¿Las plantas tienen memoria? La sorprendente verdad que cambia cómo las cuidas
La plantas adaptan su comportamiento a las experiencias previas.
Decir que una planta recuerda suena, a primera vista, a exageración. Y no es para menos. No tiene cerebro, no tiene neuronas y no procesa la información como lo hacemos nosotros o como lo hacen los animales, eso está claro. Sin embargo, la biología vegetal lleva tiempo enseñándonos algo muy interesante: las plantas sí pueden cambiar su respuesta futura en función de experiencias pasadas. Es verdad, no se trata de memoria en el sentido humano, pero tampoco es una simple reacción mecánica y momentánea. Existe un aprendizaje fisiológico, una manera de entender qué ocurre, por qué ocurre y cómo responder mejor a una determinada situación la próxima vez que ocurra.
En este artículo vamos a hablar sobre hasta qué punto todo esto es cierto, qué ejemplos conocemos, qué implicaciones tiene para el cultivo y cómo podemos aplicar esto en nuestro propio jardín. ¿Te interesa?
¿Existe la memoria en plantas?
Antes de responder esta pregunta debemos definir que entendemos por memoria o recordar. Si entendemos la memoria como la capacidad de un organismo para responder de forma diferente a un estímulo porque antes ya estuvo expuesto a él, entonces sí, existen formas de memoria en plantas. Ahora bien, conviene matizar enseguida. No hablamos de recuerdos conscientes, ni de emociones, ni de una especie de pensamiento vegetal oculto. Hablamos de cambios bioquímicos, fisiológicos y estructurales que persisten en el tiempo y alteran la respuesta futura de la planta. Es decir, hablamos de que la planta aprende sobre cómo debe responder en diferentes situaciones.
Por ejemplo una planta puede haber pasado por sequía, por frío, por un ataque de herbívoros o por una exposición repetida al viento, y no reaccionará igual la siguiente vez. A veces cerrará sus estomas antes, otras veces activará defensas químicas más rápido y otras veces cambiará su patrón de crecimiento… Lo relevante es que esa respuesta posterior diferente a la de una planta que no ha experimentado eso antes. Hay una evolución y un aprendizaje.
¿Dónde se almacena la memoria vegetal?
En animales solemos asociar memoria a un sistema nervioso central, sin embargo, en las plantas eso no existe. La información no se almacena en un centro concreto, sino que se distribuye en forma de cambios hormonales, señales eléctricas, modificaciones en proteínas… La memoria de las plantas ocurre en los diferentes tejidos donde ocurre una respuesta al estímulo y esta debe cambiar.
Esto tiene mucho sentido, ya que una planta no puede huir como los animales. No puede desplazarse para evitar el problema. Por tanto, su estrategia de adaptación al medio debe ser mucho más precisa. Por ejemplo si una hoja es atacada, otras partes del vegetal pueden quedar alertadas. Si una raíz detecta sequía o salinidad, cambia el comportamiento hídrico del conjunto, o si una planta joven crece con viento, su arquitectura final puede ser distinta a la de otra idéntica pero protegida. ¿Alguna vez te has fijado, por ejemplo, en pinos que crecen torcidos cerca del mar? ¡Eso es aprendizaje y es memoria vegetal!
Respuestas a estímulos repetidos
Si hablamos de memoria vegetal nos centramos sobre todo en cómo es la respuesta a estímulos repetidos. Hay casos en los que una planta deja de responder con la misma intensidad cuando comprueba que un estímulo se repite y esto no implica daño real. Esto nos puede recordar, teniendo en cuenta que estamos hablando de plantas, a la habituación en animales.
El ejemplo más famoso es el de Mimosa pudica, que estoy seguro de que todos conocemos por ser esa planta que pliega sus hojas cuando se la toca. Si el estímulo se repite muchas veces de forma inocua, la planta reduce la respuesta. No aprende en sentido consciente a que no debe plegarse, pero sí evita gastar energía en una reacción muy costosa y que ha dejado de ser útil. Y eso, desde un punto de vista biológico, es enormemente inteligente. ¿No me crees? Haz la prueba. ¡Aunque ya te aviso que dejará de plegarse y perderá esa magia que tiene!
También ocurre algo parecido con otros estímulos ambientales. Una planta expuesta repetidamente a un estrés moderado puede ajustar su fisiología y responder de forma más eficiente en el futuro. No reacciona igual una planta que ha vivido una ligera sequía controlada que otra que siempre ha tenido agua disponible.
Ejemplos de memoria vegetal: cómo responder frente a sequía, frío y ataques
Las respuestas de memoria vegetal se han estudiado especialmente en tres contextos superimportantes para nuestros cultivos: sequía, bajas temperaturas y herbivoría.
En el caso de la sequía, algunas plantas modifican la apertura de los estomas tras una experiencia previa. Esto les permite perder menos agua la siguiente vez que ocurra. También puede cambiar la relación entre crecimiento aéreo y crecimiento radicular, favoreciendo raíces más exploradoras, aunque esta adaptación tarda algo más en el tiempo.
En el frío, ocurre algo muy interesante con la vernalización. Algunas plantas necesitan pasar por un periodo de bajas temperaturas para poder florecer más adelante. Es decir, detectan que el invierno ya ha ocurrido y solo entonces activan el programa floral. No es una simple reacción al frío presente, sino que en realidad son capaces de comprender (y “recordar”) que el invierno ya ha pasado y que en primavera es un buen momento para florecer.
Frente a herbívoros, muchas plantas aceleran la producción de compuestos defensivos si ya han sido atacadas antes. Otras incluso emiten señales químicas volátiles que alertan a tejidos cercanos o a plantas vecinas, de manera que la próxima vez no las pillan tan desprevenidas.
¿Podemos aprovechar esta memoria en el jardín o en el huerto?
Sí, y mucho más de lo que parece. En realidad nosotros, que somos jardineros atentos, ya trabajamos con esto, aunque no siempre lo llamemos memoria vegetal.
Por ejemplo cuando aclimatamos una planta antes de trasplantarla, cuando no la sacamos de golpe del invernadero al sol de agosto, cuando reducimos ligeramente el riego para que profundice raíces, cuando entendemos que una planta demasiado mimada puede ser una planta débil… Todo esto se basa en este concepto.
Además, también se puede aprovechar al elegir ejemplares. No es lo mismo una planta criada en un entorno completamente controlado que una producida en condiciones más cercanas al uso final. A menudo, la segunda crece menos espectacular al principio, pero se adapta mejor y da menos problemas después. ¿Por qué? Por ese aprendizaje, esa memoria vegetal que va moldeando el desarrollo de la planta.
Como has visto la memoria vegetal es un tema muy interesante para profundizar en cómo funciona una planta, además de tener grandes aplicaciones en nuestro día a día. En cultivo, esta idea es muy útil. Nos recuerda que a veces proteger demasiado debilita, y que un poco de realidad bien dosificada puede fortalecer más que una comodidad constante. Y también nos enseña algo importante, y es que quizá las plantas no recuerdan como nosotros. Pero desde luego, no olvidan del todo lo que les pasa.