Qué es la reduflación o cómo suben los precios sin que nos demos cuenta
La reduflación es la práctica comercial detrás de la subida encubierta de precios
Seguro que te ha pasado alguna vez: vas a un supermercado, compras un paquete de patatas, de pasta o de galletas y al llegar a casa piensas que el paquete parece más pequeño, que vienen menos galletas o que la bolsa de patatas es casi todo aire. Miras el precio y no te parece ni más caro ni más barato. Parece que es el mismo producto de siempre, pero no lo es. Estás ante un ejemplo de reduflación.
¿Qué significa reduflación?
Este concepto se inventó en Estados Unidos, donde se bautizó como shrinkflation, de shrink «reducir» e inflation «inflación». En castellano el término se compone de estos mismos vocablos, dando como resultado la palabra reduflación.
Este término hace referencia a una práctica muy habitual en la industria alimentaria que consiste en reducir el tamaño de un producto, pero mantener su precio. De este modo, el alimento se encarece, pero al no subir el precio del producto, no somos tan conscientes de esta inflación.
¿Por qué las marcas llevan a cabo la reduflación?
Las marcas, sobre todo en época de crisis o periodos de alta inflación, recurren a esta técnica para poder mantener sus márgenes de beneficio. En lugar de subir el precio de los productos, deciden reducir la cantidad ofreciendo el mismo precio. Esta disminución en muchas ocasiones pasa desapercibida para los consumidores, que no siempre recuerdan la cantidad de producto que venía antes. Sin embargo, el precio real del producto puede aumentar entre el 5% y el 30% para el consumidor.
Además, muchas veces ante la subida de precios de otras marcas, los consumidores pueden percibir que estos productos son más accesibles en cuanto al precio. Por esta razón, la reduflación puede incluso generar mayor volumen de ventas.
¿La reduflación es legal?
Esta práctica es totalmente legal. Lo único de lo que tienen obligación las marcas es de indicar de forma clara y transparente la cantidad de producto que se encuentra en el envase. Pero no están obligadas a indicar cuánta había antes y cuánta hay ahora. Tampoco existe ninguna norma que prohíba reducir el contenido de un envase.
Sin embargo, es una práctica considerada deshonesta por muchas personas, ya que sienten que están siendo engañadas. Al disminuir la cantidad de producto, pero no cambiar el precio, realmente se está ante una subida de precios encubierta, que no sienta nada bien a los consumidores.
Según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en 2022 el 7% de nuestra cesta de la compra tipo estaba sujeta a la reduflación. Esta cesta se define como el conjunto de bienes y servicios que representa el consumo normal de una familia media.
Cheapflación, otra cara de la misma moneda
Otra práctica que las empresas llevan a cabo para aumentar sus márgenes de beneficio es la cheapflación, que viene del inglés cheap (barato) e inflación. En este caso no se trata de reducir el tamaño de los envases, sino de reducir la calidad de los ingredientes o materiales de un producto, manteniendo el mismo precio o, incluso, subiéndolo.
Algunos ejemplos de cheapflación:
- Se sustituyen ingredientes premium por alternativas mucho más baratas, como el uso de la grasa de palma en lugar del aceite de oliva.
- Se usan aditivos artificiales de menor coste en lugar de alimentos naturales.
Así que la próxima vez que te parezca que en ese paquete de patatas la mitad es aire, no serán imaginaciones tuyas: estarás, casi con total seguridad, ante un sutil ejemplo de reduflación.