Si tus plantas sufren en verano, el problema podría estar bajo tierra

Regar demasiado y mal puede crear plantas más débiles y dependientes.

Las raíces superficiales reducen la resistencia al calor, la sequía y el viento
Las raíces superficiales reducen la resistencia al calor, la sequía y el viento

Cuando una planta crece mal solemos mirar las hojas. Si amarillean, pensamos en nutrientes, si se secan, pensamos en falta de agua. Si florece poco, buscamos problemas en la poda o en la fertilización. Nos calentamos la cabeza con qué está pasando con aquello que podemos ver. Sin embargo, muchas veces el origen del problema se encuentra donde casi nunca miramos: bajo tierra. Aunque a veces se nos pueda olvidas, las raíces constituyen la mitad de una planta. Son las responsables de absorber agua y nutrientes, anclar el ejemplar al suelo y almacenar reservas energéticas. Por eso, cuando el sistema radicular no se desarrolla correctamente, toda la planta acaba sufriendo las consecuencias. Nos solemos preocupar por cómo se ve nuestra planta, pero… ¿También cuidamos lo que no se ve?

Las plantas acostumbradas al riego no crean raíces profundas
Las plantas acostumbradas al riego no crean raíces profundas

Uno de los problemas más frecuentes, tanto en jardines privados, públicos como en cultivos, es la aparición de sistemas radiculares superficiales. El motivo está claro: son plantas que se han acostumbrado a depender constantemente del riego, por lo que no tienen esa motivación para profundizar en búsqueda de agua. Como consecuencia son plantas que sufren más durante las olas de calor, presentan menor estabilidad y muestran una capacidad limitada para soportar periodos de sequía. La buena noticia es que, en muchos casos, este problema no depende tanto de la especie como de cómo la cultivamos. ¿Quieres entender este problema para evitarlo en tu jardín? ¡Te cuento todo lo que necesitas saber en este artículo!

¿Qué son las raíces superficiales?

Todas las plantas poseen raíces que ocupan distintas capas del suelo en función del ambiente y de sus necesidades. Algunas especies desarrollan naturalmente sistemas radiculares muy profundos, mientras que otras tienden a concentrar gran parte de sus raíces cerca de la superficie. Sin embargo, incluso especies capaces de profundizar pueden acabar desarrollando raíces superficiales si las condiciones del cultivo las empujan a ello.

Cuando hablamos de raíces superficiales nos referimos a sistemas radiculares que concentran la mayor parte de su actividad en los primeros centímetros del suelo, donde encuentran agua y nutrientes con facilidad, y que incluso pueden comenzar a sobresalir a la superficie. Esto, que a corto plazo parece una ventaja y puede ayudar a establecer plantas cuando comenzamos a cultivarlas, a largo plazo suele convertirse en una debilidad.

La explicación de por qué ocurre es bastante lógica si pensamos como una planta. En realidad las raíces no crecen por capricho. Crecen donde encuentran recursos, crecen hacia los recursos. Por tanto, si el agua aparece siempre en los primeros centímetros del suelo en realidad no existe ningún incentivo para invertir energía en explorar capas más profundas. Es más, en estas circunstancias si la planta decidiera producir raíces profundas en realidad, desde su punto de vista, sería un gasto innecesario de recursos.

Por eso muchas raíces superficiales son consecuencia directa de nuestras prácticas de cultivo y no son para nada habituales en la naturaleza.

¿Por qué aparecen las raíces superficiales?

Probablemente, el factor más importante sea el tipo de riego que aplicamos. Existe una práctica muy común que consiste en aportar pequeñas cantidades de agua todos los días o cada pocos días. Aunque parezca beneficiosa, y lo hacemos con la mejor de las intenciones, suele generar varios problemas, como humedecer únicamente la superficie, no favorecer la exploración profunda, crear dependencia de riegos frecuentes y aumentar la evaporación.

Las plantas de nuestro jardín son mucho más inteligentes de lo que pensamos y aprenden rápidamente dónde está el recurso. Si el agua siempre aparece en los primeros centímetros, las raíces se concentran precisamente ahí. Y mientras no exista una perturbación intensa, ni esta forma de recibir el agua cambie, la planta estará siendo lo más eficiente que puede en estas circunstancias.

El problema aparece cuando llega una semana de calor intenso, una avería en el sistema de riego o unas vacaciones. Es entonces cuando las raíces superficiales encuentran muy poca reserva de agua y el estrés hídrico aparece rápidamente.

Curiosamente en el otro extremo tenemos que el exceso de agua también puede producir raíces superficiales y, en general, limita el desarrollo radicular.

En este caso el problema es que cuando el suelo permanece constantemente saturado disminuye el oxígeno disponible, aumenta el riesgo de asfixia radicular y se reduce el crecimiento de nuevas raíces. ¡Recuerda que las raíces también respiran! En estas condiciones la planta suele desarrollar sistemas radiculares pobres y poco profundos.

Si las raíces no pueden profundizar se quedan en la superficie
Si las raíces no pueden profundizar se quedan en la superficie

No todo depende del riego: la importancia de la estructura del suelo

El suelo puede convertirse en una auténtica barrera física para las raíces. Piensa que un suelo compactado presenta menos poros, menor oxigenación y mayor resistencia mecánica. Es decir, si las raíces encuentran dificultades para avanzar, terminan concentrándose en las capas más superficiales.

Este problema es muy frecuente en jardines muy transitados o en terrenos donde se utilizan repetidamente maquinaria pesada, donde capas y capas de suelo compactado acaban transformando el suelo es una masa impermeable.

Consecuencias para la planta

Dejando de lado la dificultad que una planta puede tener para absorber agua y recursos si sus raíces no son eficientes, el problema no acaba aquí. Otro de los efectos más visibles aparece cuando sopla el viento.

Las raíces profundas no solo buscan agua. También funcionan como anclajes. Una planta con raíces superficiales suele presentar menor estabilidad, mayor riesgo de vuelco y peor resistencia a temporales. Esto resulta especialmente evidente en árboles ornamentales y frutales, donde muchos ejemplares que caen durante episodios de viento intenso presentan sistemas radiculares poco desarrollados o excesivamente superficiales. ¿Te suena de algo?

Al igual que ocurre con el agua, los nutrientes tampoco se distribuyen uniformemente en el suelo. Algunos elementos pueden encontrarse en capas más profundas, por lo que las raíces que exploran mayores volúmenes de terreno disponen de más oportunidades para acceder a ellos.

Al final todo esto se traduce en que nuestras plantas se convierten en más dependientes de nosotros. Una planta con raíces profundas es más autónoma y puede soportar periodos secos, aprovechar lluvias esporádicas y acceder a recursos alejados sin nosotros. ¡Algo que nos vendría genial durante las vacaciones de verano!

Evita la compactación para que las raíces profundicen bien
Evita la compactación para que las raíces profundicen bien

¿Cómo favorecer raíces más profundas?

Estoy seguro de que ahora que sabes los problemas que podemos tener con demasiadas raíces superficiales querrás saber qué podemos hacer para evitarlo. Como te imaginarás, la estrategia principal consiste en cambiar la forma de regar.

En lugar de realizar riegos superficiales y frecuentes, suele ser preferible regar más profundamente, espaciar algo más los aportes y permitir que el suelo se seque parcialmente entre riegos. De esta forma el agua alcanza capas inferiores y las raíces tienen motivos para explorarlas. En esta línea el acolchado o mulching, una técnica muy utilizada por ejemplo en xerojardinería, se convierte en una herramienta extraordinaria. Nos ayuda a reducir la evaporación, mantener una humedad más estable y a moderar la temperatura del suelo. Esto favorece un entorno más adecuado para el desarrollo radicular profundo, además de proteger la estructura superficial del terreno.

Otras opciones que tenemos es mejorar la estructura del suelo y evitar la compactación, incorporar materia orgánica, evitar el pisoteo innecesario, reducir labores agresivas o favorecer la actividad biológica de lombrices, hongos y otros organismos, que contribuyen a crear canales y poros que facilitan el avance de las raíces. ¡Por algo los biólogos los llamamos ingenieros del suelo!

Como ves, las raíces superficiales suelen ser la consecuencia de cómo cultivamos nuestras plantas más que de una limitación biológica inevitable. Riegos frecuentes, compactación del suelo y malas prácticas de manejo favorecen sistemas radiculares poco profundos y más vulnerables. ¿Lo bueno de todo esto? ¡Que podemos hacer mucho para evitarlo!

Manuel Gras

Manuel Gras es biólogo graduado por la Universidad de Alicante, con formación transversal en biología biosanitaria y ambiental. Investigador en el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio (IMEM) de la Universidad de Alicante, estudia el impacto de distintos factores sobre los ecosistemas áridos y semiáridos. Máster en Educación en la especialidad de ciencias, compagina su labor investigadora con la divulgación científica.

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