, especialmente en las primeras etapas cuando no se domina esta técnica, es elegir un entorno apropiado que haga fácil el procedimiento, libre de distracciones, sin ruidos.

Debe ser un lugar armonioso, preferiblemente con naturaleza y vegetación, por lo que si se practica en el interior del hogar es una buena idea colocar plantas. En caso de llevarlo a cabo en una habitación, es importante que el espacio esté ordenado, con colchas y cortinas a juego que no rompan el equilibrio y colores neutros que faciliten la concentración.

Crear un espacio seguro y agradable hará que sea más fácil olvidarse de las obligaciones, las responsabilidades o cualquier situación de estrés para focalizar la atención plena que trabaja el mindfulness.

Sentarse con la espalda recta

Si el espacio es importante, no lo es menos encontrar la postura correcta. Algunas personas practican Mindfulness en la posición del loto, como los monjes budistas, aunque no es obligatorio. Sí es recomendable sentarse con la espalda recta, de manera que al cabo de un breve espacio de tiempo no empiecen a molestar las tensiones musculares.

Controlar la respiración

Los ejercicios de mindfulness en las fases iniciales se basan en el control de la respiración, aunque más adelante pueda ser prescindible. Las respiraciones hondas y pausadas ayudan a oxigenar el cuerpo y a relajarse al tiempo que permiten empezar a focalizar la atención en algo concreto de forma prolongada.

Centrarse en uno mismo a nivel físico

En primer lugar, se deben cerrar los ojos y enfocar la atención en pequeños detalles que ocurren en el propio cuerpo; las palpitaciones que se sienten en el cuello, cómo los ojos se mueven involuntariamente dentro de las cuencas… el tiempo aproximado de dedicación a estos pequeños detalles es de 6 minutos, aunque cada cual puede tomarse el tiempo que prefiera.

Con este ejercicio se pone el foco atencional en estímulos simples, sin que ese momento haya otra cosa en el mundo a la que prestarle atención, por muy importante o urgente que pudiera parecer antes de empezar este ejercicio de atención plena.

Ampliar el foco

Una vez que el practicante de mindfulness se ha concentrado en las pequeñas cosas, llega la hora de dirigir el foco de atención a los estímulos corporales de experiencias vitales que tengan un carácter más abstracto. Se ha de pensar en ellas desde la posición de alguien no implicado, como lo haría una persona que no tiene nada que ver con esos asuntos. No se debe caer en el error de juzgar, valorar, solo se piensa en los hechos describiéndolos, aceptando que forman parte de una realidad.

A esta etapa cada individuo le debe dedicar el tiempo que le corresponda en función del grado de importancia que hayan tenido esas experiencias en su vida, en relación a que nivel de preocupación han llegado a ocasionar… Esta es la parte más esencial del Mindfulness, la que ayuda a afrontar vivencias con que han tenido una amplia repercusión en la vida de cada persona.

Vuelta al principio

Una vez que se han analizado esas situaciones que han generado estrés de una manera más distante, sin ese exceso de implicaciones emocionales, es hora de volver a la respiración controlada con al que se comenzaba este ejercicio. Es la fase final del ejercicio de mindfulness con la que se consigue terminar con la experiencia de forma relajada.

Estos ejercicios basados en el Mindfulness tienen como resultado una regulación de las emociones que se pueden aplicar a todos los ámbitos de la vida diaria.

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