¿Se puede comer la corteza del queso?
Algunos quesos tienen cortezas artificiales hechas de parafina, cera o plástico
Si eres de la escuela del «se come todo» o «en esta casa no se tira nada», entonces seguro que comes hasta la corteza del queso. Sin embargo, no todas las cortezas se pueden consumir; depende de si son naturales o están hechas de forma artificial. Descubre la guía para saber cuándo sí se puede comer la corteza del queso y cuándo no.
Las cortezas que sí se pueden comer
Siempre que la corteza del queso sea natural y forme parte del proceso de maduración, se podrá consumir sin riesgo. Este tipo de cortezas son las que podemos encontrar en quesos de pasta blanda, como el Brie o el Camembert, en las que se forman mohos que son completamente comestibles y les aportan su sabor característico.
También son naturales las cortezas de los quesos curados o artesanales, como los manchegos o el parmesano. La corteza en estos quesos se forma sola durante la curación y aporta intensidad al sabor.
En ocasiones la corteza de los quesos como el parmesano, el pecorino o el grana padano es demasiado dura y no resulta agradable consumirla. ¡No la tires! Todavía se puede aprovechar: añádela a caldos, sopas, risottos o a un ragú de ternera para potenciarlos y aportarles notas de umami. Incluso la puedes guardar en el congelador en una bolsa o recipiente hermético y utilizarla cuando la necesites añadiéndola a la cazuela directamente, sin descongelar.
Las cortezas que no se deben comer
En el caso de que el queso tenga una corteza artificial, no deberá consumirse. Estas cortezas suelen estar hechas de parafinas, ceras, plásticos o pinturas específicas para protegerlo y mejorar su aspecto visual.
Muchas veces estos quesos llevan etiquetas que especifican claramente «corteza no comestible», aunque si la consumes por error, no te agobies, generalmente no es tóxica; simplemente tu cuerpo no la podrá digerir y la expulsará de manera natural.
Existen muchos quesos famosos que tienen cortezas artificiales:
- Gouda industrial. Este queso típico de Países Bajos suele llevar una cobertura de parafina que suele ser roja, amarilla o negra.
- Edam. Originario también de los Países Bajos, viene recubierto de una capa de parafina o plástico, normalmente de color rojo o amarillo.
- Quesos semicurados comerciales. Aunque normalmente los quesos que se curan suelen desarrollar cortezas naturales, los comerciales con poco tiempo de maduración suelen venir bañados en cera o tratamientos antifúngicos.
Cómo diferenciar una corteza artificial de una natural
Si estás en duda sobre si el queso que estás a punto de comer tiene una corteza natural o artificial, con un simple vistazo rápido serás capaz de diferenciarlas sin problema:
- Aspecto brillante. Si el exterior es brillante y la superficie es pulida, lisa y uniforme, la corteza es de cera o parafina.
- Colores llamativos. Los tonos rojos, amarillos intensos o negros puros no provienen de ningún moho natural, por lo que es otra clave que indica que estás ante un queso con corteza artificial.
- La etiqueta. Muchas etiquetas llevan advertencias sobre la corteza.