¿Cómo puede seguir vivo un árbol hueco? El secreto que casi nadie conoce
Parecen enfermos y a punto de caer, pero florecen cada primavera. Te explicamos por qué los árboles huecos siguen vivos
En muchos parques, jardines y bosques encontramos árboles viejos con enormes cavidades en sus troncos. Parece inevitable pensar que es un árbol enfermo y probablemente próximo a morir. Sin embargo, el árbol continúa cubierto de hojas, florece y produce frutos. ¿Cómo es posible? La respuesta está en la estructura de los árboles.
En realidad, un tronco no funciona como el cuerpo de un animal, es decir, perder parte de su interior no significa necesariamente perder los tejidos imprescindibles para mantenerse vivo.
¿Cómo puede vivir un árbol al que le falta el centro del tronco?
Cuando imaginamos el interior de un árbol podemos pensar que todo el tronco está igualmente vivo y cumple la misma función, ¿verdad? Pues bien, la realidad es muy diferente.
Una gran parte de la actividad fundamental se concentra hacia las zonas exteriores del tronco. El agua y las sales minerales absorbidas por las raíces ascienden principalmente a través del xilema funcional, mientras que los productos generados mediante la fotosíntesis se distribuyen por el floema. También encontramos el cámbium, un tejido responsable del crecimiento en grosor que genera nuevos tejidos conductores. Dejando de lado la complicada biología vegetal, la clave de todo este asunto es que todos ellos se encuentran relativamente cerca de la periferia del tronco.
En muchos árboles adultos, en cambio, la madera situada hacia el centro está formada por xilema antiguo que ha dejado de desempeñar su función original de transporte. Esta zona puede seguir teniendo una enorme importancia estructural, es decir, para soportar el peso del propio árbol, pero este no depende de ella para transportar directamente el agua hasta sus hojas.
Esto explica una aparente paradoja: un árbol puede perder una parte considerable de su madera interior y continuar vivo siempre que conserve suficientes tejidos funcionales.
¿Cómo se queda hueco un árbol? La compartimentación, explicada
Para encontrar el origen de una cavidad muchas veces tenemos que retroceder décadas. Puede comenzar con algo tan sencillo como que una rama grande se rompa durante una tormenta, una herida por una poda, una grieta, daños ocasionados por animales o cualquier otra lesión que deje expuesta parte de la madera. A partir de ese momento comienza un proceso que puede prolongarse durante años.
La madera expuesta es algo así como una herida en nuestra piel. Puede ser colonizada por hongos y otros organismos capaces de degradar algunos de sus componentes. Poco a poco, la descomposición avanza y una pequeña zona dañada puede transformarse en una cavidad cada vez mayor. El problema es que un árbol no puede reconstruir de la misma manera la madera que ya ha sido degradada.
Los árboles no pueden cerrar del todo una herida: solo pueden generar nuevos tejidos alrededor para establecer diferentes barreras que dificulten que la descomposición continúe avanzando hacia otras zonas. Este proceso recibe el nombre de compartimentación, y es lo que hace que podamos encontrar árboles en los que una cavidad continúa presente durante décadas mientras el tronco sigue creciendo alrededor de ella.
¿Un árbol hueco está enfermo? Menos de lo que piensas
No necesariamente, aunque tampoco debemos pensar que no tiene por qué estarlo. La formación de una cavidad implica que ha existido una pérdida y descomposición de madera y puede estar asociada a la actividad de hongos y otros organismos. Sin embargo, encontrar un hueco no significa que el árbol esté muriendo.
De hecho, la presencia de huecos es especialmente frecuente en árboles veteranos precisamente porque han tenido mucho más tiempo para acumular heridas, roturas y procesos de descomposición. Podemos pensar en un árbol joven como una estructura relativamente sencilla y homogénea. Con las décadas comienza a acumular cicatrices, ramas rotas, zonas de corteza diferente, madera muerta, grietas y cavidades. Digamos que es algo así como el precio de estar vivo.
Desde nuestra perspectiva puede parecernos cada vez más deteriorado. Desde una perspectiva ecológica, sin embargo, puede estar ocurriendo justamente lo contrario.
Una cavidad puede convertirse en una vivienda
Para nosotros un agujero en un tronco puede ser un defecto. Para muchos animales es un refugio extraordinariamente valioso, especialmente para aves, que pueden crear ahí sus nidos. Otro ejemplo son también los murciélagos, que pueden utilizar grietas y cavidades de los árboles como lugares de refugio. Lo mismo ocurre con algunos pequeños mamíferos y con una enorme diversidad de invertebrados. Hongos, bacterias y numerosos invertebrados participan en su degradación y en el reciclado de los nutrientes que contiene.
Por este motivo, los árboles veteranos tienen un valor ecológico difícil de sustituir. Podemos plantar hoy cien árboles jóvenes y eso será extraordinariamente positivo, pero no conseguiremos inmediatamente cien árboles viejos. Para obtener las grietas, cavidades, madera muerta y demás microhábitats asociados a un árbol veterano hace falta algo que no podemos comprar en un vivero: tiempo. Por eso es tan importante conservar nuestros ecosistemas y no caer en la tentación de sustituir nuestros ecosistemas por otros.
¿Cuándo un árbol hueco se convierte en un peligro?
Aquí debemos diferenciar dos conceptos que no siempre van unidos: la salud del árbol y su estabilidad mecánica. Como imaginarás el tronco sirve para algo, si no, una planta no se preocuparía por engrosarlo año tras año. Un árbol puede estar biológicamente vivo, producir hojas y presentar una copa aparentemente saludable y, sin embargo, haber perdido suficiente madera como para aumentar el riesgo de rotura de una rama o de una parte del tronco.
Y también puede ocurrir lo contrario: observar una gran cavidad muy llamativa que lleva décadas presente sin que eso signifique que el árbol vaya a caer de manera inminente. Por eso no podemos determinar el riesgo simplemente observando que existe un hueco.
Importan su tamaño y posición, la cantidad y distribución de madera que permanece alrededor, la existencia de grietas, el estado de las raíces, la estructura de la copa, la inclinación del árbol, la especie y el lugar donde se encuentra. Este último punto es especialmente importante. No tiene las mismas consecuencias la caída de una rama en mitad de un bosque que sobre una vivienda, una carretera, un parque infantil o una zona por la que pasan cientos de personas cada día.
Cuando un árbol grande presenta cavidades relevantes y se encuentra cerca de personas o bienes, lo adecuado es que su estabilidad sea evaluada por un profesional de la arboricultura.
Sin embargo, aunque digamos que un árbol hueco no tiene por qué estar enfermo, no debemos despreocuparnos. Puede ser un peligro para los demás.
Conclusión: el verdadero misterio de los árboles huecos
Quizás el verdadero misterio de los árboles huecos no sea cómo consiguen seguir vivos, sino por qué durante tanto tiempo hemos interpretado algunos de sus rasgos como simples defectos. La próxima vez que encuentres un gran árbol hueco, fíjate en él con algo más de atención. Puede que parte de la madera de su interior haya desaparecido hace mucho tiempo y que, pese a ello, continúe creciendo cada primavera. Y quizás ese enorme agujero que nosotros interpretamos como una imperfección sea, precisamente, una de las partes del árbol donde se esconde más vida.