¿Por qué tomamos postre?

Descubre por qué nos cuesta tanto decirle que no al postre

El postre, así como la sobremesa, son los mejores momentos de las comidas
El postre, así como la sobremesa, son los mejores momentos de las comidas

La palabra postre viene del latín postremus y significa "el último". En francés, dessert viene de desservir, que literalmente quiere decir "quitar la mesa", porque el postre era lo que se servía una vez retirados todos los platos.

Terminar de comer y tomar un postre o algo dulce es algo que se lleva haciendo desde las civilizaciones antiguas. Los romanos dividían sus banquetes en primae mensae, los platos principales, y secundae mensae, los postres.

En Egipto, Grecia, Mesopotamia y Oriente endulzaban los frutos secos con miel mucho antes de que el Imperio Romano lo estableciera con su característica opulencia.

En la Edad Media, el azúcar y las especias provenientes de las colonias eran carísimos y estaban al alcance de muy pocos, por eso, acabar el banquete con dulces y vino era una forma de presumir de riqueza y ostentar.

Hoy en día, el postre es casi lo más esperado de la comida, porque con él llega la sobremesa y el rato de compartir entre todos. Gusta tanto que tiene hasta su propio día, el Día Mundial del Postre, que se celebra cada 14 de octubre.

Gran banquete ceremonial en la corte francesa en el siglo XIV
Gran banquete ceremonial en la corte francesa en el siglo XIV

Del servicio francés al servicio ruso

La comida se servía a la francesa: se ponían todos los platos a la vez sobre la mesa y los comensales se servían. ¿El problema? Que todo se enfriaba enseguida. Con la llegada a París del embajador ruso Alexander Kurakin a principios del siglo XIX, se popularizó el servicio a la rusa, el que hoy conocemos, con los platos llegando uno detrás de otro, con el postre como el broche final.

¿Por qué nos gusta tanto lo dulce?

Nos gusta el sabor dulce por una razón evolutiva. El dulce era sinónimo de fruta madura, es decir, un alimento en su punto óptimo de energía, seguro de comer, mientras que lo amargo podía ser venenoso. Al nacer, nuestras papilas gustativas aceptan sólamente la leche materna, que es, efectivamente, dulce.

Nuestro cerebro asocia ese dulzor de los alimentos maduros y de la leche materna con una sensación de placer, premio y seguridad, razón por la cual nos gusta tantísimo el dulce.

De pequeños, recibir un dulce suponía un gran momento de excitación
De pequeños, recibir un dulce suponía un gran momento de excitación | diego cervo

Postres para todo tipo de personas

No todos los dulces son iguales. Hay postres para todos los gustos, desde los más ligeros a los más intensos, como un coulant de chocolate, hasta otros más suaves, como una panna cotta, un yogur con fruta o un flan. Por eso, siempre hay un postre para cada persona y para cada momento.

¿Por qué siempre hay sitio para el postre aunque estemos llenos?

¿Cuántas veces no has podido terminarte el primer o segundo plato pero has podido con el postre? Que sepas que a esto se le llama saciedad sensorial específica: el cuerpo se sacia pero solo de un sabor, no de todos. Al llevar tanto rato comiendo platos salados, nos cansamos, y el dulce, como es un sabor nuevo, nos devuelve las ganas de seguir comiendo.

Otra de las razones, y seguramente la más común, es que el postre, al ser el último plato, funciona como cierre, por eso muchas veces lo tomamos por costumbre y por sentir que hemos terminado de comer más que por hambre. En el caso de los golosos, la saciedad parece que ni existe.

¿Por qué celebramos los cumpleaños con postres?

Históricamente, como el azúcar y, en general, los dulces, eran caros y escasos, solían reservarse para celebraciones o momentos importantes. Se suele decir que el origen de celebrar los cumpleaños con tartas se debe a los antiguos griegos, que, para honrar a la diosa, ofrecían tartas redondas a Artemisa, prendían unas velas y las apagaban.

Historia National Geographic cuenta que se le atribuye al Kinderfest, un festival tradicional alemán que celebra a los niños, cuyo origen data del siglo XVII. En aquella época, se creía que los niños eran muy vulnerables cada vez que cumplían un año más de edad, porque podían caer presa de espíritus malignos. Se dejaban las velas encendidas todo el día hasta que el niño las soplaba, y su humo "llevaba sus deseos al cielo".

Las mejores tartas de Eva Arguiñano para un cumpleaños inolvidable
Las mejores tartas de Eva Arguiñano para un cumpleaños inolvidable | Hogarmania

¿Por qué regalamos dulces?

Mientras que la comida salada se asocia más a un alimento cotidiano y más "accesible", el dulce es algo más especial, y lo tendemos a regalar porque lo asociamos con el cariño. Desde pequeños, vemos los dulces como un premio, un consuelo o un detalle (como la leche materna que hemos mencionado).

Además, los dulces se suelen conservar bien, se pueden comer fuera de la mesa y se pueden repartir a mayor escala.

Si regalamos dulces caseros, el gesto vale aún más, porque cocinar para otra persona lleva tiempo y ganas, y es una forma muy bonita de demostrar cariño.

¿Por qué los ambientadores huelen a postre?

Nuestro olfato está directamente conectado con la memoria y las emociones. Los olores dulces como la vainilla, el chocolate o la canela, nos suelen recordar a momentos felices de nuestra infancia al recibir un dulce como premio, a recuerdos felices en los que estaban presentes estos olores, y a emociones de seguridad.

Si bien hay para todos los gustos, pues no es lo mismo un dulzor avainillado que uno floral (como la lavanda) o más natural, tienden a ser olores, por lo general, agradables. En cambio, un olor más amargo o un olor a cebolla puede resultar más pesado, de ahí que los ambientadores tiendan a oler a postre.

Un dato curioso: en perfumería, a las fragancias dulces que huelen a cosas comestibles se les llama gourmand, literalmente "goloso". Por eso es común encontrar locales comerciales que utilizan esos olores para potenciar las ventas, así como productos como velas, ambientadores, colonias y perfumes, porque nos resultan reconfortantes y apetecibles.

Begoña Ocio

Begoña es periodista graduada por la UPV/EHU especializada en comunicación corporativa y marketing digital. Su experiencia en contenidos y comunicación cultural también la ha acercado a la gastronomía. Disfruta de la buena comida y descubrir nuevos sabores, y combina ese interés con la redacción en Hogarmanía.

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