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Embutidos: ¿cuáles son saludables y cuáles no?


Los embutidos son uno de los alimentos que forman parte de la identidad de nuestra cultura gastronómica. Jamón, lomo, longanizas, chorizos... Todos estos productos existen en nuestra gastronomía desde tiempos inmemoriales, y gracias a su buen sabor y aroma han conseguido sobrevivir al paso de los años.

De hecho, se puede decir que el bocadillo de embutido forma parte del recetario clásico español de desayunos y meriendas. Por esta razón, prácticamente en todas las casas de nuestro territorio podemos encontrar algún tipo de embutido, sea del tipo que sea. Sin embargo, aunque el embutido nos resulte un alimento de lo más común, no está en el ranking de los productos más saludables.

El motivo se explica porque, al fin y al cabo, es un producto ultra procesado que en su composición incluye ingredientes alejados de ser solo carne. Entonces, ¿existen embutidos más saludables que otros? ¿Cada cuánto los podemos consumir?

La nutricionista Elena Jorrín nos ha respondido a estas y otras preguntas en torno al mundo de los embutidos. Jorrín es directora de la clínica Hegan Nutrición, en Bilbao, y divulgadora sobre nutrición a través de su cuenta de Instagram, @elenajorrin_nutricion.

¿Qué es el embutido?

Para llegar al quid de la cuestión, es decir, para saber hasta qué punto los embutidos son (o no) saludables, empezamos por el principio: ¿qué es exactamente este tipo de producto? Según Jorrín, "un embutido es un derivado de la carne". Por lo tanto, "preparados a partir de las carnes a los que se les puede añadir, entre otros ingredientes, grasas animales, productos vegetales, condimentos y especias".

Los embutidos también se pueden comercializar en distintos formatos, "hay crudos o cocidos, frescos, ahumados... Se trata, por tanto, de un grupo muy heterogéneo donde encontramos productos de muy variada calidad", sigue la nutricionista.

La importancia está en el listado de ingredientes

En este punto, seguro que te vienen a la mente una lista bien larga de recetas de embutidos que podemos encontrar en la charcutería. Por lo que, no es difícil adivinar que entre ellos existen diferencias relacionadas con la calidad nutricional. La pregunta es: ¿hay algunos mejores que otros?

Jorrín señala que cuando escogemos un embutido nos tenemos que fijar, especialmente, en la etiqueta. De esta forma, debemos elegir "aquellos que tengan un mayor porcentaje de carne y menor porcentaje de otros ingredientes, como féculas, azúcares o cantidades importantes de sal".

Por lo tanto, no debemos caer en el error de pensar que un embutido que, a priori, es menos graso, como el pavo, es más saludable que otro con más materia grasa. "Hay marcas que tienen solo un 50% de carne y el resto es agua, féculas, aromas, azúcares, sal y aditivos", señala Jorrín.

Embutido cocido

Es decir, es tan importante, o más, mirar el porcentaje de carne del preparado, que el tipo de embutido en sí. De esta forma, ya sea de supermercado o de charcutería, "fíjate en la etiqueta y que sea de una carne de calidad, no de despojos cárnicos", añade la experta.

En cuanto a la materia grasa, presente en todos los embutidos, también es importante que sea de calidad. "Hay mucha diferencia entre un jamón 100% ibérico, que tendrá una grasa más saludable, que si elegimos fuet o mortadela, la composición y la grasa de los cuales será mucho peor", apunta Jorrín.

Por lo tanto, la clase de embutido también nos puede servir para distinguir si su grasa es de más o menos calidad.

¿Qué aportan los embutidos a nuestro organismo?

En cuanto a los nutrientes, los embutidos son ricos en proteínas, tienen una cierta proporción de ácidos grasos insaturados, minerales (sobre todo hierro y zinc de alta disponibilidad) y vitaminas del grupo B. Entre ellas la vitamina B12, que no se encuentra en los vegetales, la B1 y la B3.

Sin embargo, según la nutricionista, no hay que olvidar que estos "son alimentos ultra procesados y, por tanto, no deben estar en nuestra alimentación diaria". Si los consumimos, "deberíamos reservarlo para ingestas ocasionales", continúa, "en ningún caso ha de ser un alimento diario". Además, sus aportes nutricionales los podemos obtener de otros alimentos más saludables para el consumo habitual (puedes coger ideas con las 15 cenas rápidas y saludables que te proponemos).

La nutricionista añade que la frecuencia de consumo de los embutidos dentro de una alimentación equilibrada debería ser de "una o dos veces por semana". En ese sentido, la recomendación de Jorrín es alternar el embutido del clásico bocadillo que muchos suelen consumir como desayuno o merienda con otros tipos de relleno: "Queso, conserva de pescado, aguacate, cremas de frutos secos, hummus, huevos...y muchas otras opciones que también usamos en tostas o tostadas para el desayuno", propone la experta.

El embutido no es malo

Cuando apuntamos con el dedo a un alimento que debe ser consumido con moderación es muy fácil caer en la demonización del producto en cuestión. Es decir, de manera recurrente, nuestra mente lo categoriza como bueno o malo. Pero no debemos olvidar que no hay que demonizar a ningún tipo de alimento porque estos no son buenos o malos, sino más o menos saludables. Que un producto no sea tan sano como otro no significa, en ningún caso, que tengamos que dejar de comerlo de manera estricta.

La alimentación va mucho más allá de los valores nutricionales que nos pueda aportar una comida. Intervienen factores sociales, culturales, de salud, de ocio... Por lo tanto, no debemos obsesionarnos solo en la composición nutricional de un alimento.

Además, los embutidos forman parte de nuestra cultura culinaria, así que, eliminarlos definitivamente resulta casi imposible y antinatural. Aparte de la angustia psicológica que esto podría suponer.

Varios tipos de embutido

La clave está en tener un consumo moderado dentro de una alimentación equilibrada y disfrutarlo de manera ocasional.