Mitos y malos hábitos que echan a perder tu higiene cuando te lavas las manos

Toalla húmeda, móvil sin limpiar y otros fallos habituales. Repasamos cómo lavarnos bien las manos.

Lavarse las manos antes de cocinar es un hábito imprescindible. En la cocina, la higiene empieza en el grifo
Lavarse las manos antes de cocinar es un hábito imprescindible. En la cocina, la higiene empieza en el grifo

Mantener una buena higiene es fundamental para evitar enfermedades y protegernos de virus y bacterias. ¿Cuántas veces has oído esto a lo largo de tu vida?

Aun sabiéndolo de sobra, muchas veces nos quedamos sólo con la sensación de limpieza: un poco de agua, jabón que ni froto y listo. Pero sentirnos frescos no significa que estemos limpios, y ahí, querido lector, es donde nos engañamos a nosotros mismos.

Es como pensar que un caramelito de menta equivale a lavarse los dientes, o que echarse desodorante sirve de algo sin haberse duchado en dos días.

Con las manos, uno de los grandes focos de infecciones, pasa exactamente lo mismo.

Grosso modo, lavarse las manos consiste en eliminar los gérmenes (visibles e invisibles), con jabón y fricción. No con un mini-lavado de medio segundo.

Con motivo del Día Mundial del Lavado de Manos, que se celebra el 15 de octubre, repasamos qué hacemos mal y cómo corregirlo.

Las manos recogen suciedad todo el día

Piensa en todo lo que tocas desde que sales de casa hasta que llegas. El tirador del portal, los botones del metro, las barandillas, el teclado del ordenador, las escaleras mecánicas, la barra de la cafetería...

Hasta tu coche, por muy limpio que lo tengas, lo ensucias todos los días con tus manos. Todo esto acaba, tarte o temprano, en tu cara o en tu boca.

La propia OMS (Organización Mundial de la Salud) recuerda que lavarse las manos es una de las medidas más sencillas y eficaces para prevenir infecciones.

Lo peor, aparte de que no lo hacemos bien, es que no cuesta nada y, aún así, lo hacemos mal.

Durante el día nos exponemos a gérmenes sin darnos cuenta, por ejemplo al agarrarnos a una barra del metro
Durante el día nos exponemos a gérmenes sin darnos cuenta, por ejemplo al agarrarnos a una barra del metro

Vivimos con prisa, y las manos lo notan

Lo habitual es echarse agua, si acaso un pelín de jabón, dejar que corra, secarse en la ropa y salir. ¿Sabías que un buen lavado no lleva más de un minuto?

Según la OMS, un lavado bien hecho necesita entre 40 y 60 segundos. ¿No merecéis tú y tu salud ese minuto?

¡Ojo! Que aclararse mucho tampoco sirve de nada, la clave es enjabonarse bien. Es como lavarte el pelo con agua y un poco de champú sin llegar a enjabonarte. No queda limpio, ¿a que no? Pues con las manos igual.

Mitos del lavado de manos que conviene olvidar

  • "Con gel hidroalcohólico ya vale". Es un buen aliado, sí, pero cuando no tienes dónde lavarte y las manos no están visiblemente sucias. No sustituye a un buen lavado si están manchadas o grasientas. Además, abusar de él puede resecarte e irritarte la piel.
  • "A más olor, mayor limpieza". Error. No hacen falta jabones perfumados ni espumosos para lavarse bien. Lo que limpia, como ya hemos dicho, es el jabón y el frotado, nunca el perfume.
  • "Con agua caliente se limpia mejor". Tampoco. La temperatura no es lo importante. ¿Qué lo es? Sí, otra vez: el jabón y el frotado.

Lo que echa a perder un buen lavado

El móvil, el gran olvidado (en la limpieza)

Aunque no nos demos cuenta, el móvil acumula muchísima suciedad y no dejamos de tocarlo y llevárnoslo a la cara
Aunque no nos demos cuenta, el móvil acumula muchísima suciedad y no dejamos de tocarlo y llevárnoslo a la cara

Lo usamos a todas horas, lo apoyamos en mil superficies y en él se queda todo (absolutamente todo) lo que hemos tocado.

Aunque te laves bien las manos, si coges el móvil, vuelves a ensuciarte. Lo ideal sería limpiar y desinfectar el móvil a diario al llegar a casa, con un paño suave ligeramente humedecido en alcohol isopropílico al 70% (alcohol de limpieza), y lavarte bien las manos después.

La toalla

Secarse bien también forma parte de un buen lavado, y aquí tendemos a fallar más. Evita secarte en el pantalón o la camiseta, tampoco en el delantal, porque la ropa de la calle también ha rozado zonas con suciedad, y el delantal de casa te devuelve parte de la suciedad que acabas de limpiarte.

Lo ideal sería usar papel de un solo uso, como recomienda la OMS, o una toalla seca y limpia, nunca húmeda, porque la humedad favorece que se acumulen gérmenes.

Si usas toalla, cámbiala con frecuencia, pero no salgas nunca con las manos mojadas, ya que transmiten más gérmenes que las secas.

Debido a su uso, las toallas son propensas al moho y humedad
Debido a su uso, las toallas son propensas al moho y humedad

Las uñas y la cara

Si te muerdes las uñas, además de ser una costumbre dañina, te llevas directamente a la boca bacterias de un montón de superficies (y de personas).

Mantenlas limpias, cortas y cepíllalas con un cepillito para uñas. Evita tocarte la boca, los ojos y la nariz, y si estornudas o toses, cúbrete con el codo o con un pañuelo y lávate las manos después.

En casa y en la cocina, todavía más importante

Antes y después de manipular alimentos, lávate bien las manos, sobre todo si has tocado carne cruda, pescado o huevos.

Mantén limpios todos los objetos que acumulan bacterias en casa como el fregadero, la nevera o las balletas. Y también si has cogido el móvil, sacado la basura o tocado cualquier cosa que no sea lo que estás preparando.

Tampoco hace falta que te obsesiones y acabes como Leonardo DiCaprio en El Aviador, pero lávate bien las manos y mantén el móvil limpio. Tu salud te lo agradecerá.

Begoña Ocio

Begoña es periodista graduada por la UPV/EHU especializada en comunicación corporativa y marketing digital. Su experiencia en contenidos y comunicación cultural también la ha acercado a la gastronomía. Disfruta de la buena comida y descubrir nuevos sabores, y combina ese interés con la redacción en Hogarmanía.

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