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Saber decir NO a nuestros hijos

Saber decir NO a nuestros hijos

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O por lo menos no pronunciar la palabra NO. En muchas ocasiones nos cuesta decir NO: a los amigos, la familia, en el trabajo y a los hijos.

En este último caso es muy importante ya que forma parte de la educación de los más pequeños y deben de saber aceptar un NO como respuesta. En el momento les puede frustrar pero con el tiempo lo agradecerán. No se puede decir a todo que sí.

Aunque podemos evitar decir la palabra NO y a la vez conseguir el efecto deseado. Por ejemplo, en vez de decir “NO pegues a tu hermano” se sustituye por “si le pegas a tu hermano no va a querer jugar contigo”; o “hoy no vamos a ir al parque” por “vamos a quedarnos en casa y jugamos al juego que te gusta”. Es lo que se conoce como la opción de decir NO pero de forma positiva.

Estamos acostumbrados a decir NO con lo que transmitimos un mensaje negativo continuamente a nuestros hijos. Tenemos que buscar el equilibrio entre el SÍ y el NO. Porque tampoco es aconsejable decir a todo SÍ ya que convertiremos a nuestro hijo en un pequeño tirano y se frustre cuando le digamos NO.

Decir a los niños NO de forma positiva sin decir la palabra NO es mucho más positivo y beneficioso para ellos ya que entenderán lo que les queremos decir mejor, tendrán una mayor autoestima, mejorarán sus habilidades, serán más autónomos y evitaremos gritos, enfados y pataletas.

Saber decir NO a nuestros hijos

Si abusamos del NO corremos el riesgo de que no nos hagan caso con lo que es recomendable guardarnos esa respuesta para un tema verdaderamente importante: cruzar la calle, asomarse por la ventana, correr con la bici o triciclo, etc. El NO reiterativo pierde eficacia pero es necesario para otorgar una buena educación a nuestros hijos sin llegar al autoritarismo o exceso de disciplina.

Las claves son las siguientes: en vez de decir NO (comer chucherías, ver la televisión, jugar debajo de la lluvia) sugerirle que puede hacer otra cosa; explicarle lo que puede suceder si hace lo que quiere para que no lo haga; posponer su petición para otro momento, sin olvidarnos de cumplir con la misma; y sobre todo, aclararle las normas que rigen en nuestro entorno familiar para anticiparnos a su respuesta.