Blue Monday y la necesidad de comer caliente

Cuerpo y alimentación

El llamado día más triste del año no tiene base científica, pero sí coincide con una realidad estacional que se refleja claramente en cómo comemos

En días como el Blue Monday, platos que se hacen a fuego lento y se pueden repetir varios días encajan especialmente bien con el ritmo del invierno.
En días como el Blue Monday, platos que se hacen a fuego lento y se pueden repetir varios días encajan especialmente bien con el ritmo del invierno.

Hay días de invierno en los que todo parece ir un poco más despacio. No es tristeza profunda ni desánimo evidente, sino una sensación más difusa: menos energía, menos ganas de decidir qué comer, más necesidad de algo sencillo y caliente. Coincide a menudo con mediados de enero, cuando aparece el concepto de Blue Monday. Y aunque esa etiqueta no tenga respaldo científico, la reacción del cuerpo sí lo tiene.

En esos días, la gastronomía cambia de forma casi automática. No por antojo, sino por adaptación.

El Blue Monday como excusa, no como diagnóstico

El Blue Monday nació como una campaña publicitaria y no responde a ningún cálculo médico ni psicológico riguroso. No existe un 'día más triste del año' medible. Sin embargo, la fecha se sitúa en un momento muy concreto del calendario: pleno invierno, semanas de frío acumulado, menos horas de luz y vuelta a la rutina tras las fiestas.

No explica cómo nos sentimos, pero sí coincide con un contexto en el que el cuerpo funciona de otra manera. Y eso se nota especialmente en la cocina.

En invierno el cuerpo gasta más energía

Cuando hace frío, el organismo necesita más energía para mantener la temperatura corporal. Aunque no siempre seamos conscientes, ese gasto extra se traduce en señales claras: más apetito, preferencia por platos calientes y rechazo espontáneo a comidas frías o ligeras.

No es casualidad que en estos días apetezcan menos las ensaladas y más las sopas, los guisos o las cremas. Platos de cuchara como una sopa de cebolla con queso gratinado, unas alubias blancas con morcilla o una crema de calabaza caliente encajan especialmente bien en este momento del año porque aportan calor, saciedad y una energía que se libera de forma progresiva.

La temperatura del alimento influye directamente en la sensación de saciedad y confort. Comer caliente no solo alimenta: regula.

Las legumbres y los platos de cuchara ganan protagonismo cuando el frío se instala durante semanas.
Las legumbres y los platos de cuchara ganan protagonismo cuando el frío se instala durante semanas.

Menos luz, menos prisa en la cocina

El invierno reduce las horas de luz y altera los ritmos diarios. Se llega a casa de noche, se cocina con menos tiempo y menos paciencia. En ese contexto, triunfan platos previsibles, que no exigen demasiadas decisiones ni atención constante.

Platos de cuchara, caldos, purés o arroces sencillos tienen algo en común: se pueden dejar hechos, se recalientan bien y mantienen su textura. Son comidas pensadas para sostener, no para sorprender.

Textura y temperatura importan más de lo que creemos

No solo importa qué comemos, sino cómo se siente en la boca. En días grises, el cuerpo busca texturas que reconforten: cremosas, untuosas, calientes. No es un capricho emocional, sino una respuesta sensorial.

Los alimentos calientes activan receptores térmicos que generan sensación de bienestar inmediato y ayudan a prolongar la saciedad, algo que se nota especialmente en invierno. Por eso la comida caliente suele saciar más en esta época del año, incluso cuando el plato es sencillo.

Por eso una sopa o una crema pueden resultar más 'completas' que una comida fría más elaborada, aunque aporten una cantidad similar de energía.

Por qué en días como el Blue Monday el cuerpo pide comida caliente

A menudo se asocia la comida reconfortante con exceso o falta de control. Sin embargo, en invierno cumple una función clara: ayudar al cuerpo a adaptarse al entorno. No se trata de comer más, sino de comer distinto. Un caldo, un guiso suave o una crema caliente aportan energía de forma progresiva y estable, justo lo que el cuerpo necesita cuando el día pesa un poco más de lo habitual.

Además, no es casual que estas elecciones aparezcan con más frecuencia a principio de semana. El arranque del lunes concentra cansancio acumulado y menos margen mental, y eso se refleja también en la cocina. Se repiten platos conocidos, recetas que ya han funcionado otras veces. La comida deja de ser un estímulo y pasa a ser un punto de apoyo.

No hace falta etiquetar un día concreto como triste para entender que el invierno pide otra forma de comer. La gastronomía cotidiana lo ha sabido siempre: por eso los platos de cuchara, los guisos y las sopas forman parte natural de esta época del año. Quizá por eso, cuando llegan días como el Blue Monday, la cocina no cambia de rumbo. Aparecen los platos calientes, los que se repiten sin pensar y encajan con el invierno tal y como es. No es una respuesta emocional, sino una forma práctica de comer cuando el cuerpo necesita otra cosa.

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