Hay días en los que todo empieza y acaba en un café

Hábitos urbanos

El auge del all day café refleja una forma de comer más flexible, sin horarios rígidos y con cartas pensadas para cualquier momento del día

El café como punto de encuentro donde comer ya no responde a una hora concreta.
El café como punto de encuentro donde comer ya no responde a una hora concreta.

Pedir unos huevos a media tarde en un bar o cafetería ya no provoca miradas raras. Tampoco sentarnos a trabajar con un café, que al final dura más de lo previsto, y acabar pidendo algo de comer sin haber planeado una comida formal.

En muchas ciudades, esta escena se ha normalizado tanto que apenas reparamos en ella. Podríamos pensar que responde a una moda concreta o a un nuevo ritual gastronómico, pero la realidad es más simple: ya no comemos por franjas horarias tan claras como antes.

En ese contexto aparece -o, mejor dicho, se consolida- el concepto de all day café. No se trata de una etiqueta importada a la fuerza, sino más bien de una forma lógica de ordenar lo que ya estaba ocurriendo en los cafés contemporáneos: cocinas abiertas durante todo el día, cartas que no distinguen entre desayuno y comida, y espacios pensados para quedarnos más tiempo del que habíamos planeado.

Aunque esta forma de comer no es completamente nueva, es en Madrid donde el all day café ha encontrado una identidad clara. La combinación de horarios desordenados, comidas fuera de casa y una cultura muy arraigada del café ha hecho que este formato se consolide como algo más que una cafetería alargada. Aquí, desayunar tarde o comer ligero fuera de hora no solo es posible, sino habitual.

Una cocina que no entiende de horarios

La base del all day café es la cocina continua. No hay un cambio de carta a mediodía ni un momento exacto en el que deja de servirse 'el desayuno'. Huevos benedict, tostas, sándwiches, bowls, platos para compartir o algo dulce conviven de igual manera. No se trata de ofrecer todo tipo de platos, sino solo los que funcionan a distintas horas, ya sea a primera de la mañana o a última de la tarde y ahí entran en juego desde una tortilla de patata a un açai bowl.

Esta flexibilidad conecta con una manera de comer cada vez más fragmentada. Jornadas partidas en los trabajos, comidas rápidas, citas informales o simplemente menos apego al menú tradicional hacen que muchos busquen platos ligeros y adaptables al ritmo de vida actual, más fáciles de integrar en el día a día.

No es brunch, tampoco una cafetería clásica

Aunque a menudo podemos confundirlo con el brunch, el all day café no entra dentro de una lógica de fin de semana ni de una franja concreta del día. Tampoco es la cafetería tradicional centrada únicamente en el café y la bollería. Es un punto intermedio que toma elementos de ambos.

Aquí el café sigue siendo importante -de especialidad o no-, pero ya no es el único motivo para sentarse en la mesa. Es más una comida que acompaña y sostiene la experiencia, sin necesidad de formalidades ni limitada a un horario cerrado. Por eso muchos de estos espacios funcionan también como lugares de reunión, de trabajo informal o de pausa prolongada.

Huevos, tostadas y café en una mesa donde el horario deja de ser relevante.
Huevos, tostadas y café en una mesa donde el horario deja de ser relevante.

El espacio importa tanto como la carta

Más allá de lo que se come, el all day café se define por cómo son los espacios en los que habita esta nueva tendencia. Mesas amplias, luz natural, enchufes visibles y una atmósfera que nos invita a quedarnos y disfrutar, reconciliándonos con tiempos más pausados, donde la rotación rápida de los comensales no tiene cabida.

Esta idea explica por qué estos locales suelen llenarse fuera de las horas consideradas 'normales'. El café deja de ser un paréntesis breve y se convierte en el hilo conductor del día, capaz de adaptarse a distintos momentos sin imponer un ritmo fijo.

Una respuesta más que una tendencia

Aunque el término suene nuevo, el fondo no lo es tanto. Durante años han existido espacios donde desayunar tarde o comer algo ligero fuera de hora era posible. La diferencia es que ahora esta forma de funcionar se ha convertido en algo más habitual, con una identidad propia.

No es casual que aparezca en un momento en el que muchas personas se alejan de comidas largas entre semana, de personas que reducen el consumo de alcohol en horario laboral o en el que otros priorizan espacios versátiles frente a restaurantes que sólo ofrecen menús del día.

En el fondo, el éxito de este formato tiene menos que ver con la gastronomía y más con la libertad. Poder sentarnos sin justificar la hora, pedir lo que nos apetece y decidir cuánto tiempo quedamos. Pero, sobre todo, comer sin pedir permiso al reloj.

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