Pulverizar las hojas de tus plantas: el mito que deberías dejar de hacer

Las plantas no sudan como nosotros y mojar sus hojas apenas las refresca unos minutos.

Pulverizar las plantas no es una solución efectiva contra el calor
Pulverizar las plantas no es una solución efectiva contra el calor

En pleno verano, como nos encontramos ahora mismo, ocurre una escena muy habitual. El termómetro supera los 35 °C, las plantas parecen decaídas y la primera reacción de muchas personas consiste en coger un pulverizador y rociar agua sobre las hojas para refrescarlas. A simple vista parece una idea lógica, ¿verdad? Al fin y al cabo, cuando nosotros sentimos calor, una fina capa de agua sobre la piel produce una agradable sensación de frescor. ¿No ocurrirá lo mismo con las plantas? Lo cierto es que no exactamente. Aunque pulverizar agua sobre las hojas puede producir un pequeño efecto refrescante durante unos minutos, está lejos de ser una solución para combatir el calor.

Pulverizar agua sobre las plantas solo las refresca unos minutos
Pulverizar agua sobre las plantas solo las refresca unos minutos

Es más, si se convierte en una práctica habitual o se realiza en el momento inadecuado, incluso puede favorecer la aparición de enfermedades. Entonces, ¿estamos ante un buen truco de jardinería o ante otro de esos mitos que se han transmitido durante años? ¡Te lo cuento!

¿Por qué pensamos que las plantas necesitan refrescarse?

Gran parte de este mito nace porque tendemos a entender a las plantas desde nuestra propia experiencia. Si nosotros sufrimos cuando hace mucho calor, asumimos que las plantas también necesitan enfriar sus hojas de la misma manera. Sin embargo, las plantas funcionan de una forma completamente distinta.

Los seres humanos regulamos nuestra temperatura corporal mediante mecanismos como la sudoración. Cuando hace calor producimos estas gotas de sudor y cuando este el calor de la piel pasa al líquido se evapora. Durante este proceso el sudor absorbe calor y nuestra piel se enfría. Las plantas, en cambio, no sudan. Su principal mecanismo para disipar calor es la transpiración, un proceso mediante el cual liberan vapor de agua a través de unos pequeños poros situados en las hojas llamados estomas, algo así como el funcionamiento de un aspersor.

Esta pérdida de agua también produce cierto enfriamiento, pero forma parte de un complejo equilibrio entre la absorción de agua por las raíces, la temperatura ambiental, la humedad del aire y la radiación solar. Por este motivo, mojar las hojas desde el exterior no sustituye el funcionamiento natural de la planta, ya que ellas no se refrigeran así.

¿Pulverizar agua realmente baja la temperatura de las hojas?

La respuesta rápida es sí, la larga es que en realidad lo hace solo de forma temporal. Cuando las pequeñas gotas de agua se evaporan absorben parte del calor de la superficie de la hoja, produciendo un ligero descenso de su temperatura. Es exactamente el mismo fenómeno físico que explica la sensación de frescor cuando salimos de una piscina o cuando el sudor se evapora sobre nuestra piel. Sin embargo, este efecto dura muy poco. En cuanto el agua desaparece, la hoja vuelve a calentarse si continúa expuesta al sol o al aire caliente.

Además, estamos hablando únicamente de la superficie de la hoja. El resto de la planta, como las raíces o el tallo, apenas experimenta cambios. Es decir, pulverizar agua puede proporcionar un alivio momentáneo, pero no resuelve el problema que realmente está sufriendo la planta.

Entonces si el mecanismo de refrigeración es muy distinto del nuestro y, en general, bastante menos útil… ¿Tan necesario le es a la planta refrigerarse? ¿Por qué no ha desarrollado mecanismos realmente útiles?

Las raíces y el tallo no se refrescan al pulverizar las hojas
Las raíces y el tallo no se refrescan al pulverizar las hojas

El calor rara vez es el verdadero problema

Cuando vemos una planta marchita durante una ola de calor solemos pensar que sus hojas están demasiado calientes. Sin embargo, la mayoría de las veces la causa es otra. Las plantas pierden continuamente agua mediante la transpiración, ya que por el mismo orificio por el que sale el agua entra el CO₂. Es decir, si las plantas quieren obtener recursos para alimentarse pierden agua a cambio. Cuando las temperaturas aumentan, esa pérdida se acelera. Si las raíces son capaces de absorber agua al mismo ritmo, la planta continúa funcionando con normalidad. Pero si el suelo está seco o las raíces no pueden aportar suficiente agua, aparece el estrés hídrico. Es entonces cuando las células comienzan a perder presión interna, disminuye la turgencia y las hojas se doblan o se marchitan.

En otras palabras, cuando vemos que nuestra planta se marchita un día muy caluroso, la planta no necesita tanto que refresquemos sus hojas como disponer de suficiente agua en sus raíces para compensar sus pérdidas. Por eso, un buen riego siempre tendrá un efecto mucho mayor que cualquier pulverización sobre el follaje.

¿Las gotas de agua queman las hojas?

Probablemente hayas oído alguna vez que nunca hay que mojar las hojas cuando hace sol porque las gotas actúan como pequeñas lupas capaces de concentrar la luz y provocar quemaduras.

Es una explicación muy popular, pero la realidad es bastante diferente. En realidad las gotas de agua difícilmente concentran la radiación solar con la intensidad suficiente para dañar una hoja, sobre todo si estas gotas están pegadas a la hoja y no existe un espacio entre el agua y la superficie susceptible de ser quemada. Su forma cambia continuamente, muchas se deslizan por la superficie y, además, suelen evaporarse antes de que puedan producir un calentamiento importante.

Las quemaduras que aparecen en verano suelen estar relacionadas con un exceso de radiación solar, temperaturas muy elevadas o un fuerte estrés hídrico, no con las gotas de agua.

¿Debemos pulverizar o no las hojas?

Como hemos visto pulverizar las hojas no es especialmente útil para luchar contra el calor en las plantas. Sin embargo, puede ser útil en otros contextos. Algunas plantas tropicales cultivadas en interiores agradecen ambientes con una humedad ambiental elevada. En viviendas muy secas, una pulverización puede aumentar ligeramente esa humedad durante un corto periodo de tiempo. No obstante, su efecto suele durar apenas unos minutos. Si el problema es una humedad ambiental demasiado baja, normalmente resulta mucho más eficaz utilizar un humidificador o agrupar varias plantas para crear un pequeño microclima húmedo, tal y como hemos explicado en otros artículos. Es más, puedes optar por trasladar tu planta a espacios naturalmente más húmedos, como los baños. Esto es mucho más útil que pulverizar tus plantas.

Salvo en estos casos pulverizar tus plantas puede tener ciertos inconvenientes, como la excesiva humedad, que no siempre es buena. Muchos hongos necesitan una fina película de agua sobre la superficie de las hojas para poder germinar e iniciar la infección. Cuanto más tiempo permanezcan húmedas, mayores serán las probabilidades de que estos microorganismos se desarrollen. Enfermedades tan conocidas como el mildiu, la botritis o algunas manchas foliares encuentran unas condiciones mucho más favorables cuando las hojas permanecen mojadas durante varias horas.

Manuel Gras

Manuel Gras es biólogo graduado por la Universidad de Alicante, con formación transversal en biología biosanitaria y ambiental. Investigador en el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio (IMEM) de la Universidad de Alicante, estudia el impacto de distintos factores sobre los ecosistemas áridos y semiáridos. Máster en Educación en la especialidad de ciencias, compagina su labor investigadora con la divulgación científica.

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