Ni encharcado ni seco: el equilibrio del sustrato que casi nadie entiende

El drenaje de una planta es tan importante cómo saber cuando regarla.

El drenaje perfecto permite que la planta tenga la suficiente agua
El drenaje perfecto permite que la planta tenga la suficiente agua

En jardinería se repite la idea de que el drenaje es fundamental casi como un mantra. Y en buena parte lo es. Un suelo encharcado asfixia las raíces, favorece enfermedades y bloquea la absorción de nutrientes. Pero como ocurre con muchas recomendaciones, debemos entender por qué esto es así, ya que siempre suele existir un límite donde el asunto se da la vuelta. Normalmente, los extremos nunca son buenos y más drenaje mejor tu cultivo… Hasta que deja de hacerlo. Porque sí, el drenaje es importante… pero demasiado drenaje también puede ser un problema. Un sustrato que deja escapar el agua demasiado rápido puede impedir que la planta tenga acceso continuo a agua y nutrientes. El resultado no es un suelo sano, sino un sistema desequilibrado.

Tanto un drenaje excesivo, como uno que se queda corto pueden ser un problema
Tanto un drenaje excesivo, como uno que se queda corto pueden ser un problema

Por esto en este artículo te contamos todo lo que debes saber sobre el drenaje para que entiendas de una vez por todas qué es este concepto y, sobre todo, para que puedas decidir qué es lo mejor para tu jardín en cada caso concreto. ¿Te interesa?

¿Retención o drenaje?

Necesitamos ambos para un suelo sano. Desde un primer momento queremos romper el mito de que un buen sustrato es el que drena mucho. Esto no es así, sino que en realidad el mejor sustrato es aquel que equilibra retención de agua y aireación. ¡Las dos cosas son necesarias!

Para que lo entendamos fácilmente debemos pensar que el suelo ideal funciona como una esponja. Retiene agua suficiente para que la planta la aproveche, a la vez que deja espacio para el aire, necesario para la respiración de las raíces.

Si el drenaje es excesivo, el agua pasa demasiado rápido y el sustrato se seca antes de que la planta pueda absorberla. En cambio, si es insuficiente, el agua se acumula y desplaza el oxígeno, como ya vimos en nuestro artículo sobre el riego. En definitiva, ninguno de estos dos extremos nos interesa. Por tanto, no se trata de elegir entre drenaje o retención, sino de combinar ambos.

¿Qué ocurre cuando drenamos demasiado?

Un sustrato con exceso de drenaje presenta varias consecuencias. La primera y más obvia, una desecación rápida, ya que el agua no permanece el tiempo suficiente en la zona radicular. Esto va a provocar un estrés hídrico frecuente, puesto que la planta alterna entre exceso de agua (justo tras el riego) y sequía rápida.

A su vez cada vez que ocurre este ciclo sucede un “lavado del suelo” (lixiviación), es decir, el agua arrastra minerales antes de que puedan ser absorbidos. Esto se traduce en una menor disponibilidad de nutrientes, donde el nitrógeno nos va a preocupar porque es especialmente susceptible a perderse, aunque también esto ocurre con el potasio y otros minerales solubles.

El resultado es un suelo aparentemente bien drenado, pero pobre en nutrientes disponibles. Esto lleva a otro error típico: abonar más para compensar. Pero si el problema es el drenaje excesivo, el fertilizante también se pierde rápidamente. Entramos en un círculo poco eficiente que incluso puede ser perjudicar para el medioambiente. ¿O a dónde crees que van todos esos nutrientes perdidos?

Por si esto fuera poco la falta de humedad en el suelo potencia un desarrollo radicular superficial. Como las raíces no encuentran humedad estable en profundidad, priorizan quedarse en la superficie para absorber rápidamente el agua del riego.

En macetas este problema es aún más evidente, ya que menos suelo significa más sensibilidad a los cambios. Mezclas con demasiada perlita, arena gruesa o materiales muy porosos pueden parecer seguras, pero en realidad generan un entorno poco eficiente.

Si las raíces no encuentran humedad, priorizan quedarse en la superficie para absorber el agua del riego
Si las raíces no encuentran humedad, priorizan quedarse en la superficie para absorber el agua del riego

¿Cómo se llega a un sustrato mal equilibrado?

Uno de los errores más comunes que nos llevan a suelos mal equilibrados es usar mezclas demasiado ligeras pensando que así evitamos el encharcamiento. Algunos ejemplos típicos es usar un exceso de perlita, utilizar demasiada arena gruesa o aplicar sustratos muy pobres en materia orgánica. ¡Por suerte tenemos artículos como el uso de la perlita o la vermiculita que te pueden prevenir!

Estos componentes mejoran la aireación, pero si dominan la mezcla, reducen demasiado la capacidad de retención. Por otro lado, los sustratos ricos en materia orgánica (turba, compost) retienen mejor el agua, pero necesitan estructura para no compactarse. El problema no es el material en sí, sino la proporción y combinación.

Realmente el error es copiar recetas universales, ya que no existe un sustrato perfecto para todas las plantas, ni, por supuesto, un sustrato universal. Una mezcla adecuada para cactus puede ser desastrosa para una hortensia, porque las necesidades varían según el tipo de planta, el clima, el tamaño de la maceta o la frecuencia de riego. Copiar mezclas estándar sin adaptarlas al contexto es una de las causas más frecuentes de desequilibrio.

¿Cómo puede ser un sustrato ideal?

Aunque no podemos darte una receta que apuntar, ya que nos estaríamos contradiciendo, sí que podemos decir que el objetivo es conseguir un sustrato que retenga humedad suficiente, drene el exceso de agua y mantenga poros de aire.

Algunas claves prácticas que puedes llevar a cabo es incorporar materia orgánica para la retención, añadir materiales estructurales (perlita, corteza…) para la aireación y evitar extremos (ni demasiado compacto ni demasiado suelto). Por ejemplo muchas veces funciona utilizar sustratos que mezclen una base orgánica (turba o compost), un 20–30% de material drenante (por ejemplo, perlita) y una estructura que evite compactación. Pero recuerda que el sustrato concreto siempre se debe adaptar a la planta concreta, y no al revés.

Un consejo muy útil que te puedo dar es que adaptes tu sustrato al entorno, ya que el clima influye mucho. En zonas cálidas y secas una mayor retención puede ser necesaria, mientras que en zonas húmedas un mayor drenaje puede ser útil.

El drenaje no depende solo del sustrato, sino también de cómo regamos. Un sustrato muy drenante puede parecer problemático si regamos poco, pero funcionar mejor con riegos más profundos y espaciados. Por el contrario, un sustrato con mayor retención puede ser adecuado si ajustamos la frecuencia. En realidad el drenaje y riego forman un sistema conjunto y ajustar uno sin el otro no suele funcionar.

La falta de retención de agua puede confundirse con sequedad en la planta
La falta de retención de agua puede confundirse con sequedad en la planta

Señales de exceso de drenaje

Reconocer las señales de que nuestro sustrato drena demasiado puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso. Algunas pistas que indican que el sustrato drena demasiado es que la maceta se seca muy rápido tras el riego, la aparición de hojas lacias poco después de regar, la necesidad, precisamente, de este constante riego, la apreciación de un crecimiento lento pese a la fertilización y, por supuesto, detectar que el sustrato que no retiene humedad en profundidad. Esto último puedes detectarlo tan fácilmente como introduciendo un dedo en el sustrato.

Estas señales pueden confundirse con falta de agua, cuando en realidad el problema es la falta de retención, por lo que es clave que también lleves el control de tus riegos, tanto en frecuencia como en intensidad.

¿Cuándo necesitamos mucho drenaje?

Hay plantas que sí requieren sustratos muy drenantes, y detectar estos casos es muy sencillo. ¿La clave? Las plantas que requieren mucho drenaje suelen ser las mismas que requieren poca humedad edáfica. Por ejemplo, los cactus, suculentas y otras especies de ambientes áridos, pero también las plantas sensibles al encharcamiento.

Pero incluso en estos casos, el sustrato debe retener algo de humedad. No se trata de que el agua desaparezca instantáneamente, sino de evitar acumulaciones prolongadas. Si el agua desaparece tan rápido como llega nuestra planta puede secarse igualmente, incluso aunque requiera poca agua.

Como has visto, el drenaje es mucho más que permitir que el agua salga rápido. En realidad es un equilibrio entre que esté disponible para que la planta pueda usarla antes de que desaparezca, pero que no permanezca tanto como para perjudicarla. Cuando entendemos esto, dejamos de buscar el drenaje máximo y empezamos a diseñar sustratos que funcionen de verdad. Porque en jardinería, como en casi todo, el problema no suele estar en la falta de una cosa… sino en el exceso.

Manuel Gras

Manuel Gras es biólogo graduado por la Universidad de Alicante, con formación transversal en biología biosanitaria y ambiental. Investigador en el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio (IMEM) de la Universidad de Alicante, estudia el impacto de distintos factores sobre los ecosistemas áridos y semiáridos. Máster en Educación en la especialidad de ciencias, compagina su labor investigadora con la divulgación científica.

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