Cómo saber si tu suelo está sano observando su fauna
Fauna del suelo
Cómo lograr un suelo sano y vivo en el jardín de forma natural gracias a la fauna del suelo
Bajo nuestros pies existe un mundo que rara vez vemos, pero que es precisamente el que sostiene nuestro mundo visible y del que depende casi todo lo que crece en el jardín.
El suelo no es un simple soporte para las plantas ni mucho menos, sino que es un ecosistema vivo, poblado por miles de organismos que trabajan sin descanso descomponiendo, reciclando y redistribuyendo nutrientes.
Lombrices, colémbolos, ácaros, insectos y microorganismos forman una comunidad silenciosa que sostiene la fertilidad del suelo.
En este artículo te explico quiénes son estos seres aparentemente invisibles, cómo transforman los restos orgánicos en alimento para las plantas, qué prácticas los favorecen o los destruyen y cómo debemos interpretar su presencia como un indicador claro de la salud del suelo. A partir de hoy te alegrarás cada vez que veas uno en tu jardín.
¿Qué grupos de organismos viven bajo nuestros pies y por qué son vitales?
El suelo, aunque muchas veces nos parezca una masa marrón y uniforme alberga una diversidad sorprendente.
A continuación te explico los grupos de organismos más comunes e importantes que puedes encontrar:
Las lombrices
A poco que hayamos metido las manos en la tierra (y nosotros de eso sabemos bastante…) nos habremos pegado un pequeño susto cuando ha aparecido alguna lombriz.
Por este motivo las lombrices de tierra son quizá las más conocidas y no es para menos, ya que son unas auténticas ingenieras del ecosistema que excavan galerías, mezclan capas de suelo y facilitan la entrada de aire y agua en el suelo.
Es por ello que en un suelo donde haya lombrices es un suelo más sano que uno en el que no las haya.
Los colémbolos
Junto a las lombrices viven los colémbolos, unos pequeños artrópodos casi microscópicos que se alimentan de hongos y de restos vegetales, regulando poblaciones microbianas y acelerando la descomposición de la materia orgánica, fundamentales para cerrar el ciclo de nutrientes.
Los acaros del suelo
Los ácaros del suelo, a menudo confundidos con plagas, cumplen funciones similares a los colémbolos y ayudan a fragmentar la materia orgánica. No son los mismos ácaros que los que pueden afectar a nuestras plantas o cultivos.
Los miriápodos
También es común que nos encontremos algún miriápodo, como los milpiés, o bien cochinillas, larvas de insectos, nematodos…
Organismos microscópicos
Por último, destacar que existe una infinidad de organismos microscópicos, aunque estos solo los podemos intuir.
Esta gran diversidad, su compatibilidad y su cohesión se debe a que cada grupo ocupa un nicho concreto. Mientras algunos fragmentan restos grandes, otros descomponen compuestos más complejos y otros regulan las poblaciones de unos y otros.
Un auténtico ecosistema y una auténtica red trófica que como resultado nos da un suelo fértil y dinámico.
Sin esta cadena de trabajo, la materia orgánica se acumularía sin transformarse y los nutrientes quedarían bloqueados, impidiendo que los ecosistemas pudieran desarrollarse.
La vida del suelo es vital porque conecta la muerte con la vida. Convierte hojas secas y raíces muertas en nuevas posibilidades de futuro.
¿Cómo transforman los restos orgánicos en nutrientes aprovechables por las plantas?
Todo esto parece un proceso casi mágico, pero nada más alejado de la realidad. La transformación comienza con los organismos más grandes, lombrices, insectos y artrópodos que se alimentan directamente de hojas, tallos y raíces, fragmentándolos.
Esto aumenta su superficie y las hace más accesibles, lo que facilita el trabajo de bacterias y hongos. Al alimentarse estos animales mezclan los restos con el suelo y los incorporan a capas más profundas, reconduciendo los nutrientes.
Las lombrices, en particular, producen el valioso humus a través de sus excrementos, una sustancia estable y rica en nutrientes que mejora la estructura del suelo. ¿Sabes cómo podemos generar este hummus de lombriz y con que frecuencia aplicarlo donde tú quieres?
Después entran realmente en juego los microorganismos. Bacterias y hongos descomponen moléculas complejas (celulosa, lignina, proteínas…) y las transforman en formas simples que las raíces pueden absorber y las plantas utilizar para crecer: los verdaderos nutrientes del suelo.
En definitiva, la fauna del suelo actúa como nuestro sistema digestivo, pero de manera colectiva. Sin estos organismos, el suelo sería solo un depósito de restos orgánicos pero completamente inerte. Un montón de restos sin utilidad.
¿Qué prácticas de jardinería favorecen o destruyen esta fauna invisible?
La fauna del suelo prospera siempre y cuando el entorno es estable y diverso. El suelo de un bosque diverso esconde un suelo igual de diverso, mientras que es probable que el suelo de un polígono industrial sea bastante pobre.
Hasta aquí es bastante obvio, ¿pero y nuestros jardines, huertas y campos? ¿Tienen un suelo diverso o no? Depende de cómo lo cuidemos.
Practicas favorecedoras
Entre las prácticas que se pueden llevar a cabo que son beneficiosas para la fauna del suelo encontramos la de aportar materia orgánica en forma de compost, restos de poda triturados o acolchados. De esta forma se alimenta directamente a estos organismos.
Mantener el suelo cubierto protege de la desecación y de temperaturas extremas, creando un ambiente favorable para la vida subterránea.
El riego equilibrado, sin encharcamientos ni sequías prolongadas, también es clave.
Prácticas devastadoras
Lo más importante es que no llevemos a cabo ciertas prácticas que son devastadoras. Por ejemplo, el laboreo profundo y frecuente destruye galerías, expone organismos a la superficie y rompe equilibrios establecidos.
Es como destruir estructuras que cuesta mucho construir y si nuestro ecosistema edáfico no es muy resiliente podemos destruirlo completamente.
El uso continuado de pesticidas y fungicidas no solo elimina plagas, sino también a los organismos beneficiosos, por este motivo siempre debemos apostar por remedios ecológicos, al menos siempre que sea posible.
Los suelos compactados por pisoteo o maquinaria pesada reducen el oxígeno disponible y dificultan la vida subterránea, así que cuanta menos perturbación, mejor.
¿Podemos leer la salud del suelo observando su fauna?
Si sabemos como funciona el suelo podremos interpretar sus señales y así conocer su estado o, al menos, una sencilla aproximación.
Un suelo donde aparecen lombrices al cavar es casi siempre un suelo sano, al igual que la presencia de colémbolos y pequeños artrópodos al levantar una piedra indica humedad adecuada y actividad biológica.
Incluso la rapidez con la que desaparecen restos vegetales es una pista: si las hojas se descomponen en pocas semanas, la cadena de organismos está funcionando.
Si, por otro lado, vemos que la materia orgánica tarda mucho en desaparecer es un síntoma de que nuestro suelo es muy pobre. Todo lo que signifique un suelo silencioso, es decir, sin movimiento visible, suele estar empobrecido o desequilibrado.
Observar la fauna del suelo nos permite ajustar prácticas sin necesidad de análisis químicos: más materia orgánica, menos perturbación, más paciencia.
Como has visto, la fauna del suelo es la gran olvidada del jardín, pero también su verdadero motor. Lombrices, colémbolos y otros seres vivos trabajan día y noche para mantener la fertilidad, la estructura y el equilibrio del terreno. ¡Sin que tú se lo pidas y sin gastar nada!
Al final entender el suelo es aprender a mirar hacia abajo y reconocer que la verdadera riqueza del jardín no siempre se ve… pero siempre está ahí.