La técnica que usan los bosques para cuidarse solos y que puedes copiar en tu jardín
Cómo el acolchado protege, ahorra agua y frena las malas hierbas
Cuando pensamos en cuidar nuestras plantas solemos prestar atención al riego, al abonado o a la cantidad de luz que reciben. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de algo que ocurre justo debajo de ellas: el suelo permanece completamente expuesto al sol, al viento y a los cambios de temperatura. En la naturaleza esto no suele ocurrir. Basta con observar el suelo de un bosque para comprobar que rara vez está desnudo. Y, además, cuando está desnudo suele ser un problema. Lo más habitual es que hojas, ramas, restos vegetales y pequeñas plantas forman una cubierta que lo protege constantemente. ¿En tu jardín también ocurre esto?
La buena noticia es que podemos imitar este proceso en nuestros jardines y huertos mediante una técnica muy sencilla: el acolchado o mulching. Consiste en cubrir la superficie del suelo con una capa de determinados materiales, generalmente orgánicos, para crear una barrera entre la tierra y el ambiente. Y aunque pueda parecer una cuestión puramente estética, sus efectos van mucho más allá. ¿Quieres saber todo sobre esta técnica? ¡Te la cuento en este artículo!
El acolchado ayuda a conservar la humedad
Probablemente, sea una de sus ventajas más conocidas. Cuando regamos, una parte del agua es absorbida por las raíces, otra se infiltra hacia capas más profundas y otra termina regresando a la atmósfera mediante evaporación. En verano este último proceso puede ser especialmente importante. Piensa que el sol calienta directamente la superficie del suelo y el agua se pierde con mucha más rapidez, por lo que si podemos evitar que esto ocurra con tanta intensidad estaremos logrando retener parte de esta humedad para que nuestras plantas lo aprovechen.
El acolchado precisamente funciona como una especie de cubierta protectora que dificulta que la radiación solar llegue directamente a la tierra y reduce el movimiento del aire sobre su superficie. Como consecuencia, la evaporación disminuye y la humedad permanece disponible durante más tiempo. Esto no significa que podamos dejar de regar, pero sí que podremos aprovechar mucho mejor cada riego.
También funciona como aislante térmico
El suelo desnudo puede alcanzar temperaturas sorprendentemente elevadas cuando recibe varias horas de sol directo. Piensa en el calor que puedes experimentar un día de verano Esto también afecta a nuestras plantas. Aunque normalmente nos preocupamos por las quemaduras en las hojas durante una ola de calor, las raíces también son sensibles a las temperaturas extremas. El problema resulta todavía más evidente en las capas superficiales del suelo, donde encontramos numerosas raíces jóvenes responsables de absorber agua y nutrientes. Una capa de acolchado reduce la cantidad de radiación que llega directamente al terreno y suaviza sus cambios de temperatura.
Es decir, durante el día evita que se caliente demasiado y durante la noche ralentiza la pérdida de calor. Podríamos imaginarlo como el aislamiento de una vivienda: no genera frío ni calor, simplemente hace que la temperatura cambie más lentamente.
Una barrera contra las malas hierbas
En la lucha contra las malas hierbas encontramos otra de las grandes ventajas. Debemos entender que para germinar y desarrollarse, muchas semillas necesitan determinadas condiciones de luz, humedad y temperatura. Cuando cubrimos el suelo con varios centímetros de acolchado, reducimos considerablemente la cantidad de luz que llega hasta ellas. Además, las pequeñas plántulas que consiguen germinar deben atravesar toda esa capa antes de alcanzar la superficie. El resultado es una reducción considerable de las llamadas malas hierbas.
¡Ojo! Esto no significa que vayan a desaparecer completamente. Algunas especies poseen enormes reservas en sus semillas o estructuras subterráneas capaces de atravesar el acolchado sin demasiadas dificultades. Sin embargo, normalmente aparecerán muchas menos y las que consigan desarrollarse serán más fáciles de controlar. ¡Otro aspecto positivo del acolchado!
¿Qué podemos utilizar como acolchado?
Ahora que nos hemos convencido de que apostar por el acolchado es una gran idea tenemos que saber cómo aplicarlo adecuadamente. No existe un único material perfecto, en realidad la elección dependerá del tipo de cultivo, del clima y del efecto que queramos conseguir.
La corteza de pino es probablemente una de las opciones más conocidas en jardinería ornamental. Tiene una degradación relativamente lenta y proporciona un acabado bastante uniforme, por lo que resulta especialmente interesante alrededor de árboles, arbustos y macizos. Es un material bastante sencillo de obtener y relativamente barato. Otra opcion es la paja, que se utiliza muchísimo en huertos. Es ligera, económica y proporciona un buen aislamiento, aunque se degrada más rápidamente y estéticamente quizás no sea la mejor opción.
Las hojas secas también constituyen una excelente alternativa y, además, podemos obtenerlas gratuitamente durante el otoño. En lugar de considerarlas un residuo, podemos devolverlas al suelo y aprovechar los nutrientes que contienen. También podemos utilizar restos de poda triturados, astillas de madera o compost parcialmente maduro, dependiendo de las necesidades del jardín.
Incluso existen acolchados inorgánicos como grava, piedra volcánica o determinados materiales sintéticos. Estos no aportan materia orgánica al suelo, pero pueden resultar útiles para reducir la evaporación y dificultar el crecimiento de hierbas.
¿Cuánto acolchado debemos colocar?
Aquí aparece uno de los errores más habituales: pensar que cuanto más acolchado, mejor. Una capa demasiado fina apenas conseguirá bloquear la luz o reducir significativamente la evaporación. Pero una excesivamente gruesa también puede generar problemas. Como referencia general, una capa de aproximadamente 5-10 centímetros suele funcionar bien con muchos acolchados orgánicos, aunque dependerá del material utilizado. La paja, por ejemplo, se compacta considerablemente con el tiempo, mientras que las astillas de madera mantienen mejor su estructura.
Lo importante es conseguir una capa suficiente para cubrir completamente el suelo sin crear una barrera excesiva que dificulte el intercambio de gases o la infiltración del agua.
¿Cuándo merece la pena utilizarlo?
La respuesta rápida es que el acolchado es útil prácticamente durante todo el año. En verano ayuda a conservar la humedad y protege el suelo frente a las temperaturas extremas, mientras que durante los meses fríos amortigua los cambios térmicos y puede proteger parcialmente las raíces superficiales.
Además, es realmente útil sin importar exactamente como tengamos distribuidas nuestras plantas. Es decir, en huertos reduce la aparición de hierbas competidoras y evita que algunos frutos, como fresas, calabacines o calabazas, permanezcan directamente apoyados sobre suelo húmedo, y en jardines ornamentales proporciona, además, un acabado mucho más uniforme.
Piensa que en realidad es una técnica muy sencilla que imita a la naturaleza. El acolchado funciona precisamente porque reproduce algo que los ecosistemas llevan haciendo millones de años. En un bosque nadie retira continuamente las hojas que caen al suelo y estas forman una capa protectora que conserva la humedad, amortigua los cambios de temperatura y termina incorporándose nuevamente al terreno gracias a la actividad de los organismos descomponedores. Por lo que aplicar acolchado en nuestro jardín consiste, en cierto modo, en imitar ese proceso. ¡Y ya sabes que siempre decimos que imitar a la naturaleza es una buena idea!
Como has visto, el acolchado es una idea muy sencilla. Por supuesto, no solucionará todos los problemas de nuestras plantas ni sustituirá a un buen riego o a un suelo correctamente estructurado. Sin embargo, utilizado adecuadamente puede ayudarnos a reducir la evaporación, controlar las malas hierbas, proteger las raíces y mejorar progresivamente las características del terreno. ¡Es tan sencillo que utilizarlo en nuestro jardín es casi una obligación!