El verdadero combustible de los grandes incendios: el abandono rural
El abandono del medio rural, junto al cambio climático, ha convertido el paisaje en un combustible cada vez más peligroso.
Cada verano asistimos a imágenes que hace apenas unas décadas parecían excepcionales. Incendios capaces de arrasar decenas de miles de hectáreas, columnas de humo visibles a cientos de kilómetros y frentes de fuego que avanzan con una velocidad difícil de imaginar. Es frecuente escuchar que los incendios de ahora ya no son como los de antes, y lo cierto es que esa afirmación tiene bastante de verdad. No significa necesariamente que hoy se produzcan más incendios que hace varias décadas. De hecho, en muchos lugares el número total de incendios ha disminuido gracias a una mayor vigilancia y a campañas de prevención.
El verdadero problema es que, cuando un incendio consigue escapar del control inicial, las condiciones actuales favorecen que alcance una intensidad mucho mayor. Pero ¿qué ha cambiado para que un incendio pueda comportarse de esta manera? En este artículo te cuento todo lo que debes saber sobre los incendios en España.
¿De qué dependen los incendios?
La respuesta es que los incendios no dependen de un único factor. En realidad, nos encontramos ante la combinación de varios procesos que llevan décadas desarrollándose y que, juntos, crean las condiciones perfectas para que el fuego se vuelva cada vez más difícil de controlar.
Un incendio necesita tres ingredientes: una fuente de ignición, oxígeno y combustible vegetal. El oxígeno está siempre presente en la atmósfera y las causas que pueden iniciar un fuego son muy variadas, desde un rayo hasta una negligencia humana. Por eso, cuando hablamos de incendios forestales, el factor que más podemos modificar es el combustible. Es decir, cuanto menos haya por quemar, aunque siga habiendo fuego, menos intensos serán los incendios. Y precisamente aquí encontramos una de las claves del problema.
El cambio climático no provoca los incendios… pero sí los intensifica. El cambio climático no prende una cerilla ni provoca directamente un incendio. La inmensa mayoría de los incendios siguen teniendo un origen humano, ya sea de forma accidental o intencionada, aunque también pueden producirse por causas naturales como la caída de un rayo.
Lo que sí hace el cambio climático es crear unas condiciones mucho más favorables para que un pequeño fuego termine convirtiéndose en un gran incendio. Es decir, no aumenta necesariamente el número de chispas, pero sí hace que el paisaje sea mucho más inflamable. ¿Entonces… cómo afecta el cambio climático a los incendios?
Bien, uno de los efectos más evidentes del cambio climático y que todos estamos sufriendo es el aumento de las temperaturas. Esto es un problema para nuestros ecosistemas, ya que cuando el aire está más caliente la vegetación pierde agua con mayor rapidez, aumenta la evaporación del suelo y disminuye la humedad del combustible vegetal. Todo esto facilita que las plantas ardan con mucha mayor facilidad. Ya no solo que en el caso de aparecer una chispa esta pueda arrancar el fuego, sino que el incendio sea más grave.
Además, las olas de calor son cada vez más frecuentes, más intensas y más largas. Esto significa que durante varios días consecutivos la vegetación permanece sometida a unas condiciones extremadamente favorables para la propagación del fuego.
El calor, por sí solo, no explica todo. ¿Recuerdas cuando hablamos de que el calor no era realmente lo que más afectaba a las plantas, sino la falta de agua? Respecto a los incendios sucede algo parecido, ya que la falta de precipitaciones desempeña un papel igualmente importante. Durante una sequía prolongada las plantas reducen su actividad para ahorrar agua. Muchas hojas se secan, algunas ramas mueren y el contenido de humedad de la vegetación disminuye progresivamente. Como consecuencia, una gran parte del paisaje se transforma en un enorme depósito de combustible seco, tanto en el suelo como en las propias plantas.
Un combustible cada vez más abundante
Paradójicamente, otro de los grandes problemas es que nuestros montes contienen hoy mucho más combustible que hace unas décadas. Podría parecer una buena noticia que exista más vegetación, pero desde el punto de vista de los incendios ocurre exactamente lo contrario.
Cuanto mayor sea la cantidad de materia vegetal acumulada, mayor será la energía que podrá liberar el fuego. Hojas secas, ramas caídas, arbustos densos o árboles muy próximos entre sí actúan como auténtico combustible esperando una chispa. Cuando el incendio alcanza estas zonas, su intensidad aumenta rápidamente. ¿A qué se debe que ahora exista más combustible que antes?
El gran problema de nuestros incendios es que el abandono rural ha cambiado nuestros paisajes. Durante siglos, buena parte del territorio estuvo sometido a una intensa actividad humana. La leña se recogía para cocinar o calentarse, el ganado consumía gran cantidad de matorral, se cultivaban terrenos que hoy han sido abandonados… En resumen existía una extracción continua de biomasa que mantenía el paisaje mucho más abierto.
Con el progresivo abandono del medio rural, gran parte de esa vegetación ha dejado de gestionarse. Los antiguos campos agrícolas se han cubierto de arbustos y jóvenes árboles, los montes presentan una continuidad vegetal mucho mayor… Y todo ello supone más combustible disponible para un posible incendio.
Podemos entender el bosque como una larga fila de fichas de dominó. Si dejamos espacios entre ellas, cuando una ficha cae la reacción termina deteniéndose. Con los incendios ocurre algo muy parecido. Cuando el paisaje presenta interrupciones naturales o zonas con poca vegetación, el avance del fuego encuentra obstáculos que dificultan su propagación. El problema aparece cuando el bosque forma una masa continua, sin apenas interrupciones. En ese momento, el incendio encuentra un camino prácticamente ininterrumpido para seguir avanzando. Por eso, la estructura del paisaje resulta casi tan importante como el clima a la hora de explicar el comportamiento de un gran incendio.
El viento es un multiplicador del problema
Aunque no sea una causa directa, el viento puede transformar completamente el comportamiento de un incendio. Aporta oxígeno a las llamas, seca todavía más la vegetación y transporta brasas a cientos de metros de distancia. Estas pequeñas brasas pueden originar nuevos focos muy por delante del frente principal, dificultando enormemente las labores de extinción. Cuando coinciden altas temperaturas, sequía, abundante combustible y viento intenso, el incendio puede crecer de forma explosiva.
Además, en los incendios más extremos puede ocurrir algo todavía más sorprendente, y es que la enorme cantidad de calor liberada genera fuertes corrientes ascendentes que elevan humo, cenizas y vapor de agua hasta grandes alturas, como si el incendio crease su propio viento.
En determinadas circunstancias pueden llegar a formarse enormes nubes conocidas como pirocúmulos o incluso pirocumulonimbos, capaces de modificar localmente el viento e incluso producir rayos. Es decir, algunos incendios llegan a influir sobre la atmósfera que los rodea. Por eso estos grandes incendios resultan tan difíciles de controlar.
¿Podemos evitar todos los incendios?
Probablemente no. Debemos tener claro que el fuego forma parte de la dinámica natural de muchos ecosistemas mediterráneos y seguirá existiendo. Lo que sí podemos intentar es reducir las condiciones que favorecen su propagación.
Gestionar adecuadamente los montes, invertir los recursos que sean necesarios para protegerlos, mantener paisajes más diversos, recuperar determinadas actividades rurales, tratar de volver a distribuir nuestra población de manera extensiva y no intensiva y disminuir las emisiones responsables del cambio climático son algunas de las herramientas disponibles.
Lo importante es que no existe una solución única y, sobre todo, que la prevención empieza mucho antes del verano. Con frecuencia pensamos en los incendios únicamente cuando aparecen las primeras llamas… Un gran error, ¡la mayor parte del trabajo se realiza durante el resto del año! La gestión forestal, el mantenimiento de cortafuegos, el pastoreo, el aprovechamiento de biomasa o la planificación del territorio resultan mucho más eficaces que intentar apagar un incendio cuando ya ha alcanzado grandes dimensiones.
Como has visto, los incendios actuales no son más intensos por una única causa, sino por la combinación de varios factores que actúan al mismo tiempo. El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas, la acumulación de combustible vegetal y el abandono de muchas zonas rurales han creado un escenario en el que el fuego encuentra cada vez mejores condiciones para propagarse. Quizás los incendios no puedan evitarse completamente, pero la prevención y entenderlos nos puede ayudar a que su impacto sea mucho menor.