¿Tu planta está muerta o solo lo parece? El truco del tallo que te lo dice en 10 segundos

Una planta seca puede revivir con los cuidados adecuados.

El truco del tallo te ayudará a saber si tu planta está muerta
El truco del tallo te ayudará a saber si tu planta está muerta

Vamos a imaginarnos una situación que, por desgracia para muchos de nosotros, alguna vez hemos tenido que experimentar. Volvemos de vacaciones después de unas semanas fuera de casa, abrimos la puerta y ahí están nuestras plantas. Hojas caídas, tierra completamente seca, tallos aparentemente muertos y alguna maceta que parece tener pocas posibilidades de volver a ser lo que era. Nuestra primera reacción suele ser bastante predecible: ¡agua, mucha agua! Sin embargo, cuidado. Una planta que lleva semanas sufriendo no siempre necesita que intentemos compensar todo el abandono en unas pocas horas. Regar en exceso, abonar inmediatamente o comenzar a cortar todo aquello que parece seco puede añadir todavía más estrés a un organismo que ya se encuentra debilitado.

A pesar de las hojas secas la planta puede no estar muerta
A pesar de las hojas secas la planta puede no estar muerta

La buena noticia es que las plantas pueden ser mucho más resistentes de lo que aparentan. La clave está en saber interpretar qué le pasa a nuestra planta y cómo podemos ayudarla correctamente. Antes de coger la regadera, hay tres cosas que debes comprobar.

¿Está muerta o solo lo parece? Cómo comprobar si tu planta sigue viva

Antes de hacer nada debemos evaluar su estado real. Que las hojas estén completamente secas no significa necesariamente que toda la planta haya muerto, aunque pueda parecerlo. En realidad las hojas son estructuras relativamente prescindibles y muchas especies pueden perderlas cuando atraviesan situaciones de estrés extremo para reducir la pérdida de agua. Piensa en lo relativamente sencillo que es para ellas volver a producirlas. Por eso debemos observar también los tallos y no fijarnos tanto en las hojas, aunque sea lo más visual.

En plantas leñosas podemos realizar una pequeña comprobación raspando muy superficialmente una zona del tallo. Si debajo de la corteza encontramos tejido verde y húmedo, esa parte continúa viva. Si, por el contrario, está completamente marrón, seca y quebradiza, probablemente ese fragmento haya muerto. ¡Ojo! No significa que toda la planta esté muerta. Solo es que esa región en concreto sí. Podemos probar a volver a hacer esto más abajo para comprobar hasta donde llega ese tejido muerto. También podemos comprobar la flexibilidad de las ramas. Los tejidos vivos suelen conservar cierta elasticidad, mientras que las ramas muertas se parten con mucha facilidad. Y, por supuesto, debemos mirar el sustrato y las raíces siempre que sea necesario.

Si tristemente comprobamos que nuestra planta ha muerto, poco más podemos hacer. En este caso lo único que nos queda es aprender de nuestros errores para tratar de hacerlo mejor la próxima vez. Y recuerda, a todos se nos ha muerto alguna planta alguna vez.

Las ramas muertas pierden flexibilidad y se parten fácilmente
Las ramas muertas pierden flexibilidad y se parten fácilmente

Qué daños se pueden revertir (y cuáles no)

Una pérdida de turgencia moderada puede desaparecer sorprendentemente rápido cuando la planta vuelve a disponer de agua. También pueden recuperarse plantas que han perdido parte de sus hojas o que presentan algunas ramas secas, siempre que las raíces, las yemas o determinadas zonas del tallo continúen vivas. Muchas especies mantienen reservas de carbohidratos en raíces, tallos u órganos subterráneos que pueden utilizar para producir nuevos brotes cuando regresan las condiciones favorables. Por eso una planta aparentemente desnuda puede sorprendernos semanas después produciendo hojas nuevas.

Sin embargo, existen daños que no podemos revertir. Por ejemplo, una hoja completamente seca no volverá a ponerse verde, lo único que podemos esperar de ella es que termine cayendo. Esta idea se aplica a toda la planta en general, y es que un tejido que ha muerto tampoco puede resucitar, al igual que unas raíces gravemente podridas tendrán que ser sustituidas progresivamente por raíces nuevas si queda suficiente tejido sano para conseguirlo.

El objetivo del rescate, por tanto, no consiste en recuperar las partes muertas, sino en mantener con vida las que todavía funcionan y permitir que la planta las sustituya. Esta es la clave, debemos salvar la planta, aunque quizás esto no signifique recuperarla tal y como estaba.

Primeros auxilios: por qué regar a lo bestia es el error más común

Aquí aparece probablemente uno de los errores más frecuentes. Si una planta lleva tres semanas sin agua, parece lógico pensar que necesita tres semanas de agua de golpe. ¿Verdad? ¡Y asunto resuelto! Pero las plantas no funcionan así. Un sustrato extremadamente seco puede incluso volverse parcialmente hidrófobo y hacer que el agua atraviese rápidamente los laterales de la maceta sin humedecer correctamente el cepellón. Podemos ver salir agua por los agujeros de drenaje y pensar que hemos regado muchísimo cuando el interior continúa prácticamente seco. Es más, podemos incluso sumergir la maceta totalmente en el agua y que el sustrato flote completamente de lo seco que está.

En estos casos conviene rehidratar el sustrato progresivamente y comprobar después si realmente ha recuperado la humedad. Dependiendo del tipo de planta y sustrato, puede resultar útil realizar un riego lento y uniforme o permitir durante un tiempo limitado que el cepellón absorba agua desde la parte inferior antes de dejar escurrir completamente el exceso. Como ves, si el sustrato está completamente seco recomendamos un riego profundo, pero no es buena idea, por ejemplo, regarla de manera abundante durante varios días, podríamos terminar con ella en lugar de ayudarla.

Abonar una planta débil: por qué no es buena idea (todavía)

Si no es el momento de regar en abundancia, como imaginarás, tampoco es el momento de abonar. A veces ocurre que si vemos nuestra planta debilitada podamos tener el impulso de “alimentarla”, así que añadimos fertilizante esperando proporcionarle fuerzas para recuperarse. Sin embargo, una planta sometida a un estrés intenso puede tener una capacidad muy reducida para absorber nutrientes. Además, añadir una elevada concentración de sales a unas raíces dañadas puede generar todavía más problemas.

En realidad durante los primeros días, nuestro objetivo debería ser recuperar unas condiciones adecuadas de agua, luz y temperatura. Solo cuando observemos nuevos brotes y comprobemos que la planta ha recuperado su crecimiento activo podremos valorar si necesita abonado. Primero salvarla, después potenciarla.

No hay que regar ni abonar la planta seca en exceso
No hay que regar ni abonar la planta seca en exceso

¿Hay que podar todo lo que parece seco? Mejor espera

Tampoco conviene precipitarse, ver hojas secas y quitarlas no soluciona el problema de por qué las hojas se han secado. Podemos retirar hojas completamente secas y aquellas partes que sepamos con seguridad que están muertas, pero una poda intensa supone eliminar tejidos y generar nuevas heridas justo cuando la planta está atravesando una situación delicada. Si los recursos son limitados y nuestra planta está en problemas toda ayuda cuenta. Incluso los escasos nutrientes que la planta pueda recuperar de las hojas antes de terminar de desecharlas pueden serles brutalmente útiles. Es decir, mejor no quitarles esas hojas.

Además, algunos tallos que parecen secos pueden conservar yemas vivas capaces de producir nuevos brotes. Por eso resulta mucho más sensato esperar, comprobar qué zonas reaccionan y realizar posteriormente una poda más precisa.

Cómo recuperar una planta paso a paso: luz, agua y paciencia

Una vez identificado el problema, si queremos recuperarla, debemos devolver poco a poco a la planta unas condiciones estables. Si estaba deshidratada, recuperaremos una humedad adecuada del sustrato sin mantenerlo permanentemente saturado. Si por ejemplo ha permanecido durante semanas en una habitación oscura tampoco resulta buena idea colocarla inmediatamente bajo el sol intenso. Sus hojas pueden haberse adaptado a unas condiciones de poca luz y sufrir daños si reciben de repente una radiación muy superior, así que conviene aumentar la exposición progresivamente.

Durante los días siguientes, que probablemente serán críticos, debemos observar cómo responde. Que las hojas viejas continúen deteriorándose no significa necesariamente que el rescate haya fracasado. Lo realmente interesante será comprobar si aparecen nuevas yemas, brotes o raíces. Esas son las señales de que la planta está invirtiendo nuevamente recursos en crecer.

Como has visto antes de tirar una planta que se nos ha quedado abandonada siempre debemos comprobar si todavía quedan tejidos vivos y descubrir qué ha ocurrido realmente. Su recuperación puede ser complicada, pero siempre es posible. Recuerda que en la mayoría de ocasiones la mejor manera de ayudarla a recuperarse consiste simplemente en devolverle aquello que necesita y darle tiempo para que haga el resto.

Manuel Gras

Manuel Gras es biólogo graduado por la Universidad de Alicante, con formación transversal en biología biosanitaria y ambiental. Investigador en el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio (IMEM) de la Universidad de Alicante, estudia el impacto de distintos factores sobre los ecosistemas áridos y semiáridos. Máster en Educación en la especialidad de ciencias, compagina su labor investigadora con la divulgación científica.

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