¿Qué te dicen las plantas sobre tu jardín?
La vegetación del jardín nos ayuda a hacer un diagnóstico del estado del mismo.
Nuestro jardín nos habla, aunque solo si sabemos escucharlo. Cada planta, cada mancha en una hoja, cada “mala hierba” espontánea y cada ligero cambio de color es pura información sobre cómo está desarrollándose nuestro pequeño ecosistema. Hay mucha información que podemos recopilar de nuestro jardín, pero sin duda la vegetación es el primer sensor ecológico que tenemos a mano: nos puede ayudar a interpretar el pH, la humedad, la fertilidad y hasta los desequilibrios del suelo que no vemos a simple vista. No hace falta instrumentos complejos, conocimientos profundos ni análisis de laboratorio, ¡Basta con aprender a leer estas señales!
En este artículo te cuento qué especies y qué síntomas pueden alertarnos de problemas, como entender que significa la aparición de algunas hierbas y cómo interpretar los cambios visibles en nuestras plantas favoritas. ¡Créeme que te interesa!
¿Para qué sirven las malas hierbas?
Hay plantas que aparecen sin que nosotros las hayamos plantado, ya que es nuestro suelo el que las invita a desarrollarse. Las conocemos comúnmente como mala hierba simplemente por este motivo: no hemos sido nosotros quienes hemos elegido que aparezcan. Sin embargo, muchas veces nos sirven como un diagnóstico gratuito del estado de nuestro suelo, porque son plantas oportunistas que aparecen justo donde este medio tiene un desequilibrio concreto, porque ellas son capaces de sobrevivir ahí. Una norma fundamental que tenemos que tener clara es que en ningún ecosistema una determinada condición (falta de agua, temperaturas extremas…) resulta un problema para que se desarrolle la vida, ¡el problema es no estar adaptado a esa condición! Por tanto, en nuestro jardín condiciones determinadas promueven la aparición de plantas específicamente adaptadas a esas condiciones. ¡Si sabemos detectarlas sabremos qué está sucediendo!
Como comentábamos, no todos los suelos favorecen la aparición de todas las plantas, sino que algunas especies crecen solo en terrenos compactados, otras en suelos muy pobres, otras en zonas húmedas de forma persistente… Por tanto, su presencia no es casual: es la radiografía ecológica del lugar. Por ejemplo, la cola de caballo o el junco suelen indicar suelos encharcados o con drenaje deficiente, por lo que puede ser un aviso temprano especialmente a tener en cuenta con especies sensibles al exceso de humedad. Por otro lado, la ortiga apunta hacia un suelo fértil y rico en nitrógeno, muy útil si estamos buscando una zona adecuada en nuestro jardín para instalar un pequeño huerto urbano. Algo muy similar podemos deducir si encontramos individuos de medicago suele ser una señal de suelo fértil, bien estructurado y bien drenado. Sin embargo, hay plantas que aprovechan precisamente los déficits del suelo para instalarse en él, por lo que son geniales indicadoras. El trébol blanco es capaz de fijar nitrógeno gracias a sus bacterias simbióticas, por lo que puede ocupar espacios pobres en nitrógeno que otras especies son incapaces de ocupar.
Si llegamos a nuestro jardín y detectamos que ha aparecido alguna planta de rabaniza o de malva, es una señal clara de que tenemos un suelo demasiado compactado o con poca estructura. Lo mismo sucede con el diente de león, por ejemplo, que también aparece en suelos compactados gracias a que su raíz pivotante actúa como un perforador natural, aprovechando grietas donde otras plantas no pueden. Otro buen ejemplo es el llantén, que crece en terrenos muy pisados o pobres en calcio o la acedera se instala encantada en suelos ácidos. Su mera presencia ya te está informando del pH, la aireación o la fertilidad del suelo mejor que un test rápido.
Muchas de estas especies también ayudan a entender los cambios estacionales en nuestro jardín. La verdolaga, de la que hablamos en otro capítulo, está caracterizada por brotar de la nada en verano, por lo que su presencia indica suelos cálidos y ricos en sales minerales. La pamplina, en cambio, aparece en suelos húmedos y fríos a finales de invierno o primavera. Su aparición es casi como tener un informe continuo de las condiciones del jardín sin necesidad de mediciones técnicas. Podemos apoyarnos en observar estas especies cuando queramos tomar decisiones guiadas por el calendario. Como ves las malas hierbas son más mensajeras que enemigas. ¿Qué nos interesa de todo esto? Que entendiendo cómo funciona cada planta podemos entender por qué está donde está y, por tanto, obtener información muy valiosa sobre el medio.
Si nos fijamos en las plantas cultivadas sus cambios también nos indican que está sucediendo. Por ejemplo, las hojas amarillas en los bordes pueden sugerir falta de potasio, mientras que el amarilleo entre nervios suele estar ligado a un déficit de hierro o magnesio. Brotes muy cortos, tallos débiles o floraciones pobres son síntomas claros estrés prolongado, ya sea por sequía, exceso de riego o falta de nutrientes.
¿Cómo interpretar cambios en el color, crecimiento o floración como señales biológicas?
Las plantas son muy directas cuando algo no les gusta, sobre todo con los colores que lucen. Esto es extremadamente útil, ya que normalmente nos fijamos principalmente en las plantas que queremos cultivar y no tanto en las malas hierbas que comentábamos antes. Por ejemplo, un verde apagado puede señalar falta de nitrógeno, un amarillo intervenal, deficiencia de hierro, un enrojecimiento de hojas nuevas en especies frutales u hortícolas suele estar ligado al frío o a fosfatos poco disponibles.
Si este déficit se mantiene en el tiempo acaba afectando al crecimiento. Por ejemplo, tallos muy largos y débiles indican falta de luz, mientras que brotes cortos y hojas pequeñas suelen apuntar a estrés hídrico o a raíces saturadas. La floración es otro indicador perfecto, ya que es un proceso en el que las plantas invierten mucha energía. Si plantas que deberían florecer abundantemente (rosales, lavandas, jazmines…) reducen sus flores puede ser porque el suelo es demasiado rico en nitrógeno (sí, el exceso de recursos también puede ser un problema) o cuando la poda ha sido excesiva. Por el contrario, floraciones prematuras o fuera de temporada en algunas especies pueden ser señales de estrés extremo, podemos entenderlo como una especie de último esfuerzo reproductivo. Incluso las plantas que se marchitan rápido están diciendo algo: si lo hacen por la mañana, puede ser estrés radicular, si lo hacen solo en las horas de más sol, pero se recuperan por la tarde, suele ser un desajuste entre evaporación y capacidad de absorción…
Como has visto, los bioindicadores vegetales permiten tomar decisiones mucho más inteligentes, más sostenibles y más económicas gracias a la información que nos pueden aportar. Si aprendemos a leer nuestro jardín podremos hacer un cultivo mucho más inteligente, además de sacar mucho más partido al poder de la naturaleza.