Semillas dormidas: ¿por qué algunas no germinan aunque todo esté bien?
Resolvemos tus dudas
Muchas semillas están diseñadas para esperar, incluso cuando las condiciones parecen buenas.
Sembrar una semilla y esperar que brote parece uno de los gestos más simples de la jardinería. Muchos de nosotros nos iniciamos así en nuestra pasión, una semilla de tomate, una lenteja en la escuela…. Con esto y un poco de tierra, agua, algo de luz y paciencia, tenemos entretenimiento para rato. Sin embargo, cualquiera que haya intentado germinar semillas silvestres sabe que no siempre funciona así de fácil. Hay semillas que, aun teniendo humedad, temperatura adecuada y un sustrato correcto, no germinan. No porque estén muertas ni porque hayamos hecho algo mal, sino porque, sencillamente, no es el momento.
Como imaginarás esto ocurre porque la naturaleza no apuesta todo a una sola oportunidad. Muchas semillas están diseñadas para esperar, incluso cuando las condiciones parecen buenas. Entender por qué ocurre esto cambia por completo la forma de sembrar y evita frustraciones innecesarias. Por este motivo hoy te contamos todo lo que necesitas saber al respeto de las semillas.
¿Qué es la latencia de las semillas?
La latencia o dormancia de las semillas es un mecanismo que impide que una semilla germine inmediatamente después de dispersarse. En realidad es una estrategia de supervivencia, en lugar de germinar en cuanto hay humedad la semilla espera señales concretas que indiquen que las condiciones no solo son buenas ahora, sino que lo seguirán siendo durante el tiempo suficiente. Imagina que todas las semillas de un bosque despertasen en pleno julio, solamente porque ha habido una tormenta de verano. ¡Sería un desastre total!
Existen distintos tipos de latencia en función de las condiciones del medio. Por ejemplo algunas semillas tienen una cubierta muy dura que impide la entrada de agua u oxígeno. Otras contienen inhibidores químicos que bloquean la germinación hasta que se degradan. En otros casos, el embrión no está completamente desarrollado y necesita tiempo para madurar antes de poder brotar.
Por eso aunque parezca que la semilla no hace nada en realidad está continuamente evaluando el entorno. Germinar demasiado pronto puede ser letal si después llega una helada, una sequía o un periodo desfavorable. La latencia es una apuesta por la prudencia, porque fallar es una pérdida enorme.
¿Por qué algunas semillas necesitan frío, fuego o pasar por un animal?
Si comprendemos cómo funciona la latencia de las semillas podremos forzar artificialmente su germinación. Muchas especies han afinado su latencia para responder a señales muy específicas. Por ejemplo, en climas templados es común que las semillas necesiten frío para romper la dormancia. Este proceso se conoce como estratificación y asegura que la germinación ocurra en primavera y no en otoño, donde aunque ambas condiciones serían teóricamente favorables, son muy distintas. Si una semilla germina en otoño no sobreviviría al invierno. ¿Cómo saber en qué estación estamos? ¡Si acaba de hacer frío estamos en primavera!
Sin embargo, otras semillas requieren un calor intenso o incluso humo, una adaptación típica de ecosistemas con incendios recurrentes, como muchos ecosistemas mediterráneos. El fuego elimina competencia, libera nutrientes y deja el suelo despejado, por lo que germinar después de un incendio es una ventaja, no un riesgo. Incluso la cantidad de combustible se ha reducido, por lo que es más difícil que vuelva a haber otro incendio. Sin esa señal, la semilla permanece inactiva, pero esto es algo que beneficia incluso al propio ecosistema. ¿Cuándo viene mejor un ejército de plántulas que tras un incendio?
También existen semillas que necesitan pasar por el sistema digestivo de un animal. El proceso debilita la cubierta, elimina inhibidores químicos y, además, dispersa la semilla lejos de la planta madre, en un entorno nuevo, ¡y con abono incluido! Sin ese tratamiento, la germinación puede ser muy baja o inexistente, por lo que es una simbiosis casi obligada para estas plantas.
Errores comunes al sembrar semillas silvestres
Uno de los errores más habituales es tratar todas las semillas como si fueran iguales. En realidad las semillas comerciales de huerto están seleccionadas para germinar rápido y de forma uniforme. Las silvestres, no. Aplicarles el mismo método suele acabar en fracaso.
Otro error frecuente es sembrar demasiado profundo, allí donde no llega nada de luz. Muchas semillas silvestres necesitan luz para germinar o solo una cobertura mínima. Enterrarlas como si fueran judías es una sentencia de muerte, piensa que en la naturaleza no se entierran por arte de magia.
También es común querer mantener el sustrato constantemente empapado. La humedad es necesaria, sí, pero el exceso de humedad favorece hongos y pudriciones, especialmente en semillas que están en latencia y no germinan de inmediato. La paciencia aquí es tan importante como el riego. A raíz de esto último te diré que el peligro más grande es esta impaciencia. Algunas semillas pueden tardar semanas o meses en germinar, incluso en condiciones correctas. Tirar el semillero demasiado pronto es más habitual de lo que parece. ¡No te rindas!
Cómo imitar procesos naturales en casa
La buena noticia de todo esto es que muchos de estos procesos se pueden reproducir fácilmente en casa. La estratificación fría, por ejemplo, se puede hacer colocando las semillas en un sustrato ligeramente húmedo dentro de la nevera durante varias semanas, imitando el invierno.
Para semillas con cubierta dura, la escarificación ayuda. Para ello es suficiente con lijar suavemente la superficie, hacer un pequeño corte o remojarlas en agua templada, lo que facilita la entrada de agua y oxígeno y, con ello, su activación. En el caso de especies adaptadas al fuego a veces es suficiente con un tratamiento térmico controlado o el uso de humo líquido, disponible comercialmente. No se trata de quemar semillas, sino de reproducir la señal adecuada. ¡Así que no te pases!
Incluso el paso digestivo se puede simular mediante remojos prolongados o, de manera algo más complejo, con tratamientos de ácidos suaves, siempre bien documentados para cada especie. La clave está en investigar el origen ecológico de la planta, saber de dónde viene una especie suele dar pistas claras sobre qué tipo de latencia presenta. Para emularla ya solo debes dejar volar tu imaginación.
Por supuesto, aceptar que una semilla no germine no siempre significa fracaso. En muchos casos, significa que el sistema está funcionando como debe. Por ejemplo algunas semillas están programadas para germinar de forma escalonada, repartiendo el riesgo. Si una tanda falla, otra puede prosperar. Desde esta perspectiva, la latencia no es un obstáculo, sino una forma de estrategia biológica. Nos recuerda que la naturaleza no responde a nuestros calendarios, sino a señales complejas y a largo plazo. ¡Pero siempre podemos hacer algunas trampas!