Hábitos de limpieza que deberías abandonar para dormir mejor
Sueño y orden
La higiene del sueño son los hábitos que te ayudan a dormir mejor.
Dormir bien es esencial para mantenerte sano, rendir durante el día y no vivir a base de café. Una de las claves para lograrlo es cuidar tu higiene del sueño, es decir, esos hábitos y rutinas que te ayudan a desconectar y preparar tu cuerpo y tu mente para descansar.
Solemos pensar en cosas como no usar el móvil en la cama, bajar las luces o evitar las cenas pesadas. Pero lo que muchas personas no tienen en cuenta es que algunos hábitos de limpieza del hogar también pueden estar saboteando tu descanso, aunque parezcan “buenas costumbres”.
Si luchas por dormir profundamente, aquí tienes diez hábitos relacionados con la limpieza y el orden que deberías revisar (y algunos, directamente abandonar) si quieres dormir mejor. Sí, entre ellos está el famoso gesto de hacer la cama por la mañana.
Limpiar tu dormitorio “a medias”
El primer paso para dormir bien es tener un dormitorio limpio y ordenado. El polvo, los objetos sin usar, la ropa tirada y el desorden visual hacen que el espacio se sienta caótico y poco relajante. Aunque no lo notes de forma consciente, tu cerebro percibe ese “ruido visual” y le cuesta más desconectar.
Procura: pasar la aspiradora o la escoba con regularidad y limpiar el polvo de muebles. Lo ideal es evitar que el dormitorio se convierta en trastero. No hace falta que esté perfecto como una revista, pero sí lo bastante despejado como para transmitirte calma cuando entras.
Usar productos químicos agresivos en el dormitorio
Muchos productos de limpieza contienen químicos fuertes y fragancias muy intensas que pueden provocar: alergias, irritación en ojos y garganta, dolores de cabeza, y problemas respiratorios.
Siempre que puedas, elige: limpiadores naturales o no tóxicos, vinagre diluido, jabones suaves, o productos específicos con menos carga química. Y muy importante: ventila bien el dormitorio después de limpiar.
Dejar la costumbre de hacer la cama (al menos, de cierta forma)
Hacer la cama por la mañana es uno de esos hábitos que se asocian con ser organizado y productivo. Sin embargo, algunos estudios y expertos en higiene consideran que dejar la cama totalmente cerrada, con mantas y edredones bien estirados, puede favorecer la humedad y el ambiente ideal para ciertos bichitos, como ácaros del polvo.
Una opción más saludable a considerar podría ser: no hacer la cama inmediatamente, abrir la ventana, doblar un poco el edredón mientras se airea, y recién más tarde, si quieres, dejarla presentable. No se trata de vivir en el caos, sino de permitir que el colchón y la ropa de cama respiren antes de volver a taparlo todo.
No limpiar el colchón con regularidad
Con el tiempo, el polvo, los restos de piel, el pelo de mascotas y diferentes alérgenos se van acumulando en el colchón. Aunque no los veas, están ahí… y los respiras cada noche.
Para que no interfieran en tu descanso aspira el colchón al menos cada 1 o 2 meses, utiliza una funda protectora que puedas lavar con facilidad y, si es posible, gira o voltea el colchón de acuerdo con las recomendaciones del fabricante. Un colchón más limpio puede reducir estornudos, picor de nariz y despertares nocturnos sin explicación aparente.
Lavar sábanas, fundas de almohada y edredón con poca frecuencia
Tu ropa de cama es el lugar donde pasas varias horas al día. Allí se acumulan: sudor, restos de piel, ácaros, polen, caspa de mascotas.
Todo esto puede afectar a tu respiración y a la calidad del sueño. Lo recomendable es: lavar sábanas y fundas de almohada una vez a la semana, lavar el edredón y mantas con la frecuencia que indique la etiqueta, pero sin dejar pasar demasiados meses.
Sentirte limpio al meterte en la cama y saber que tus textiles lo están también, ayuda a que el cuerpo asocie ese momento con descanso y bienestar.
Permitir que las mascotas dominen el dormitorio
Es difícil resistirse a dormir con las mascotas, lo sabemos. Pero a nivel de higiene del sueño, compartir la cama o el dormitorio con perros y gatos implica: más alérgenos en el colchón y en las sábanas, más movimiento nocturno, posibles ruidos, lamidos, saltos o cambios de posición.
Tu descanso también es una forma de cuidarlas a ellas: si tú estás mejor, tendrás más energía para compartir con tus animales durante el día.
Comer en la cama
Picar algo en la cama mientras ves una serie parece un plan inofensivo, pero a la larga se convierte en un mal hábito tanto para la higiene como para el sueño. Comer en la cama genera: migas, manchas y olores, posibles restos pegajosos en sábanas y mantas, y, en el peor de los casos, puede atraer insectos.
Lo ideal es mantener la cama solo para dormir y, si quieres, leer o relajarte, pero sin convertirla en comedor.
Descuidar la calidad del aire: no usar purificador ni ventilar
El aire que respiras mientras duermes es tan importante como el colchón o la almohada. Un ambiente cargado, con polvo o alérgenos en suspensión, puede hacer que: ronques más, respires peor, te despiertes con la garganta seca o la nariz taponada.
Un purificador de aire con filtro HEPA puede ser una gran ayuda si tienes alergias, mascotas o vives en una zona con mucha contaminación. Pero incluso sin purificador, algo tan simple como:
- abrir la ventana unos minutos cada día,
- evitar fumar en la casa,
- y no saturar la habitación con ambientadores químicos,
- ya marca la diferencia en tu descanso.
Llenar la habitación de dispositivos electrónicos
Televisores, ordenadores, tablets, móviles… todo eso tiene un lugar, pero el dormitorio no es el mejor para ellos. La luz azul de las pantallas puede: reducir la producción de melatonina, retrasar la sensación de sueño, y hacer que te cueste más desconectar mentalmente.
Lo ideal es que tu dormitorio sea una zona sin dispositivos o, al menos: no usar el móvil en la cama justo antes de dormir, activar el modo noche o filtro de luz cálida, bajar el brillo de la pantalla, y evitar ver contenidos muy estimulantes justo antes de acostarte.
Olvidar que la higiene del sueño también es orden
Más allá de limpiar, la sensación de orden afecta muchísimo al descanso. Acostarte viendo pilas de ropa, papeles, cajas o cosas sin guardar genera una sensación de “pendientes” en la cabeza.
Antes de dormir, prueba a hacer un mini ritual de orden de 5 minutos: recoger ropa del suelo o la silla, vaciar la mesilla de cosas innecesarias, dejar preparada la ropa del día siguiente.
Esa pequeña rutina manda un mensaje claro:
“el día se termina, ahora toca descansar”.
Una buena higiene del sueño no se limita a acostarte temprano. También implica revisar tus hábitos de limpieza y orden, especialmente en el dormitorio.
Con un poco de esfuerzo y constancia, estas pequeñas mejoras en tu higiene del sueño pueden ayudarte a conseguir ese sueño más profundo y reparador que tanto necesitas noche tras noche.