Postre sin horno
Tarta de chocolate blanco, receta de Joseba Arguiñano
Base crujiente, interior cremoso y sabor suave a chocolate blanco
Joseba Arguiñano enseña cómo hacer una tarta de chocolate blanco. Un postre frío, cremoso y muy fácil de preparar, ideal cuando te apetece un dulce resultón sin encender el horno.
Lleva una base de galleta con mantequilla, que aporta ese punto crujiente, y un relleno suave de nata, chocolate blanco y mascarpone, que cuaja gracias a la gelatina y queda con una textura firme, pero cremosa.
Es una tarta perfecta para celebraciones, comidas familiares o para dejarla lista con antelación, porque necesita reposo en la nevera. Y ese es, precisamente, uno de sus puntos fuertes. La haces el día anterior, se asienta bien y, al cortarla, queda bonita, con un sabor suave que suele gustar a todo el mundo.
Ingredientes
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4 hojas de gelatina neutra
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400 gramos de chocolate blanco
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200 gramos de nata para montar
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50 gramos de mantequilla
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200 gramos de queso mascarpone
Para la base de la tarta:
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100 gramos de galletas picadas
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55 gramos de mantequilla fundida
Raciones
10
Coste
Bajo
Dificultad
Fácil
Preparación
15 m
Cocinado
5 m
Tiempo total
20 m
Alérgenos
Gluten
Leche
Frutos de cáscara
Huevos
Paso a paso
Prepara la base de la tarta
En un bol, pon la mantequilla derretida y añade la galleta picada. Mezcla bien hasta que quede una arena húmeda y uniforme, sin partes secas.
Pon la base sobre un molde
Vierte la mezcla de galleta en un molde y reparte bien por toda la base. Presiona con la base de un vaso para que quede compacta y lisa.
Lleva el molde a la nevera para que la base se asiente.
Mezcla nata y chocolate en un cazo
Pon las hojas de gelatina a remojo en agua fría para que se hidraten.
En un cazo, calienta la nata con los 50 g de mantequilla. Cuando la mantequilla se haya derretido, apaga el fuego y añade el chocolate blanco troceado.
Remueve con calma hasta que el chocolate se funda por completo y la mezcla quede lisa.
Si queda algún trocito, puedes acercarlo unos segundos al fuego muy suave, pero sin hervir.
Añade la gelatina y el queso
Escurre bien la gelatina hidratada y añádela a la mezcla caliente de nata y chocolate. Remueve hasta que se disuelva.
Incorpora el queso mascarpone y mezcla bien hasta obtener una crema homogénea. Hazlo con varillas manuales o una espátula para que no queden grumos.
Vierte la mezcla en el molde y llévalo a la nevera
Saca el molde de la nevera y vierte el relleno sobre la base de galleta. Da unos golpes suaves al molde sobre la encimera para eliminar burbujas y asentar la mezcla. Cubre con film y deja reposar en la nevera de un día para otro para que cuaje con firmeza.
Sirve la tarta de chocolate blanco
Al día siguiente, desmolda con cuidado. Decora con grosellas y unas hojas de menta antes de servir.
Consejos y trucos
Es importante dar unos golpecitos al molde una vez vertido el relleno para que suban las burbujas y la tarta quede más lisa al cortar.
El reposo en la nevera de un día para otro ayuda a que la tarta tome firmeza.
Y recuerda que, siempre que lleves una tarta a la nevera, cúbrela con film para que no absorba olores de otros alimentos.
No lleves la mezcla a ebullición al fundir el chocolate. Con el fuego apagado se integra mejor y evitas que el chocolate se agarre o se estropee la textura.
Si al añadir el mascarpone está muy frío y notas que cuesta integrarlo, puedes dejarlo unos minutos a temperatura ambiente antes de empezar para que se mezcle mejor.
Preguntas y respuestas
¿Con qué se puede acompañar?
Esta tarta agradece algo que contraste su dulzor y su textura cremosa. Queda muy bien con frambuesas, fresas, arándanos o incluso un coulis de frambuesas.
También combina genial con una compota de manzana o con unas láminas de cítricos, como naranja o mandarina.