La importancia de la temperatura y el tiempo, la verdadera clave de la seguridad alimentaria

Seguridad alimentaria

El tiempo de cocción es tan importante como la temperatura a la que cocinamos los alimentos.

La seguridad alimentaria depende de la suma de muchos pequeños hábitos
La seguridad alimentaria depende de la suma de muchos pequeños hábitos

Cuando se habla de seguridad alimentaria, casi siempre se menciona la temperatura. Lo hemos hablado en múltiples artículos como uno de los mantras más importantes para la seguridad alimentaria: nevera a 4 °C, congelador a −18 °C, cocción suficiente, comida bien caliente… Todo eso es cierto, pero si nos quedamos únicamente en esto es bastante incompleto. La temperatura, por sí sola, no explica la mayoría de las intoxicaciones alimentarias que ocurren y que son tan peligrosas. Falta una variable igual de importante y mucho más traicionera: el tiempo.

El tiempo de cocción determina cuanto crecen las bacterias
El tiempo de cocción determina cuanto crecen las bacterias

Las bacterias no aparecen de repente ni actúan como un interruptor. Son organismos vivos que crecen, se multiplican y producen toxinas siguiendo un ritmo. Y ese ritmo y su peligrosidad depende tanto de la temperatura como del tiempo que el alimento pasa en cada rango térmico. La mayoría de los problemas no vienen de un gran error puntual, sino de una cadena de pequeños descuidos que, sumados, crean el escenario perfecto para que algo vaya mal. ¿Quieres saber cómo adelantarte a los principales problemas de seguridad en nuestra cocina? ¡Te lo cuento todo!

¿Por qué el tiempo es tan importante como la temperatura?

Si bien la temperatura controla la velocidad del crecimiento microbiano, el tiempo determina cuánto crecen realmente. La idea clave es que el peligro no está en que nuestro alimento se encuentre a 20 grados durante unos minutos, sino que lo esté durante un tiempo. Piensa que si una bacteria que se duplica cada 20 minutos puede no ser un problema durante media hora, pero sí durante tres horas. Ese es el matiz que a menudo se pasa por alto. Un alimento puede estar a una temperatura incorrecta durante un periodo muy corto sin consecuencias. El problema aparece cuando ese tiempo se alarga sin que nos demos cuenta. Dejar una comida cocinada una media hora fuera puede no tener impacto apreciable; dejarla cuatro, sí. No porque haya cambiado de estado, sino porque las bacterias han tenido tiempo de sobra para multiplicarse. Por eso, en seguridad alimentaria no se habla solo de grados, sino del equipo tiempo– temperatura. No basta con saber a cuántos grados, está un alimento, sino que hay que saber durante cuánto tiempo. Esta es la clave y, ante la duda, nunca debemos jugárnosla.

La zona de peligro es el rango de temperaturas en el que las bacterias patógenas se multiplican con facilidad
La zona de peligro es el rango de temperaturas en el que las bacterias patógenas se multiplican con facilidad

¿Qué es la temida zona de peligro y cómo nos mantenemos alejados de ella?

La llamada zona de peligro es el rango de temperaturas en el que la mayoría de las bacterias patógenas se multiplican con facilidad. Cada cepa de bacteria concreta tendrá una franja específica, pero de forma general se sitúa entre 5 °C y 65 °C. Dentro de ese intervalo, el crecimiento microbiano puede ser muy rápido y el tiempo correrá en nuestra contra. Esto no significa que un alimento sea automáticamente peligroso por estar en esa franja, ni mucho menos. ¿O alguien come habitualmente dentro del congelador? Lo que significa es que si permanece ahí el tiempo suficiente, el riesgo aumenta. Un alimento recién cocinado pasa inevitablemente por esa zona al enfriarse, eso es normal, el problema es cuánto tarda en atravesarla. Así que te adelanto que ese momento en el que dejamos el tupper con las sobras en la encimera antes de meterlo en la nevera es de los momentos más peligrosos de nuestra cocina. Cuanto más tiempo pase un alimento entre 30 y 40 °C, más favorable será el entorno para bacterias como Salmonella, E. coli o Bacillus cereus. Por eso insistimos tanto en enfriar rápido (casi que inmediatamente), mantener frío lo frío y caliente lo caliente.

Errores comunes al enfriar alimentos cocinados

Uno de los errores más habituales es dejar la comida cocinada reposando a temperatura ambiente durante horas. Se hace por comodidad, por costumbre o por miedo a meter algo caliente en la nevera. Es cierto que hace unas décadas no se recomendaba introducir directamente un alimento caliente en la nevera porque la temperatura interior podía elevarse y era más difícil de recuperar la adecuada temperatura de conservación. Sin embargo, actualmente, con la potencia de nuestros frigoríficos, esto ya no es un problema. ¡Ojo! ¡No te estoy diciendo que introduzcas una olla en la nevera conforme la quites del fuego! Pero tampoco hace falta esperar horas hasta que se atempere. La clave es acelerar el proceso, ya que no hacerlo es obligar al alimento a permanecer demasiado tiempo en la zona de peligro. Dividir grandes cantidades en recipientes pequeños, usar baños de agua fría, remover para disipar el calor o simplemente no tapar completamente el alimento caliente (lo que retiene el calor y retrasa el enfriamiento sin proteger al alimento…) son estrategias sencillas y extremadamente eficaces.

Recalentar mata bacterias, pero no elimina las toxinas que ya se han producido
Recalentar mata bacterias, pero no elimina las toxinas que ya se han producido

Recalentar no soluciona todos los problemas

Recalentar mata bacterias, sí, pero no elimina las toxinas que algunas ya han producido. Además, si el alimento se ha enfriado y recalentado varias veces, cada ciclo aumenta el riesgo. El típico gesto de calentar, comer un poco, dejar fuera, volver a calentar… es una suma de pequeñas exposiciones al riesgo. ¡Algo totalmente innecesario! La recomendación es clara: recalentar solo la cantidad que se va a consumir y hacerlo una sola vez, alcanzando temperaturas altas y homogéneas. El microondas no es inseguro, pero sí lo es un recalentado irregular que deja zonas templadas donde las bacterias sobreviven.

La seguridad alimentaria no depende de un solo detalle o en algo que sucede durante unos pocos segundos, sino de la suma de muchos pequeños hábitos. Guardar antes, enfriar mejor y más rápido, recalentar una sola vez, no confiar en el aspecto y respetar tiempos razonables son nuestras mejores herramientas, ¡y no necesitamos mucho para llevarlas a cabo!

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