Qué significan las fechas de caducidad y consumo preferente
Seguridad alimentaria
Entender la diferencia entre fecha de caducidad y de consumo preferente es fundamental.
Las fechas impresas en los envases parecen un detalle menor que incluso hay veces que ni siquiera miramos a la hora de comprar en el supermercado. Sin embargo, influyen directamente en dos problemas muy reales y tangibles: la seguridad alimentaria y el desperdicio de alimentos.
Muchas intoxicaciones se producen por ignorar una fecha de caducidad, tanto en nuestro hogar como en establecimientos, lo que hace que miles de personas requieran asistencia sanitaria cada año solo en nuestro país. A la vez toneladas de comida perfectamente apta de origen acaban en la basura por confundir un concepto con otro y por no saber optimizar correctamente la entrada y salida de alimentos de nuestra cocina.
Entender qué significa la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente no es una cuestión legal ni técnica: es una herramienta básica para tomar decisiones sensatas en la cocina, tanto en nuestra casa como en entornos profesionales. Por esto en este artículo te contamos todo lo que necesitas saber sobre esto y te damos algunos consejos muy útiles para evitar que la comida se te eche a perder. ¿Te interesa?
¿Qué diferencia hay entre fecha de caducidad y consumo preferente?
La fecha de caducidad indica un límite de seguridad. Marca hasta cuándo normalmente un alimento puede consumirse sin riesgo para la salud, por supuesto siempre que se haya conservado correctamente. Esto es importante porque mientras que debemos entender que una fecha posterior a la fecha de caducidad significa que el alimento no es apto para el consumo una fecha previa no significa automáticamente que sí que lo sea.
Una vez superada esa fecha, el producto no debe consumirse aunque huela bien o tenga buen aspecto. Aunque su uso es genérico en realidad se aplica a alimentos muy perecederos, donde el crecimiento de microorganismos peligrosos puede producirse rápidamente y sin señales visibles.
Por otro lado, el consumo preferente, el más común, es un indicador de calidad, no de seguridad. Señala hasta cuándo el fabricante garantiza que el producto mantiene intactas sus características de sabor, textura, aroma o valor nutricional. Pasada esa fecha, el alimento puede seguir siendo seguro, aunque ya no esté en su mejor momento.
La clave está en entender que una fecha protege la salud y la otra más bien orienta la experiencia de consumo. Tratarlas como equivalentes es el origen de muchos errores, sobre todo si consumimos un alimento caducado confundiendo la fecha de caducidad con la de consumo preferente.
Alimentos especialmente sensibles que no deben consumirse tras la fecha de caducidad
Como comentábamos los alimentos con fecha de caducidad son aquellos en los que el riesgo microbiológico es alto y rápido. Aquí destacan carnes frescas, pescados frescos, aves, carne picada, embutidos frescos, platos preparados refrigerados, productos listos para consumir, quesos frescos, leche pasteurizada una vez abierta y alimentos que contienen huevo crudo o poco cocinado. En resumidas cuentas productos de origen animal.
En estos productos, bacterias como Salmonella, Listeria o E. coli pueden multiplicarse incluso cuando el alimento parece normal. Recuerda que el buen olor, el buen sabor o el buen aspecto no son criterios fiables: que algo huela mal es un claro indicio de mal estado, pero un buen aspecto no lo es de buen estado. Un alimento puede no mostrar signos de deterioro y aun así ser peligroso.
Por eso con la fecha de caducidad no hay margen de interpretación: una vez superada, el alimento se desecha. Es más, te recomiendo que cuanto menos te acerques a la fecha de caducidad, mejor. La fecha de caducidad es una muy buena brújula cuando las condiciones de conservación son adecuadas, pero como esto a veces es difícil de asegurar es mejor no jugársela. Una temperatura del frigorífico ligeramente superior a la debida es suficiente para adelantar la fecha de caducidad de un producto. Esto es especialmente importante en personas vulnerables (embarazadas, niños pequeños, ancianos o personas inmunodeprimidas) para quienes una intoxicación puede tener consecuencias graves. Aquí, la prudencia no es exageración, es prevención. Y puede salvar vidas.
Alimentos más flexibles que suelen llevar consumo preferente
Por otro lado, el consumo preferente aparece en alimentos mucho más estables desde el punto de vista microbiológico. Ejemplos muy comunes son el arroz, pasta, legumbres secas, harinas, azúcar, sal, aceites, conservas, galletas, cereales, chocolate, café, especias, bebidas no refrigeradas, mermeladas, quesos curados y yogures, entre otros. En muchos casos además este consumo preferente es de años, ¡si te fijas hasta el agua lleva una fecha de consumo preferente por el plástico de las botellas!
En estos casos lo que ocurre con el tiempo no suele ser un riesgo sanitario, sino una pérdida gradual de calidad. El aceite puede enranciarse, el vino picarse, las galletas perder textura, el café aroma o el chocolate presentar una capa blanquecina por cristalización de grasas. Son cambios indeseables, pero no son peligrosos, aunque el alimento pueda sabernos mal por no estar acostumbrados a ese sabor no significa que nos vaya a enfermar.
Por eso, desechar automáticamente un alimento solo porque ha superado su consumo preferente es, en muchos casos, un desperdicio evitable, una manera de gastar recursos innecesarios que perjudica nuestro planeta y nuestra economía. La fecha no indica que el producto se haya estropeado, sino que ya no está en su punto óptimo según el fabricante.
¿Qué debemos tener en cuenta para decidir si un alimento con consumo preferente sigue estando bien?
Una vez que tenemos claro que con las fechas de caducidad no hay discusión posible nos damos cuenta de que el problema realmente surge con el consumo preferente. ¿Cuándo podemos comer un alimento pasado de esta fecha y cuando no? Ya que hay veces que una vez pasada esta fecha el alimento puede haber perdido calidad… y además no ser seguro. Aquí entra en juego el criterio. Lo primero es revisar el estado del envase, por ejemplo, latas hinchadas, tapas infladas, envases abombados, fugas, corrosión profunda o cierres rotos son señales claras de descarte inmediato, incluso aunque la fecha no haya vencido. Recuerda que el envase es la primera barrera de seguridad. El segundo factor es igual que lo que comentábamos en la fecha de caducidad: la fecha solo es válida si el alimento se ha guardado según las indicaciones del fabricante. Un producto estable puede deteriorarse antes si ha estado expuesto a calor, humedad, luz excesiva o contaminación.
Por último viene la evaluación sensorial, es decir, observar, oler y, cuando procede, probar una pequeña cantidad. Olores anómalos, sabores claramente desagradables, mohos no propios del alimento o texturas extrañas indican que el producto no está en buen estado, mientras que un ligero cambio, una pérdida leve de aroma, crujiente o intensidad no implica riesgo sanitario.
Obviamente, no todos los alimentos son iguales. Un arroz seco puede durar años más allá de su consumo preferente si se conserva bien, mientras que un yogur suele ser seguro solamente algunos días o semanas después y después ser perjudicar para la salud. Cada alimento tiene su lógica, pero como regla general cuanto menos delicada sea la conservación de un alimento (cuanta menos agua contenga, que no necesite estar en oscuridad y/o refrigerado…) más margen tendremos después de su fecha de consumo preferente.
Como has visto, confundir caducidad y consumo preferente tiene un doble impacto negativo. Por un lado, riesgos para la salud cuando se consume un alimento caducado creyendo que si no huele mal, no pasa nada. Por otro lado, un desperdicio alimentario masivo cuando se tiran productos seguros por miedo o desconocimiento. Gran parte del desperdicio doméstico se debe a esta confusión, pero por suerte tenemos una poderosa herramienta: aprender a interpretar correctamente las fechas. Simplemente, esto nos permite reducir residuos, ahorrar dinero y mejorar la relación con la comida sin poner en riesgo la salud. ¡Todo gracias a saber qué nos dice su envase!