El extraño experimento con McFlurry que divide a internet
Tendencias virales
Una combinación no oficial nacida en redes sociales que mezcla helado y patata frita y que sigue generando un debate inesperado sobre el contraste dulce-salado
Hay ideas culinarias que parecen diseñadas para provocar rechazo inmediato. O curiosidad absoluta. El Hash Brown McFlurry pertenece a esa categoría: un experimento improvisado que mezcla helado cremoso con tortitas de patata crujiente y que, contra todo pronóstico, lleva tiempo despertando entusiasmo, burlas y debates encendidos en redes sociales. No es un producto oficial, no aparece en ninguna carta y, aun así, se ha consolidado como uno de los cruces dulce-salado más comentados.
La clave de su éxito no está tanto en el sabor como en lo que representa: una idea nacida de los propios clientes que ha ido circulando por distintos países a golpe de vídeo corto.
Qué es exactamente el Hash Brown McFlurry
El concepto es tan simple como desconcertante. Dos hash browns -las clásicas tortitas de patata frita- sirven de 'pan' para emparedar un McFlurry todavía frío. El resultado es una especie de sándwich improvisado en el que se cruzan temperaturas, texturas y sabores opuestos: exterior crujiente y salado; interior cremoso y dulce.
No hay elaboración ni receta como tal. Cada persona lo monta a su manera y lo prueba casi siempre por primera vez frente a la cámara. Esa reacción inicial, entre la duda y la sorpresa, es parte esencial del fenómeno.
Un invento de clientes, no un producto oficial
Conviene aclararlo desde el principio: el Hash Brown McFlurry no es un producto oficial de McDonald’s. No se puede pedir como tal ni forma parte de ninguna promoción estable. Es una combinación creada por clientes, que compran los elementos por separado y los combinan por su cuenta.
Precisamente ahí reside parte de su atractivo. No nace de un departamento de marketing ni de un lanzamiento planificado, sino del juego y la curiosidad del consumidor. Es comida rápida llevada al terreno del experimento, sin garantías ni promesas.
De Australia a las redes globales
Aunque es difícil fijar un origen exacto, muchos vídeos sitúan el inicio de la tendencia en Australia, donde este tipo de combinaciones informales con productos de McDonald’s son relativamente comunes. Desde allí, el invento empezó a circular en TikTok y otras plataformas, impulsado por un patrón claro: alguien lo prueba, pone cara de duda, muerde y reacciona.
Con el tiempo, la mezcla cruzó fronteras y ha reaparecido de forma cíclica en redes, hasta acabar llegando a cuentas oficiales de la propia marca. En Reino Unido, McDonald’s publicó un vídeo reaccionando al fenómeno, sin presentarlo como producto, pero reconociendo implícitamente su popularidad. Ese gesto reactivó la conversación.
Por qué el contraste dulce-salado engancha
Más allá del impacto visual, el éxito del Hash Brown McFlurry se apoya en una lógica sensorial conocida. El contraste entre lo dulce y lo salado es uno de los más efectivos a nivel gustativo: estimula el paladar, mantiene la atención y genera sensaciones intensas incluso cuando la combinación parece poco apetecible.
No es la primera vez que una mezcla aparentemente imposible genera debate, como ocurrió con otras combinaciones virales que juegan con el choque entre lo dulce y lo salado.
En este caso, el crujiente graso de la patata frita funciona como contrapunto del frío y la dulzura del helado. Para algunos, el resultado es sorprendentemente equilibrado; para otros, directamente incomible. Y esa división es justo lo que mantiene viva la tendencia.
Cuando la comida se convierte en contenido
Este experimento dice mucho más sobre cómo comemos hoy que sobre lo que comemos. El Hash Brown McFlurry existe porque la comida se ha convertido en espectáculo, en contenido compartible y en conversación. No importa tanto si está bueno como si genera reacción.
No es un caso aislado. En los últimos años, otros fenómenos vinculados al universo gastronómico han funcionado más como provocación que como propuesta real, desde mezclas imposibles hasta productos que apelan directamente a la memoria olfativa, como el perfume con aroma a croissant lanzado por Lidl en Estados Unidos. En todos ellos, la clave no está en el consumo cotidiano, sino en la conversación que generan.
Que una marca global se limite a observar y comentar el fenómeno, sin apropiárselo del todo, es también significativo. Muestra hasta qué punto algunas tendencias ya no nacen desde arriba, sino desde el consumidor, y se validan a través de la viralidad.
Probablemente, el Hash Brown McFlurry no termine formando parte de ninguna carta ni aspira a hacerlo. Su fuerza está en lo efímero, en lo extraño y en la experiencia compartida.