Nueva advertencia en algunas etiquetas de cítricos: «Cáscara no apta para el consumo»

La cáscara de algunos cítricos no es apta para el consumo y este es el motivo

Cortar una tira de piel de limón
Cortar una tira de piel de limón | Sofía de la Torre

La ralladura de limón en un bizcocho, unas rodajas de naranja en una infusión o la piel de cualquiera de estos cítricos para aromatizar un postre tradicional como el arroz con leche. Son pequeños gestos que dan muchísimo sabor a nuestras recetas y que, normalmente, hacemos sin pensarlo demasiado. No obstante, hay una nueva advertencia que merece la pena tener en cuenta cuando compramos cítricos y es que algunas etiquetas ya avisan e incluyen una advertencia que indica que su cáscara no es apta para el consumo.

El aviso ha llamado la atención en redes sociales por la presencia de tratamientos fungicidas utilizados para proteger la fruta frente a los hongos. Entre las sustancias que se han mencionado están el azoxistrobin y el fludioxonil. Pero ¿significa esto que no podemos aprovechar la piel de los limones, las naranjas o las mandarinas que compramos habitualmente?

La respuesta no es tan sencilla como parece. No todos los cítricos reciben los mismos tratamientos ni todas las pieles tienen las mismas condiciones de uso. Para entender qué hay detrás de estas advertencias, conviene conocer qué dice la normativa europea, qué papel tienen los organismos de seguridad alimentaria y qué precauciones podemos tomar en casa. Toma buena nota, porque esto de interesa.

¿Por qué algunas etiquetas indican que la cáscara de los cítricos no es apta para el consumo?

Los cítricos pueden recibir tratamientos fitosanitarios en diferentes momentos, tanto mientras crecen en el árbol como después de la recolección. Durante el cultivo, se utilizan para proteger las naranjas, los limones y las mandarinas de plagas y enfermedades que pueden afectar a la cosecha.

Una vez recogidos, también pueden aplicarse otros tratamientos para evitar la aparición de hongos y podredumbres durante el almacenamiento y el transporte. Entre estos productos se encuentran algunos fungicidas, sustancias que ayudan a combatir los hongos y a conservar la fruta en buenas condiciones.

«Los productos fitosanitarios son mezclas químicas que contienen una o varias sustancias activas y otros ingredientes, y cuyo objetivo es proteger los vegetales y sus productos de organismos nocivos». — Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del Gobierno de España (MITECO)

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) explica que los productos fitosanitarios pueden emplearse para proteger los vegetales antes o después de la cosecha. Su utilización, no obstante, puede dejar residuos en los alimentos, por lo que la Unión Europea establece límites máximos para controlar las cantidades permitidas.

Por eso, si un envase indica expresamente que la cáscara no es apta para el consumo, lo más prudente es respetar esa advertencia. Es decir, podemos utilizar la pulpa de la fruta, pero no deberíamos aprovechar la piel para preparar ralladuras, infusiones, almíbares, distintos postres o decoraciones comestibles.

Infusionar leche con piel de limón y canela
Infusionar leche con piel de limón y canela | Sofía de la Torre

¿Qué son el azoxistrobin y el fludioxonil?

Son dos sustancias fungicidas que se utilizan para combatir hongos. No son ingredientes propios de la fruta, sino productos fitosanitarios cuyo uso está regulado y sujeto a condiciones específicas.

Su presencia en una etiqueta no significa, por sí sola, que el alimento incumpla la normativa. En la Unión Europea, los límites máximos de residuos (LMR) establecen la cantidad máxima permitida de cada sustancia en los alimentos cuando se ha utilizado correctamente. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (European Food Safety Authority, EFSA) evalúa los posibles riesgos para la salud y la Comisión Europea fija esos límites.

¿Es peligroso el fludioxonil para la salud?

Uno de los datos que más ha llamado la atención es la evaluación que publicó la EFSA en 2024 sobre el fludioxonil. En su revisión científica, la agencia concluyó que esta sustancia cumple los criterios establecidos para considerarla un disruptor endocrino para humanos y otros organismos.

Dicho de una forma más sencilla, se trata de una sustancia que puede interferir en el funcionamiento del sistema hormonal. Esta conclusión se basa en la evaluación de los estudios científicos disponibles y no debe confundirse con una demostración de que cualquier exposición alimentaria vaya a provocar daños en las personas.

Además, hay una diferencia importante que conviene no pasar por alto. Esta evaluación se refiere al fludioxonil, no al azoxistrobin. Tampoco significa que todos los cítricos tratados con fungicidas sean peligrosos o que consumir su pulpa suponga automáticamente un riesgo.

¿Basta con lavar los limones y las naranjas para comer su piel?

Si eres de las que aprovecha hasta la última pizca de ralladura de limón para preparar un bizcocho, seguro que esta pregunta te interesa. ¿Basta con lavar bien la fruta para poder utilizar su piel? La respuesta no es tan sencilla y es que no siempre basta. Lavar los cítricos antes de consumirlos es una buena costumbre, pero no garantiza que desaparezcan todos los posibles residuos de los tratamientos fitosanitarios.

La AESAN recomienda lavar las frutas y verduras bajo el grifo antes de comerlas o prepararlas, incluso cuando después vayamos a pelarlas. De esta forma, evitamos que la suciedad o los microorganismos que pueda haber en la superficie pasen al interior al cortar la fruta. En el caso de los cítricos, también podemos frotar suavemente la piel o utilizar un cepillo limpio adecuado para alimentos.

Eso sí, hay algo que conviene tener claro, si la etiqueta indica que la cáscara no es apta para el consumo, lavarla con agua no cambia esa advertencia. Tampoco podemos dar por hecho que el calor del horno, el agua caliente o la cocción eliminen por completo los posibles residuos.

Qué cítricos elegir si quieres aprovechar la ralladura

Si tienes pensado preparar un bizcocho de limón, aromatizar una infusión o darle un toque especial a una receta con piel de naranja, lo mejor es elegir frutas cuya etiqueta indique que su cáscara es apta para el consumo. Si no encuentras esa información o tienes dudas, puedes preguntarlo directamente en el establecimiento.

Los cítricos ecológicos certificados también pueden ser una alternativa interesante (aunque su precio es algo más elevado), puesto que este tipo de producción tiene normas específicas que limitan los productos fitosanitarios que pueden utilizarse. Pero ojo, porque ecológico no significa necesariamente que la fruta no haya recibido ningún tratamiento ni que esté completamente libre de residuos. Por eso, también en este caso merece la pena revisar el etiquetado.

¿Todas las naranjas, mandarinas y limones del supermercado llevan estos tratamientos?

No, y aunque este en el foco esta última advertencia, es importante aclararlo para no llevarnos a engaño. No todos los cítricos que encontramos en el supermercado reciben los mismos tratamientos ni podemos afirmar que todas sus pieles estén desaconsejadas para el consumo.

Limones en supermercado
Limones en supermercado

Depende de factores como el tipo de cultivo, el origen de la fruta, las condiciones en las que se conserva y los productos que se hayan utilizado durante su producción. Además, los tratamientos fitosanitarios están regulados en la Unión Europea y existen controles para comprobar que los residuos no superan los límites máximos permitidos.

Por eso, no hace falta renunciar a la ralladura de limón de nuestros bizcochos ni dejar de utilizar piel de naranja en las recetas. La clave está en algo tan sencillo como prestar un poco más de atención a lo que pone en el envase y las etiquetas. Si aparece una advertencia que indica que la cáscara no es apta para el consumo, lo mejor es reservar esa fruta para aprovechar su pulpa y elegir otra para cocinar con su piel.

Maitane Pinedo

Maitane Pinedo es periodista graduada por la UPV/EHU especializada en comunicación gastronómica, con más de cinco años de experiencia en Cocinatis. Ha trabajado mano a mano con cocineros profesionales para crear recetas y contenidos desde cero, y colabora también en Cocina Abierta. Su enfoque práctico y cercano, junto a su formación continua en SEO y redacción digital, la convierten en una voz de referencia para quienes quieren aprender a cocinar paso a paso.

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