Nada de precocinados ni frituras en hospitales y residencias
Un nuevo real decreto establece cambios en los menús de hospitales y residencias para apostar por una alimentación más saludable
Los hospitales, las escuelas infantiles, las residencias y otros centros tendrán que introducir cambios en sus menús con el objetivo de reducir la presencia de alimentos precocinados y frituras y dar mayor protagonismo a los productos frescos, de temporada y ecológicos.
Así lo recoge el real decreto aprobado el 3 de noviembre por el Consejo de Ministros, una normativa que busca mejorar la calidad nutricional de las comidas que se sirven en estos centros y fomentar una alimentación más saludable y sostenible.
La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 junto con los ministerios de Agricultura, Sanidad, Educación y Juventud e Infancia, también presta especial atención a las necesidades alimentarias de determinados colectivos, como las personas mayores, los pacientes hospitalizados y los niños de 0 a 3 años.
¿En qué centros cambiarán los menús?
Los cambios afectarán a hospitales, centros residenciales y escuelas infantiles de 0 a 3 años, tanto públicos como privados. También se aplicarán en otros espacios de titularidad pública, como bibliotecas, universidades y museos.
Más alimentos frescos y de temporada
Uno de los principales objetivos del real decreto es aumentar la presencia de productos frescos en los menús. Para ello, establece que al menos el 90% de la fruta y el 30% de las hortalizas que se ofrezcan deberán ser frescas y de temporada. Además, un mínimo del 10% de estos productos tendrá que proceder de circuitos cortos de distribución.
La fruta y las hortalizas deberán estar presentes a diario y podrán incorporarse a los primeros platos, las guarniciones, las ensaladas y los postres. En los centros que ofrezcan pensión completa, se servirán al menos tres raciones de hortalizas al día y entre dos y tres raciones diarias de fruta.
También se quiere impulsar el consumo de productos ecológicos. En concreto, al menos el 25% del coste total de adquisición de los alimentos deberá corresponder a productos de producción ecológica. No obstate, durante los cuatro primeros años de aplicación de la normativa el porcentaje mínimo será del 10%.
Más legumbres, pescado y cereales integrales
Las proteínas vegetales ganarán presencia en los menús, especialmente las legumbres. La normativa establece que deberá ofrecerse al menos un plato principal semanal elaborado exclusivamente con proteínas vegetales. En los centros con pensión completa, se servirán un mínimo de cuatro raciones semanales de platos que contengan este tipo de proteínas.
El pescado también tendrá un papel importante. En los menús diarios se ofrecerán al menos dos raciones semanales como plato principal, alternando pescado blanco y azul. En los centros con pensión completa, la cantidad mínima será de tres raciones a la semana, también como plato principal. (En este caso, se podrán incluir crustáceos y moluscos).
También se fomentará el consumo de cereales integrales. Al menos el 50% de la oferta semanal de pan, arroz y pasta deberá corresponder a variedades integrales en los menús diarios. En los centros con pensión completa, se establecerán entre tres y seis raciones diarias de productos elaborados a base de cereales, dando prioridad a los integrales y reduciendo el consumo de harinas refinadas.
Menos alimentos precocinados y frituras
La nueva normativa también pone límites a los platos precocinados y a las frituras, aunque las restricciones varían en función del tipo de centro y de las personas a las que se dirige el servicio.
Hospitales y residencias
En hospitales y centros residenciales, incluidos los destinados a personas mayores, dependientes o con necesidades especiales, los platos precocinados podrán servirse un máximo de tres raciones al mes.
Menores hospitalizados y escuelas infantiles
Las restricciones serán mayores en el caso de los niños. En los menús de menores hospitalizados y en las escuelas infantiles de 0 a 3 años, los precocinados solo podrán servirse una vez al mes.
Además, las frituras se limitarán a un máximo de dos raciones semanales. También quedarán excluidos de los menús hospitalarios destinados a niños y adolescentes, así como de los de las escuelas infantiles, los alimentos con un alto contenido en grasas saturadas, azúcares o sal añadida.
Las máquinas expendedoras tendrán un 70% de productos saludables
Los cambios no se limitarán a los menús. Las máquinas expendedoras instaladas en estos centros también tendrán que adaptarse a la nueva normativa.
Al menos el 70% de los alimentos y bebidas que ofrezcan deberán ser saludables. Además, estos productos tendrán que ocupar las filas centrales de las máquinas, las zonas de mayor visibilidad para los consumidores.
También se limitará la presencia de bebidas azucaradas y energéticas. En las máquinas de bebidas calientes, como las de café, las opciones se ofrecerán por defecto sin azúcar añadido. Quienes lo deseen podrán incorporar hasta cinco gramos adicionales de azúcar.
Otra de las medidas será facilitar el acceso gratuito al agua potable mediante la instalación de fuentes y una señalización adecuada para que los usuarios puedan localizarlas fácilmente.
Los menús estarán supervisados por profesionales de nutrición
La planificación de las comidas deberá contar con la supervisión de profesionales con formación acreditada en nutrición humana y dietética. Además, siempre que sea posible, los platos deberán elaborarse en las cocinas de los propios centros.
Los menús tendrán que adaptarse a cada grupo de edad y a las necesidades de las personas usuarias. Esto implica tener en cuenta tanto las circunstancias relacionadas con la salud como las necesidades éticas o religiosas de cada persona.
En hospitales y centros residenciales también se realizarán cribados nutricionales para detectar posibles situaciones de desnutrición y mejorar la atención alimentaria de las personas que lo necesiten.
Menos desperdicio alimentario y envases de plástico
La sostenibilidad es otro de los aspectos que recoge el real decreto. Los centros deberán adoptar medidas para reducir el desperdicio alimentario, mejorar la planificación de los menús y aprovechar mejor los ingredientes.
También se plantea reducir el uso de envases y vajillas de plástico, así como de los envases monodosis. El objetivo es fomentar el uso de materiales más sostenibles y disminuir el impacto ambiental asociado a la preparación y el consumo de alimentos.
Todas estas medidas siguen las recomendaciones de organismos científicos y sanitarios como la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), que buscan mejorar tanto la calidad de la alimentación como la sostenibilidad de los servicios de restauración colectiva.
Fuente: nota de prensa del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.