Por qué tu planta no florece: causas y solución

Cuando una planta no florece puede haber múltiples causas.

La luz es uno de los factores más importantes para que la planta florezca
La luz es uno de los factores más importantes para que la planta florezca

Entramos en un jardín en primavera y resulta difícil no fijarse en ellas. Flores rojas, amarillas, violetas, enormes, diminutas, perfumadas o prácticamente sin olor. Algunas plantas parecen competir por llamar nuestra atención mientras otras pasan completamente desapercibidas. Desde nuestra perspectiva las flores son uno de los elementos más decorativos de una planta y, aunque muchas veces configuramos nuestro jardín para explotar este hecho durante la primavera, sabemos que no han aparecido para adornar nuestros hogares. Así es la realidad de las plantas: muchas veces las vemos como un elemento decorativo, pero en realidad son seres vivos extraordinariamente complejos. Y dentro de esta complejidad debemos comprender que para una planta fabricar una flor supone invertir recursos, producir estructuras que muchas veces durarán apenas unos días y, en algunos casos, generar colores, aromas o incluso recompensas en forma de néctar. ¡Demasiado esfuerzo simplemente para estar bonita!

Cuando una planta no florece puede haber muchas causas
Cuando una planta no florece puede haber muchas causas

La verdadera explicación de por qué existen las flores es mucho más interesante que su simple función decorativa. Las flores son estructuras reproductoras y muchas de las características que tanto nos atraen forman parte de un sistema de comunicación desarrollado durante millones de años de evolución. Solo que, en la mayoría de los casos, el mensaje no está dirigido a nosotros. ¿Quieres saber para qué sirve una flor? ¡Te cuento todo lo que la biologia vegetal esconde!

¿Para qué sirve realmente una flor?

Las flores participan en la reproducción sexual de las angiospermas, el enorme grupo de plantas que conocemos precisamente como plantas con flores. En ellas encontramos las estructuras encargadas de producir los gametos y hacer posible que se produzca la fecundación. Simplificando mucho, el polen debe alcanzar las estructuras femeninas adecuadas para que posteriormente pueda producirse la unión de los gametos.

Después de la fecundación comienza otra transformación extraordinaria: los óvulos fecundados darán lugar a las semillas y, en muchas plantas, el ovario de la flor participará en la formación del fruto. Esto significa que una manzana, un tomate o un melocotón tienen detrás una historia que comenzó anteriormente con una flor.

Pero aparece un problema bastante evidente: las plantas no pueden levantarse del suelo y caminar hasta encontrar pareja. El polen tiene que viajar de alguna manera. ¿Qué opciones encontramos? Muchas, aunque algunas más útiles que otras.

Las plantas, por ejemplo, pueden lanzar su polen al aire y dejar que el viento haga el trabajo. Gramíneas y numerosos árboles presentan este tipo de polinización y producen grandes cantidades de un polen ligero que puede ser transportado por las corrientes de aire. Es una estrategia que permite ahorrar recursos en determinadas estructuras, ya que no necesitan flores tan complejas y llamativas como aquellas que habitualmente valoramos por su belleza. Tienen flores, sí, pero suelen ser mucho más discretas y no necesitan invertir tantos recursos en atraer visitantes mediante colores, aromas o néctar. En cierto modo, pueden funcionar como auténticas fábricas de polen.La estrategia tiene una desventaja evidente: el viento no sabe dónde tiene que llevarlo. Buena parte de esos granos nunca llegará al lugar adecuado. Por eso producir grandes cantidades de polen puede aumentar las probabilidades de que algunos sí lo consigan.

Sin embargo, otras plantas encontraron a lo largo de la evolución una solución completamente diferente: utilizar animales como transportistas. ¡Por este motivo existen flores tan bonitas! ¡Para que los animales se fijen en ellas!

Los animales son los encargados de transportar el polen
Los animales son los encargados de transportar el polen

¿Qué significa una flor para otros seres vivos?

Una abeja que vuela por nuestro jardín no percibe necesariamente una flor como nosotros. Su sistema visual es diferente y puede detectar, por ejemplo, radiación ultravioleta que nosotros no podemos ver. Algunas flores presentan patrones visibles en estas longitudes de onda que pueden funcionar como señales que orientan al visitante hacia determinadas zonas de la flor.

También encontramos aromas producidos mediante diferentes compuestos volátiles. Una flor puede liberar estas moléculas al aire y aumentar así las probabilidades de ser localizada por determinados animales. Incluso la forma importa, flores tubulares, abiertas, profundas o con determinadas plataformas pueden facilitar el acceso a unos visitantes y dificultárselo a otros. La anatomía de la flor y la del polinizador pueden llegar a estar estrechamente relacionadas.

Además, la flor no atrae únicamente a los animales por su belleza, como nos puede pasar a nosotros. Normalmente la planta produce un regalo para ellos: el néctar. Pero fabricar azúcar tiene un coste para la planta, ¿le es rentable?

¿Qué espera una planta de otro ser vivo?

Para los animales la producción de nectar (o de frutos cuando la flor se transforma…) es un verdadero regalo de la naturaleza que puede ser la diferencia entre sibrevivir o perecer. Para el animal puede proporcionar un servicio extraordinariamente valioso. Pero… ¿son las plantas seres altruistas? Un concepto clave de la evolución que nos permite entender qué sucede es que aún cuando un ser vivo parece que ayuda a otro siempre se está ayudando en realidad a sí mismo.

En el caso de las flores mientras un animal busca alimento entre ellas entra en contacto con las estructuras de la flor y el polen puede quedar adherido a distintas partes de su cuerpo. Cuando visita posteriormente otra flor compatible, parte de ese polen puede depositarse allí. Desde nuestra perspectiva vemos una abeja alimentándose. Desde la perspectiva de la planta estamos observando un sistema de transporte. Evidentemente, ninguna planta ha diseñado conscientemente esta estrategia ni la abeja ha firmado un contrato con ella. Las relaciones actuales son el resultado de una larga historia evolutiva en la que determinadas características han favorecido el éxito reproductivo de plantas y polinizadores. ¡Y nosotros disfrutamos de unas y otras!

La floración está estrechamente relacionada con el ambiente
La floración está estrechamente relacionada con el ambiente

Florecer sale caro

Desde luego a los animales les interesa que las plantas produzcan flores: es un valioso recurso. Y en parte a la planta también le es útil, ya que les ayuda a reproducirse. Pero una flor no aparece de la nada. La planta necesita fabricar pétalos y otras estructuras florales, proteínas, pigmentos, compuestos aromáticos, polen y, en muchas especies, néctar. Y todo ello requiere materia y energía. Además, después de conseguir la polinización todavía queda una inversión enorme: desarrollar semillas y, en las especies que los producen, frutos.

Por este motivo la floración está estrechamente relacionada con el estado de la planta y con las condiciones ambientales. Antes de invertir en reproducción, la planta necesita disponer de suficientes recursos. Podemos imaginarlo como un presupuesto. Con la energía obtenida mediante la fotosíntesis y los nutrientes disponibles debe mantener sus tejidos, producir hojas y raíces, defenderse, reparar daños, crecer y reproducirse. No puede gastar indefinidamente en todo al mismo tiempo. Aquí es donde entender a nuestras plantas nos puede ayudar directamente en nuestro jardín.

¿Por qué mi planta no florece?

Esta es una de las preguntas más habituales entre quienes cultivamos plantas. Compramos una especie precisamente por sus flores, pasan los meses y tenemos una magnífica colección de hojas verdes… pero ni una sola flor.

Y nuestra primera reacción suele ser buscar algún producto que “active” la floración. Sin embargo, antes deberíamos preguntarnos algo mucho más importante: ¿están dadas las condiciones para que a esa planta le interese invertir en reproducirse?

Una de las causas más frecuentes puede ser la luz. La fotosíntesis proporciona la energía que sostiene gran parte de la actividad de la planta. Una especie cultivada con menos luz de la que necesita puede mantenerse viva e incluso producir nuevas hojas, pero no disponer de las condiciones necesarias para realizar una floración abundante. Es decir, le faltan recursos y debe priorizar sobrevivir y crecer a reproducirse.

Además, en muchas especies no importa únicamente cuánta luz reciben, sino también la duración relativa del día y de la noche. Es lo que conocemos como fotoperíodo y les sirve para saber cuando es un buen momento para florecer. El problema es que sirve como señal de activación y si las condiciones no son las adecuadas (o ellas piensan que no lo son) sencillamente no florecerán.

También existe otro factor que solemos olvidar: la edad. Muchas plantas atraviesan una fase juvenil durante la cual no son capaces de florecer aunque aparentemente estén creciendo perfectamente. Durante ese periodo invierten fundamentalmente en desarrollar raíces, tallos y hojas. El ejemplo más claro es cuando tenemos árboles cultivados a partir de semillas… ¡Que pueden necesitar años antes de alcanzar la madurez reproductiva!

Muchas veces tratamos de comprar productos que potencien la floración, pero la realidad es que el exceso de cuidados tampoco garantiza flores Más fertilizantes no significa necesariamente más floración. Es más, un aporte excesivo de determinados nutrientes, especialmente cuando favorece un crecimiento vegetativo muy intenso, puede producir plantas llenas de hojas y tallos sin conseguir necesariamente la floración que esperábamos.

El exceso de cuidados puede puede ser perjudicial para la floración
El exceso de cuidados puede puede ser perjudicial para la floración

Como has visto, las flores no existen para decorar nuestras terrazas ni para llenar nuestros jardines de color. Son estructuras reproductoras en las que las plantas pueden realizar una importante inversión de recursos. Así que la próxima vez que acerques la nariz a una flor atraída por su perfume o te detengas ante unos pétalos de colores intensos, recuerda algo curioso: probablemente acabas de responder a una señal que nunca estuvo dirigida a ti. El verdadero destinatario quizá esté volando en ese mismo momento hacia la flor.

Manuel Gras

Manuel Gras es biólogo graduado por la Universidad de Alicante, con formación transversal en biología biosanitaria y ambiental. Investigador en el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio (IMEM) de la Universidad de Alicante, estudia el impacto de distintos factores sobre los ecosistemas áridos y semiáridos. Máster en Educación en la especialidad de ciencias, compagina su labor investigadora con la divulgación científica.

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