¿Qué les pasa a las plantas cuando las podamos?
Podar no es simplemente cortar, te explicamos cómo hacerlo bien.
Podar es una de las actividades más antiguas y temidas de la jardinería probablemente porque también es una de las más malinterpretadas. Se suele decir que podar fortalece o estimula a la planta, casi como si el simple hecho de cortar activara un mecanismo mágico de crecimiento. El problema es que desde el punto de vista biológico, una poda no es un favor, es una herida. Cada corte altera el equilibrio hormonal, energético y estructural del vegetal. Esto no quiere decir que la poda sea algo que no debemos hacer, ni mucho menos, ya que como respuesta la planta puede reaccionar redistribuyendo recursos, activando yemas y/o reorganizando su arquitectura.
A veces la respuesta es vigorosa y espectacular, pero otras veces es lenta o incluso problemática. Todo depende del momento, la intensidad de la poda y la especie. Podar no es simplemente cortar, sino que es una intervención directa en la fisiología de un organismo. ¿Quieres saber qué ocurre y cómo sacar el máximo partido? ¡Te lo cuento todo!
¿Qué ocurre a nivel hormonal tras la poda?
El crecimiento vegetal está regulado por hormonas y en la poda la protagonista es, sin duda, la auxina. Esta hormona se produce en los ápices, es decir, en las puntas de crecimiento de cada rama. Es precisamente esto lo que provoca la llamada dominancia apical, que significa que mientras el ápice está activo, las yemas laterales permanecen inhibidas. Algo así como que mientras el ápice exista, la auxina se genera, y mientras la auxina se genere el crecimiento es precisamente por esta yema apical, y no por las laterales. La rama crece a lo largo y no aparecen excesivas ramas laterales.
Cuando eliminamos esa punta mediante un corte, el equilibrio hormonal cambia. Disminuye la concentración de auxina y aumentan las citocininas, que estimulan el desarrollo de yemas laterales. Por eso, tras una poda, suelen aparecer nuevos brotes alrededor del corte.
Pero este fenómeno no tiene por qué ser siempre algo mejor, ya que en realidad es una respuesta de compensación. La planta ha perdido superficie foliar tras la poda y lo que trata es de recuperar su capacidad fotosintética. ¿Cómo? Estimulando el crecimiento allí donde se ha perdido superficie foliar.
Además, la auxina y la citocina no son las únicas hormonas relevantes tras la poda, sino que entran en juego otras hormonas relacionadas con el estrés, como el ácido abscísico y el etileno. La poda es una agresión, y el sistema fisiológico responde activando mecanismos de defensa. Otra cosa es que juguemos con ese mecanismo de defensa en nuestro interés.
¿Cómo le afecta a una planta la poda?
Como ya sabes, las hojas son las fábricas de energía. Teniendo esto en cuenta, podar es algo así como quitar de repente a una ciudad una cierta cantidad de placas solares, es decir, si quitamos muchas de repente la ciudad puede colapsar a no ser que tenga energía almacenada. Al podar reducimos la superficie fotosintética, de lo que depende la capacidad inmediata de producir azúcares. Para compensarlo, la planta utiliza reservas acumuladas en raíces y tejidos leñosos.
Aquí aparece un concepto clave que siempre debemos tener en cuenta a la hora de podar: el equilibrio entre la raíz y la parte aérea. Existe una relación entre la masa radicular y la copa, por ejemplo, si eliminamos una gran parte de la copa, las raíces quedan sobredimensionadas respecto a la parte aérea. La planta responde generando brotes vigorosos (los conocidos chupones) para restablecer el equilibrio. Esos brotes, sin embargo, suelen ser débiles estructuralmente, suelen estar en lugares que no nos interesan y con mayor riesgo de que se quiebren en el futuro.
En realidad son un crecimiento de urgencia, un crecimiento para volver a generar nuevo alimento con el que mantener al resto de estructuras que no ha sido podado, pero no es un crecimiento estable. Algo parecido sucede con la poda radicular, de la que no profundizaremos en este artículo. Si la poda radicular es demasiado drástica la planta se queda sin la capacidad de absorber la suficiente agua y recursos edáficos, como para mantener al resto de organismos, por lo que debe optar por secar ramas para asegurarse su supervivencia a largo plazo.
Lo más importante de esto es que una poda ligera y estratégica respeta ese equilibrio, mientras que una poda drástica lo rompe. Hay ocasiones en las que podemos querer llevar a cabo una poda y que debido a la estructura de nuestra planta esta no sea posible sin poner en riesgo su supervivencia. ¡La clave es adaptar la poda a la planta y no al revés!
¿Cómo cicatriza una planta?
Si hemos comentado que una poda no deja de ser una herida en la planta, seguro que te estarás preguntando cómo se curan las plantas de estas heridas. Lo primero que debemos saber es que las plantas no cicatrizan como los animales, es decir, no “rellenan” la herida de nuevo para aislarla del exterior. Lo que hacen es compartimentar el daño, aíslan el tejido afectado formando barreras internas que limitan la propagación de patógenos.
Con el tiempo, el tejido nuevo crece alrededor del corte, cerrándolo externamente, pero el interior nunca vuelve a ser idéntico al tejido original. Por eso es fundamental realizar cortes limpios y respetar el collar de la rama en árboles. Cortes mal posicionados dificultan la compartimentación y aumentan el riesgo de pudrición, además de que suponen un mayor esfuerzo para elevar el valor ornamentar de nuestra planta.
¿Cuáles son los errores más comunes cuando podamos?
El error más común a la hora de podar es hacerlo cuando no toca. Por ejemplo, en especies caducas, la poda en invierno, justo cuando ocurre el reposo vegetativo, suele estimular brotaciones vigorosas en primavera. En cambio, una poda en verano tiende a ser menos estimulante y más equilibradora, si bien no es problema hacerla en estas fechas siempre que se haga adecuadamente.
En plantas que florecen en primavera (¡nuestras favoritas!) sobre madera del año anterior, podar en invierno elimina las yemas florales ya formadas. Por eso muchas especies deben podarse justo después de la floración, ya que si nos esperamos estaremos perdiendo floración y retirando recursos útiles para nuestra planta. En especies perennifolias, la respuesta suele ser más lenta y menos explosiva que en caducas, porque estas mantienen actividad fotosintética durante más tiempo y no hay tanta redirección de recursos.
En términos generales debemos evitar la poda cuando esta elimine demasiada masa foliar, se vaya a realizar en momentos de estrés hídrico o térmico, si debemos repetirla de forma excesiva cada año o cuando los cortes vayan a ser demasiado grandes y trabajemos con árboles maduros. Todas estas situaciones pueden debilitar a una planta, por lo que deben ser estudiadas con detenimiento, sobre todo si la planta está debilitada por plagas recientes, sequía o trasplantes. En cualquiera de estos casos nuestras plantas no deberían ser sometidas a podas intensas.
Un error también muy común, aunque no es peligroso, es aplicar abusivamente pasta cicatrizante en todos los cortes. Hoy sabemos que en la mayoría de casos no son necesarias, sobre todo si el corte está bien hecho y la planta está sana, ya que la compartimentación es suficiente. Algunas pastas pueden incluso retener humedad y favorecer infecciones, así que una idea clave es que lo importante no es cubrir la herida, sino hacerla correctamente.
Como has visto cada corte desencadena una respuesta hormonal, energética y estructural. Una poda bien aplicada mejora la ventilación, reduce los riesgos sanitarios y equilibra el crecimiento, mientras que una poda mal planteada genera estrés, brotes débiles y problemas futuros. ¡Es fundamental pararse con las tijeras en alto antes de realizar cualquier corte!