¿Cuándo pasa una planta de especie resistente a problema?
Resistentes a todo
Conocer los riesgos de algunas especies resistentes o exóticas es fundamental para evitar problemas.
En jardinería solemos admirar las plantas resistentes, tanto que suele ser un requisito indispensable para comprar un ejemplar en el vivero, sobre todo si no tenemos todo el tiempo que nos gustaría para cuidar nuestro jardín. Solemos preferir aquellas que crecen rápido, aguantan sequía, no enferman fácilmente y colonizan cualquier rincón. Son prácticas, agradecidas y, a primera vista, perfectas para quien quiere un jardín sin complicaciones. El problema es que, en determinados contextos, esa resistencia deja de ser una virtud y se convierte en un riesgo para nuestro ecosistema. ¿El motivo? Mucha resistencia es el ingrediente perfecto para que aparezcan las plantas invasoras.
No todas las especies vigorosas son invasoras, ni toda planta exótica es un problema. Pero cuando una especie sale del control del jardín, se naturaliza en el entorno y empieza a desplazar a la flora local, la historia cambia. Lo que empezó como una solución ornamental puede convertirse en un desafío ecológico serio donde nosotros somos los protagonistas. ¿Quieres saber cómo disfrutar de la jardinería sin perjudicar tu ecosistema? ¡Te cuento todo lo que necesitas saber!
¿Qué define realmente a una planta invasora?
El término invasora no se refiere simplemente a una planta que crece mucho o que se escapa de su maceta, aunque muchas veces así comienzan los problemas. Por definición una planta invasora es aquella introducida fuera de su área natural de distribución que logra establecerse, reproducirse y expandirse tomando ventaja frente a otras autóctonas. Esto causa impactos ecológicos, económicos o sanitarios debidos, normalmente, al desplazamiento de otras especies propias de la zona o a un incremento de la presión en factores abióticos como el agua o el suelo. En resumen, el ecosistema no está preparado para soportar la presencia de esta nueva especie.
Aunque podríamos profundizar en más detalles que hacen a una planta ser invasora hay tres elementos clave que nos permite identificarlas rápidamente y que en general se resumen en lo siguiente: Es una especie no nativa en ese territorio que se reproduce y se dispersa con eficacia generando un impacto negativo medible. Si cumple todo esto, es una especie invasora.
No pienses que todas las plantas no nativas de un territorio se convierten en invasoras. Muchas plantas exóticas que decoran nuestros jardines viven décadas en ellos sin causar problemas, ¡no llegan a salir de nuestros muros! En realidad solo una pequeña fracción logra naturalizarse y, dentro de esas, aún menos se vuelven invasoras. La diferencia no está solo en la planta, sino en el ecosistema que la recibe. Todo importa.
¿Por qué algunas triunfan donde otras fracasan?
Las especies invasoras suelen compartir ciertos rasgos biológicos. En general crecen rápido, producen muchas semillas o se multiplican vegetativamente con facilidad, toleran condiciones ambientales variadas y, en muchos casos, llegan a este nuevo ecosistema… sin sus enemigos naturales (herbívoros, patógenos, competidores). Tienen un nuevo entorno por conquistar y, además, carecen de competencia. ¡Poco más les puede frenar!
Esto no es todo, y es que algunas también modifican el entorno a su favor. Pueden alterar la estructura del suelo, cambiar la disponibilidad de nutrientes o generar sombra intensa que dificulta el crecimiento de especies locales. No solo compiten, sino que reconfiguran el escenario. Esto hace que su efecto sobre la flora y fauna local no sea únicamente porque haya un nuevo jugador en la partida: cambian las normas del juego. Normalmente, las plantas propias de un ecosistema ha evolucionado para estar perfectamente adaptadas a unas condiciones, ya que su éxito siempre ha dependido de esto. El problema es que si cambian abruptamente no tienen tiempo de volver a adaptarse. Y ya sabes lo que decimos muchas veces… Todas las especies están a una sola generación de la extinción.
Impacto real en biodiversidad y suelos
El efecto más visible de la aparición de plantas invasoras es la reducción de la biodiversidad. Cuando una especie dominante comienza a formar poblaciones estables, densas y continuadas en las zonas más ricas en recursos desplaza a plantas autóctonas que cumplen funciones ecológicas específicas. Esto afecta irremediablemente a insectos, aves y otros organismos que dependen de la flora local, lo que puede alterar a todos los eslabones de la cadena trófica y al ecosistema en general.
Pero el impacto no se limita a lo visible ni afecta únicamente al ecosistema. No pienses que somos inmunes a los que pase en ellos porque vivimos en nuestra jungla de asfalto. Algunas plantas invasoras también alteran el ciclo de nutrientes y de agua del suelo, cambian la microbiota o modifican la estructura física del terreno, lo que tiene consecuencias en nuestro día a día. Imagina, por ejemplo, que una especie vegetal de rápido crecimiento, pero que no produce raíces profundas, acumula una gran cantidad de biomasa en terrenos no construidos de nuestras ciudades. Plantas no controladas que pueden causar accidentes en eventos climáticos, adversos, como las últimas ráfagas de viento que hemos sufrido. Otras, por ejemplo, aumentan el riesgo de incendios por la acumulación de biomasa seca.
En ecosistemas frágiles, como las riberas, dunas o las zonas húmedas, de especial interés y sensibilidad, estos cambios pueden ser profundos y difíciles de revertir. Lo que empezó como una planta decorativa puede terminar generando costes económicos y sociales en control, restauración y pérdida de servicios ecosistémicos. Muchas veces sin que podamos hacer nada para arreglarlo.
Errores comunes en jardinería doméstica
En muchos casos, por no decir en la inmensa mayoría de ellos, expansión de especies vegetales invasoras comienza en jardines privados. No por mala intención, sino por desconocimiento. Uno de los errores más habituales es plantar especies de crecimiento agresivo sin informarse sobre su comportamiento en la zona. Algunas trepadoras, gramíneas ornamentales o plantas acuáticas pueden escapar fácilmente mediante semillas o fragmentos, huyendo de nuestro jardín y colonizando nuestro alrededor. Mi consejo es que trates de evitar a toda costa la producción de frutos y semillas de especies no autóctonos. En el caso en el que lo hagas porque tiene un elevado valor ornamental asegúrate de desecharlas adecuadamente. Cada uno somos responsables del impacto que tienen nuestro jardín en el ecosistema.
Otro error frecuente es desechar restos de poda o plantas arrancadas en entornos naturales. Muchas invasoras se reproducen por fragmentación, por lo que puede ser sorprendente, pero un trozo de raíz o tallo puede ser suficiente para colonizar un nuevo espacio. También es común intercambiar esquejes o semillas sin considerar su potencial invasor. Lo que funciona bien en una maceta puede no ser inocuo si encuentra un ecosistema favorable. ¡Es nuestra responsabilidad!
¿Cómo podemos prevenirlo desde nuestra casa?
La prevención empieza por la información y puede ser tan sencillo como consultar listados oficiales de especies invasoras o potencialmente invasoras en tu región. Esto es un gesto sencillo que evita problemas futuros y que nos puede ayudar a evitar adquirir estas especie en nuestro vivero de confianza si no tenemos la seguridad de poder controlar su propagación.
Como ya sabemos elegir especies autóctonas o bien adaptadas al clima local reduce riesgos y, además, favorece la biodiversidad. Si se cultivan especies exóticas, conviene asegurarse de que no tengan historial invasor en climas similares. Una estupenda idea y, sobre todo, una opción muy realista cuando nuestro jardín ya cuenta con ejemplares potencialmente invasores es controlar la floración y evitar la dispersión de semillas en especies vigorosas es otra medida práctica. En plantas acuáticas o de ribera, la precaución debe ser aún mayor.
Por último, si detectas una especie que empieza a expandirse fuera de control, actuar pronto es clave. Las invasiones son más fáciles de gestionar en fases tempranas, no dudes en ponerte en contacto con las autoridades.
Como has visto, nuestra afición puede suponer un impacto sobre nuestro propio ecosistema. Esto hace que podamos ser parte del problema, pero también parte de la solución. El primer paso ya lo has hecho informándote sobre los riesgos y sobre cómo podemos ayudar a evitarlos. ¡Ahora solo es necesario ponernos mano a la obra!