Nutricionismo, el riesgo de obsesionarse con los nutrientes y olvidarse de los alimentos
En los últimos años hemos pasado de hablar de comida a hablar de nutrientes y propiedades. Ya no comemos un alimento por estar rico, ser sabroso, jugoso o dulce, sino por las propiedades que aporta. Esto quizá se deba al aumento de gurús, sobre todo a través de redes sociales, que nos enseñan qué es comer sano o fit (casi siempre consiste en incluir proteína en polvo y dejar de comer procesados y dulces).
Sin embargo, se olvidan de que no solo comemos para obtener nutrientes. También lo hacemos para socializar, como algo cultural o por puro placer.
Comer fijándote únicamente en los componentes de los alimentos y no en todo su conjunto se denomina nutricionismo y puede tener consecuencias para tu salud.
Qué es el nutricionismo
El nutricionismo es un tipo de corriente reduccionista que evalúa y clasifica a los alimentos por un solo componente. Este enfoque coloca en el centro a los nutrientes en lugar de a los alimentos completos, lo que puede tener consecuencias graves para nuestra salud.
Riesgos del nutricionismo
Al evaluar un todo por una sola parte, el nutricionismo ignora la matriz alimentaria, es decir, la estructura del alimento donde interactúan todos sus componentes como la fibras grasas, minerales o vitaminas, que determinan cómo el cuerpo procesa el alimento.
De ese modo, el nutricionismo clasifica de forma dicotómica los alimentos, pudiendo ser solo «buenos» o «malos» en función del componente que se evalúe.
Esto nos lleva a cometer tres errores muy comunes:
- Rechazar alimentos saludables. Un ejemplo clásico es el huevo, evitado durante muchos años por su colesterol, o los frutos secos por ser altos en calorías, a pesar de que ambos son beneficiosos para nuestra salud.
- Consumir ultraprocesados por creer que son saludables al contener fibras o vitaminas añadidas, aunque se compongan también de azúcares refinados y otros componentes no tan saludables.
- Aumentar el consumo de alimentos «buenos», sin tener en cuenta las consecuencias del sobreconsumo. Un ejemplo de esto es la intoxicación por mercurio si se consumen altas cantidades de pescado como el atún rojo.
Impacto en la salud física y mental
Este tipo de pensamiento no solo tiene consecuencias en nuestra salud física, sino también en la mental. La restricción de alimentos clasificados como malos fomenta el pensamiento rígido sobre lo que está permitido comer y lo que no, aumentando el riesgo de sufrir trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
Por otro lado, comer es también un acto social, cultural y placentero, y siguiendo esta corriente se convierte en algo puramente funcional, lo que también afecta a nuestra relación con la comida y las relaciones sociales alrededor de esta.
Las galletas digestivas y otros mitos publicitarios
La publicidad de productos ultraprocesados trata de ensalzar una propiedad positiva de un producto, ocultando el resto de las características, para generar más ventas. Esto, ha alimentado el fenómeno del nutricionismo.
Así, esta industria genera otros eslóganes engañosos como que las galletas integrales y digestivas son beneficiosas para nuestra salud por contener fibra o los yogures 0% grasa son saludables, aunque contengan grandes proporciones de azúcar o saborizantes.
Cómo elegir un buen alimento
Las claves para no caer en el nutricionsimo y saber elegir alimentos saludables son las siguientes:
- Priorizar alimentos frescos y no procesados. De este modo evitas gran parte de ingredientes extra que se añaden a los productos que pueden ser perjudiciales para la salud.
- Entender que muchas veces cuidarse es también saber flexibilizar y disfrutar de lo que comes. Por eso, es importante no convertir en el «demonio» a determinados alimentos, pero tampoco en «dioses» a otros. Poder comer todo lo que te gusta de manera equilibrada es clave para mantener una buena salud y relación con la comida.