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Cómo afectan las discusiones de los padres a los hijos

Cómo afectan las discusiones de los padres a los hijos

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Los hijos sufren en silencia cuando sus padres discuten ya que los niños saben interpretar y leer nuestro mapa emocional mejor que nosotros.

Querido diario:

Estoy otra vez como estos días. Mis padres han vuelto a discutir. Se pelean, se enfadan, se lanzan granadas, se reprochan... Y yo... las esquivo como puedo. No sé hasta cuándo durará esto. Dicen lo mismo pero no se entienden. Parece que sólo les entiendo yo. Pero ¿ellos me entienden a mí? ¿Entienden mi dolor, mi angustia y mi preocupación cada vez que no se quieren?

Me dicen "tranquilo, esto no va contigo" pero claro que va. Yo vivo aquí, con ellos. ¿Acaso se les olvida? ¿Acaso no ven que no es lo mismo cenar disfrutando de la compañía que viendo un partido de "tenis" en directo o diferido? Yo me entero de todo. Veo sus ojos llorosos, sus malas caras, su dolor, su "no mirarse a la cara" y la incertidumbre de qué pasará conmigo sobre vuela "mi nido" a cada rato.

Espero poder contarte algo mejor mañana. Hoy no puedo. Sé que tú me entiendes.

Discusiones de padres

¿Cómo afectan las discusiones de los padres a los hijos?

Los hijos sufren en silencio cuando ven a sus padres discutir. Entender que las dos personas que más quieres se enfrentan no es fácil y pretender que sean observadores pasivos y que lo que ven no les afecte no es posible. En la educación de los niños todo cuenta. Cuenta cara mirada, cada sonrisa, cada presencia y cada ausencia.

Los niños saben interpretar y "leer" nuestro mapa emocional mejor que nosotros mismos. Intuyen cada golpe de dolor, cada preocupación y cada gesto que daña. Somos tan importantes para ellos que compartimos "puerto" y compartimos "mareas". Esto significa que si uno se hunde, el otro de forma inevitable traga "agua".

Un trago de agua o discusión puntual se puede reparar, se puede recomponer. Pero un niño que está expuesto a dosis diarias de un "agua" que no debería de tocar ni de beber es un niño al que se le daña, al que se le agrede, al que la parte afectiva y segura no le sujeta como debe y no le da la seguridad que necesita.

Enfados familiares

¿Qué podemos hacer?

Nos lo cuentan nuestros compañeros del blog Educación Emocional.

Entender que "si tocas a tu pareja, le tocas a él" puede ayudar a interiorizar que cuando estés en puertas de iniciar una discusión, siempre es mejor posponerla que hacerla efectiva en presencia de tu hijo. Siempre es mejor responder "lo hablamos luego" que iniciar un diálogo de tensión en escalada en el que no se pueden medir ni controlar las repercusiones.

Un niño no puede entender que las dos personas que más quiere se hacen daño entre ellas. Si les ve sufrir, sufre con ellas y lo más probable es que trate de solucionar o de mediar en el conflicto, lo que le hace asumir una posición que no debería ejercer.

Hay conversaciones de adultos en las que los niños no deben participar porque el nivel de exposición no se puede separar, no se puede dividir. El sufrimiento va en "pack". No pienses que tener poca edad les inmuniza, es más bien todo lo contrario. A menos edad, más vulnerables y más probabilidad de daño emocional porque sus recursos personales y su nivel de madurez aún están en desarrollo.

Los niños necesitan estabilidad y necesitan que sus padres se quieran y estén unidos para sentirse seguros. Crear en ellos un conflicto de lealtades que les obliga a posicionarse y a elegir un "bando" y que dependiendo de con quién estoy, "debo darle la razón para que me acepte" implica un desgaste y una "gimnasia" emocional que no están preparados para asimilar sin dañar su inteligencia emocional.

Si ves una escena dura en la televisión, cambias de cadena, no le expones a ella. No le dejes ver en directo lo que no le dejarías ver en televisión. Establece un acuerdo con tu pareja en el que las conversaciones delicadas se trasladen a momentos en los que los niños no están presentes. Déjale que sea feliz. Le estarás dando educación emocional.