Frutas para llevar al colegio que aguantan mejor en la mochila
Manzanas, mandarinas y otras opciones prácticas que llegan enteras a la hora del recreo
Se acerca la vuelta al cole. Atrás quedan los días de playa y toca volver a organizar las mochilas de los pequeños de casa. Además de cuadernos y bolígrafos, también hay que pensar en las frutas para llevar al colegio y en el almuerzo del recreo.
La fruta es una de las opciones más prácticas, pero no todas soportan igual varias horas dentro de una mochila. Algunas llegan intactas y otras pueden acabar golpeadas o demasiado maduras.
La cantidad diaria de frutas y verduras recomendada varía según la edad. La OMS establece al menos 250 g al día entre los 2 y 5 años, 350 g entre los 6 y 9 y 400 g a partir de los 10 años.
Por eso, el recreo puede ser un buen momento para incluir una de esas raciones, pero aquí no solo importa el valor nutricional. La fruta también tiene que ser cómoda de transportar y, sobre todo, llegar en condiciones para que apetezca comerla.
Las mejores frutas para llevar al colegio
Hay frutas que, por sus características, pueden viajar enteras y sin necesidad de un táper. Aun así, si la mochila va muy cargada, lo mejor es reservar un espacio para el almuerzo o utilizar una pequeña bolsa aparte.
La manzana es una de las más resistentes. Su piel protege bien la pulpa y puede llevarse entera, sin necesidad de táper ni cubiertos. Es mejor que esté firme y sin golpes y colocarla en una zona de la mochila donde no soporte directamente el peso de una botella o varios libros.
La mandarina también resulta práctica. Su propia piel protege los gajos y, además, suele ser fácil de pelar con las manos. Las clementinas pequeñas ocupan poco espacio y pueden guardarse enteras hasta el momento de comerlas.
La pera aguanta bien cuando todavía está firme. Si está muy madura, se marca enseguida con cualquier golpe y puede terminar demasiado blanda antes del recreo.
Las ciruelas son otra posibilidad, especialmente las de pulpa firme, esas que todavía ofrecen cierta resistencia al tocarlas. Además, son pequeñas y fáciles de transportar enteras. Si están muy maduras, es mejor guardarlas en un táper o recipiente rígido, porque pueden abrirse, soltar jugo y acabar manchando los libros o los cuadernos.
Y luego está el plátano. Parece hecho para llevarlo de un sitio a otro. Viene protegido por su propia piel y no hace falta lavarlo ni cortarlo antes de comerlo. El problema son los golpes. Dentro de una mochila puede acabar magullado con facilidad, así que es mejor llevarlo en un recipiente rígido o separado de los objetos más pesados.
Uvas y otras frutas que necesitan un táper
Las uvas soportan bien unas horas fuera de casa, pero dentro de una mochila es mejor protegerlas con un recipiente rígido. Eso sí, hay que lavarlas, secarlas bien y separarlas del racimo antes de guardarlas.
También necesitan protección los arándanos, las fresas y otras frutas pequeñas. Un táper evita que el peso de la mochila las aplaste y que el jugo termine manchando el resto del almuerzo.
Ojo con las uvas si son para niños pequeños. La Asociación Española de Pediatría recomienda cortarlas longitudinalmente en cuatro trozos, nunca en rodajas, para reducir el riesgo de atragantamiento.
Los frutos rojos, los higos y los melocotones muy maduros son bastante delicados para llevarlos sueltos en la mochila. Lo mismo sucede con las nectarinas blandas o una pera que ya está muy madura.
Pero que sean más frágiles no significa que haya que descartarlos. Solo necesitan un poco más de protección. Un táper rígido puede evitar que lleguen aplastados. Y si están demasiado maduros, quizá sea mejor dejarlos para comer en casa.
Fruta entera o cortada: qué es mejor para el recreo
Ahora bien, esta es otra de las dudas que suelen surgir. Y la respuesta es: depende. Siempre que sea cómoda de comer, puedes poner la fruta entera o cortada.
La fruta entera soporta mejor el trayecto porque, como ya hemos mencionado, la piel actúa como protección y evita que la pulpa quede expuesta al aire. También necesita menos preparación y hay menos riesgo de que suelte líquido dentro del recipiente.
La fruta cortada, en cambio, puede ser más cómoda para los niños. Pero en este caso debe guardarse en un recipiente cerrado y mantenerse refrigerada hasta salir de casa.
Si van a pasar varias horas hasta el recreo, lo más seguro es transportarla en una bolsa térmica con un acumulador de frío.
Con la manzana y la pera aparece, además, otro problema: al cortarlas se oscurecen rápidamente. Es una reacción de oxidación que comienza cuando la pulpa entra en contacto con el oxígeno del aire.
Para evitar que las manzanas se oxiden, unas gotas de limón pueden retrasar ese cambio de color gracias a su acidez y a la vitamina C. Eso sí, el limón no sustituye al frío cuando la fruta ya está pelada o troceada.
Las naranjas también pueden llevarse peladas y troceadas, al igual que la mandarina en gajos. En este caso, hay que meterlas en un recipiente bien cerrado por el jugo que puedan soltar. Lo mismo ocurre con la piña, la sandía, el melón o el mango.
Así que no descartes estas frutas solo porque no puedan ir sueltas en la mochila. Con un buen recipiente también tienen sitio en el recreo. Y no olvides el truco del limón para la manzana o la pera, porque encontrarse a media mañana con una fruta completamente oscura no resulta demasiado apetecible.
También hay que mirar el calendario. No encontramos las mismas frutas durante todo el año y aprovechar las que están de temporada permite ir variando el almuerzo escolar.
En primavera aparecen fresas, cerezas, nísperos y los primeros albaricoques. En verano llegan el melón, la sandía, los melocotones, los paraguayos y las nectarinas.
El otoño trae manzanas, peras, uvas, mandarinas e higos. Y en invierno ganan terreno los cítricos y el kiwi.
Al final, no se trata de mandar siempre una manzana porque sea la que mejor aguanta. Como habrás visto, hay muchas frutas que pueden llegar perfectamente al recreo. A veces solo necesitan un táper, un poco de frío o un lugar mejor dentro de la mochila.