Esta puede ser la razón por la que tus plantas no florecen nunca

Conoce por qué tu planta no florece como deseas y qué puedes hacer para ayudarla.

Una planta florece mejor cuando no está hiperestimulada en crecimiento
Una planta florece mejor cuando no está hiperestimulada en crecimiento

¿Tú también tienes una planta que, hagas lo que hagas, no florece nunca? Somos conscientes de que esto suele generar frustración, ¡nos ha pasado! La cuidamos, la regamos, la abonamos… y, aun así, no aparecen flores. Lo primero que conviene asumir es que la floración no es automática. En realidad es una fase concreta del ciclo de la planta, regulada por señales internas (hormonales) y externas (luz, temperatura, nutrientes…), todo esto combinado con una salud excelente y los suficientes recursos como para que la planta se reproduzca. Si esas condiciones no están alineadas, la planta prioriza crecer, no reproducirse. Y esto no tiene por qué ser un problema grave, pero debemos ser capaces de solucionarlo.

La floración es una fase concreta del ciclo de la planta
La floración es una fase concreta del ciclo de la planta

En este artículo hablamos sobre qué controla la floración y qué podemos hacer para promoverla. ¿Te interesa? ¡Ayudemos a la primavera!

Factores hormonales y ambientales: la decisión de florecer

El cambio de crecimiento vegetativo (producción de hojas y tallos) a crecimiento reproductivo (producción de flores y frutos) está controlada por hormonas y por señales del entorno. Dos de las más importantes son el fotoperíodo y la temperatura.

El fotoperíodo es, básicamente, cuanto dura la noche. Muchas especies florecen solo cuando las noches alcanzan cierta longitud, ya que esta es una manera que tienen las plantas de saber en qué momento del año se encuentran. Cuando hablamos de temperatura nos referimos a la vernalización, es decir, a la necesidad de las plantas de pasar frío o acumular calor para activar la floración.

A nivel interno todo esto se traduce en la intervención de hormonas como las giberelinas (que pueden estimular la floración en ciertas especies) y el equilibrio entre auxinas y citocininas. Cuando el entorno es el adecuado se activan los genes de floración, conocidos como florígenos, y desencadenan este precioso proceso. Por tanto, si la planta no recibe la señal adecuada (luz insuficiente, noches interrumpidas, temperaturas fuera de rango…) o no tiene los recursos necesarios, no cambia de fase. Puede crecer mucho… y no florecer nunca. Muchas veces no es porque no pueda, sino porque el entorno no le está diciendo que lo haga.

Exceso de nitrógeno: mucho verde, pocas flores…

El nitrógeno es esencial para el crecimiento de hojas y tallos, eso es sabido por todos los aficionados a la jardinería. Pero muchas veces más no es mejor, como ya vimos en nuestro artículo sobre la respiración de las raíces. Cuando este nutriente está en exceso, la planta entra en modo “vegetativo permanente”. ¿Qué significa esto? Que ante tanta cantidad de recursos la planta trata de invertir en un rápido crecimiento, y empieza a producir hojas grandes, verdes y abundantes… pero poca o nula floración.

Si te ha ocurrido, no te preocupes, ya que es uno de los errores más comunes: abonar “por si acaso” con fertilizantes ricos en nitrógeno. Sin embargo, si queremos favorecer la floración, conviene equilibrar el abonado, reduciendo el nitrógeno (N) y aumentando fósforo (P) y el potasio (K), nutrientes mucho más asociados a la floración y al desarrollo de yemas. Como ves, en realidad no se trata de eliminar el nitrógeno, sino de que su proporción no sea mayor que los otros elementos, al menos en fases donde queremos flores.

La cantidad de luz que recibe la planta es clave para la floración
La cantidad de luz que recibe la planta es clave para la floración

Luz, mucho más valiosa de lo que podemos pensar

La luz es doblemente importante, por un lado, por la intensidad, es decir, la cantidad de luz. Esta luz es la fuente de energía de la planta, sin suficiente luz no hay suficiente energía, por lo que la planta no tiene recursos para florecer. Por otro lado, la duración (el fotoperíodo) determina el momento de florecer en muchas especies, como hemos comentado antes.

La luz es, precisamente, otro de los errores habituales. ¿Sabes cuáles son las plantas que más comúnmente no florecen? ¡Las del interior de nuestras casas! Así es, las plantas de sol colocadas en interior o sombra crecen débiles y no florecen. La floración es aún más difícil por culpa de la luz artificial encendida por la noche, que interrumpe la oscuridad necesaria en especies de día corto. Cuando una especie tiene pocas horas de luz útil, como ocurre dentro de nuestras casas, la planta sobrevive, pero no entra en fase reproductiva.

¿Cuál es mi consejo? Que ubiques cada especie donde reciba la luz que necesita. Si quieres puedes devolverla al interior cuando por fin haya florecido, ¡no antes!

¿Cuándo y cómo puede la poda arruinar la floración?

Podar mal es una causa clásica del porqué una planta no florece nunca. ¿El motivo? Muchas plantas florecen sobre madera del año anterior. Por tanto, si podas en invierno, eliminas las yemas florales. Aunque este no fuese el caso, si realizas podas demasiado severas la planta responde con brotes vegetativos, no con flores. Es decir, prioriza el crecimiento para recuperarse en lugar de reproducirse. Si además no seguimos el calendario de podas y lo hacemos en el momento equivocado podemos desincronizar el ciclo, bloqueando la floración.

Un consejo muy práctico es que si la planta florece en primavera realices podas ligeras tras la floración. Si florece en verano/otoño sobre brotes nuevos, entonces sí que puedes podar abundantemente a finales de invierno. Sin embargo, si tienes la necesidad de hacer podas drásticas… quizás esa primavera no florezca. Puede ser un alto precio a pagar, pero hay veces que es necesario.

Edad y estado de la planta

No todas las plantas están listas para florecer en cualquier momento. Hay veces que no florecen porque no pueden hacerlo. Por ejemplo, las plantas jóvenes pueden necesitar tiempo para alcanzar madurez. Otro ejemplo son aquellas que han tenido trasplantes recientes, donde ocurre algo muy parecido a cuando han ocurrido podas. En este caso las plantas priorizan el crecimiento vegetativo e invierten sus energías en producir raíces en lugar de flores.

En otras ocasiones no ocurre la floración porque la planta está sufriendo un estrés excesivo. Por ejemplo cuando hay plagas, sequía, exceso de agua… En todos estos casos la planta aplaza la reproducción y prioriza la supervivencia.

Aquí encontramos un concepto importante que debemos recordar cundo cuidemos una planta: la planta solo florece cuando tiene suficiente energía y estabilidad. Esto también nos sirve para conocer el estado de nuestro jardín, ¿hay abundante floración? ¡Buena señal!

Las plantas solo florecen cuando tienen suficiente energía y estabilidad
Las plantas solo florecen cuando tienen suficiente energía y estabilidad

El sustrato y las raíces: lo que no se ve también cuenta

Un sustrato compacto, mal drenado o pobre en oxígeno limita la absorción de nutrientes. Y sin nutrientes disponibles, no hay floración. Aquí también influye el tamaño de la maceta: en macetas demasiado grandes la planta invierte en raíces libremente porque hay más nutrientes disponibles. En macetas muy pequeñas hay falta de recursos, lo que dificulta la floración. En muchos casos, un ligero “ajuste” de espacio radicular favorece la floración, aunque no tenga por qué ser en ese mismo periodo.

Prácticas para potenciar la floración

Una vez corregidos los problemas, hay estrategias que ayudan a mejorar la floración. Por ejemplo, un estrés hídrico ligero y controlado en algunas especies puede inducir la floración, aunque probablemente la mejor idea sea utilizar abonos específicos de floración en el momento adecuado. Como hemos ido comentando, es fundamental que respetemos el fotoperíodo (especialmente en interior, donde esto suele ser bastante problemático) y que nuestra planta tenga una buena exposición lumínica.

Además, en muchos casos una planta florece mejor cuando no está hiperestimulada en crecimiento. De esta manera reconduce los esfuerzos a la floración.

Como ves, en realidad una planta no florece cuando queremos, sino que florece cuando puede. Nuestra tarea no es forzarla, sino entender qué le falta para llegar a ese punto. Solo entonces podremos disfrutar de todo el esplendor de nuestro jardín

Manuel Gras

Manuel Gras es biólogo graduado por la Universidad de Alicante, con formación transversal en biología biosanitaria y ambiental. Investigador en el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio (IMEM) de la Universidad de Alicante, estudia el impacto de distintos factores sobre los ecosistemas áridos y semiáridos. Máster en Educación en la especialidad de ciencias, compagina su labor investigadora con la divulgación científica.

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