Procesionaria del pino: qué es, cómo afecta y cómo actuar a tiempo
Plagas en invierno
La procesionaria del pino es una plaga fácil de detectar.
A grandes rasgos podemos hablar de dos tipos de plagas: las que pasan desapercibidas hasta que ya han hecho daño y las que se anuncian solas. La procesionaria del pino pertenece claramente al segundo grupo, si está presente serás el primero en saberlo. Sus orugas avanzando en fila india por el suelo o los característicos bolsones blancos en las copas de los pinos son escenas que casi todo el mundo reconoce, aunque no siempre se entiendan sus implicaciones reales.
No pienses que es solo una plaga forestal, ya que es un problema sanitario, ecológico y doméstico que afecta a árboles, animales y, por si fuera poco, también a las personas. ¿Quieres entender su ciclo, aprender a detectarla y saber cómo actuar? ¡Te cuento todo lo que necesitas saber!
¿Cómo es la procesionaria del pino?
La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es en realidad la larva de una polilla nocturna. Su curioso nombre nos sirve para identificarla fácilmente, ya que viene del comportamiento más visible durante su peligrosa fase de oruga. Estas se desplazan en largas filas, una detrás de otra, como si siguieran una procesión. Pero esta, aunque es la fase más característica, no es la primera, sino que antes de llegar a ese momento tan llamativo pasan varios meses alimentándose de las acículas de los pinos, cedros y (en menor medida) otras coníferas. El daño sobre los árboles es principalmente defoliador.
Las orugas se alimentan de las hojas, lo que debilita al pino y reduce su capacidad fotosintética. Si bien un ataque puntual rara vez va a matar a un árbol adulto, sí que puede ser un problema ejemplares jóvenes o en infestaciones repetidas, donde el daño puede ser grave. Aun así es un problema serio en la mayoría de ejemplares, ya que los va a dejar más vulnerable a sequías, enfermedades fúngicas o ataques de otras plagas.
El problema más serio, sin embargo, no es vegetal, sino animal. Las orugas están cubiertas de pelos urticantes microscópicos que contienen una toxina llamada thaumetopoeína. Estos pelos se liberan con facilidad sin necesidad de tocarlos, ya que pueden incluso ser transportados por el viento. En personas provoca reacciones cutáneas, urticaria, irritación ocular, problemas respiratorios e, incluso, reacciones alérgicas. En animales domésticos, especialmente perros, el riesgo es aún mucho mayor: el contacto con la lengua o el hocico puede causar necrosis, inflamación severa y situaciones veterinarias de urgencia que puede conllevar incluso a la muerte del animal.
Por eso la procesionaria no es solo una plaga del pino, sino un problema de salud pública en zonas donde convive con personas y mascotas. Te adelanto ya que en temporada de propagación de esta plaga debes evitar a toda costa pasear con tu mascota por pinares y, en el caso de tener contacto con algún ejemplar, acudir al veterinario con urgencia.
¿Cómo podemos detectar la procesionaria del pino antes de que sea un problema?
Como en la mayoría de plagas, pero en esta en particular, detectarla a tiempo es clave. Por suerte los pinos suele avisar rápidamente cuando se encuentran enfermos. El signo más característico y que todos hemos visto alguna vez son los bolsones sedosos que aparecen en las copas a finales de otoño e invierno. Son como una especie de nidos blancos o grisáceos, parecidos a una gran y densa tela de araña, extremadamente fácil de ver. Suelen estar orientados al sol, donde las orugas se agrupan para protegerse del frío.
Además de este indicador es habitual que aparezca un clareo de las copas. Esto está producido por la desaparición de las acículas por servir de alimento para las orugas, por lo que también es muy evidente. Por último el síntoma más llamativo es esa procesión de orugas descendiendo por el tronco hacia el suelo para enterrarse y completar su metamorfosis. Este es el momento más peligroso, así que esta señal es muy tardía.
Es importante saber que incluso sin ver a las orugas, los pelos urticantes pueden estar presentes en el entorno y, por tanto, el peligro también. Zonas bajo pinos infestados, suelos donde han pasado procesiones o restos de nidos rotos siguen siendo peligrosos durante semanas. Por eso, la detección no debe basarse solo en lo que vemos, sino también en lo que hemos visto: si hay pinos en la zona y antecedentes de infección, hay que asumir el riesgo y actuar antes de que vemos los primeros síntomas.
Cómo tratar la procesionaria del pino de forma eficaz y segura
El tratamiento concreto depende del momento del ciclo de la plaga y del entorno en el que ocurra. No todas las fases permiten las mismas intervenciones, por ejemplo en otoño e invierno temprano, cuando las orugas están dentro de los bolsones, una de las medidas más efectivas en jardines privados es directamente la retirada manual de los nidos, siempre realizada por profesionales o con equipos de protección adecuados. Los bolsones nunca deben romperse ni manipularse sin protección, ya que liberan miles de pelos urticantes, por lo que te recomiendo que contactes con alguna empresa especializada.
En fases tempranas del desarrollo larvario, se pueden emplear tratamientos biológicos de Bacillus thuringiensis, una bacteria específica que afecta solo a las orugas al ser ingerida. Es uno de los métodos más respetuosos con el entorno, pero debe aplicarse cuando las larvas son jóvenes y están activamente alimentándose, normalmente en otoño. Si nos encontramos fuera de esta fase el tratamiento es muy ineficiente. ¡Otra ventaja más para la detección temprana!
Cuando las orugas ya están bajando al suelo, el tratamiento pierde eficacia y el control debe centrarse en la seguridad. Lo más sencillo es que a partir de este momento se restrinja el acceso a la zona, especialmente con mascotas y, si es necesario, recurrir a trampas específicas alrededor del tronco que interceptan a las orugas antes de que se entierren. Muchas veces pueden utilizarse trampas que se instalan sobre el tronco y evitan que las orugas lleguen al suelo, piensa que esta es su única vía.
Recuerda que cualquier tratamiento debe ir acompañado de limpieza cuidadosa y medidas de protección posteriores, ya que los pelos urticantes seguirán estando presentes en el medio.
Cómo prevenir la aparición y reducir el riesgo a largo plazo
La prevención empieza mucho antes de ver las procesiones. Una de las estrategias más eficaces es interrumpir el ciclo reproductivo. Existen trampas de feromonas que se colocan en verano y nos permiten capturar a los machos adultos, reduciendo la fecundación de las hembras y, por tanto, la puesta de huevos. No eliminan completamente la plaga, pero disminuyen de forma significativa la presión año tras año. Además, podemos combinar esta estrategia con otras, como la diversificación vegetal.
Como la procesionaria solo crece en pinos, cuanto mayor sea la presencia de esta especie más susceptible será el ecosistema de contener esta plaga. Como imaginarás los monocultivos de pino son los que más favorecen la expansión de la procesionaria. ¿Una solución? En jardines y zonas verdes combinar especies y evitar concentraciones excesivas. Esta medida es más difícil en bosques y pinares, pero en este caso podemos apostar por mantener los árboles bien nutridos y sin estrés hídrico, ya que un pino sano tolera mejor la defoliación que uno debilitado.
Como has visto la procesionaria es un ejemplo claro de cómo una plaga no se gestiona solo con tratamientos puntuales, sino con estrategia y constancia. En este caso la clave es observar, entender su ciclo y actuar para bajar su población y, sobre todo, para evitar que las orugas lleguen al suelo. Y recuerda, ¡A partir de ahora mucho ojo al pasear por debajo de un pinar!