Todo lo que se puede hacer con un cocido bien aprovechado
Cocina de invierno
Cómo un guiso tradicional resuelve varias comidas sin repetirse
Hay platos que se cocinan pensando solo en el momento de sentarse a la mesa y otros que, sin proponérselo, organizan las comidas de varios días. El cocido pertenece claramente a este segundo grupo. En invierno apetece por su carácter reconfortante, pero también por todo lo que deja después. Porque cuando se hace cocido, casi siempre sobra. Y eso, bien entendido, es una ventaja.
Un plato que se cocina una vez, pero se come muchas
El primer día el cocido se sirve como manda la tradición: caldo, garbanzos, verduras y carnes. Es un plato completo, contundente y equilibrado. Pero el verdadero recorrido del cocido empieza cuando la olla se enfría.
El caldo que queda es quizá el mayor tesoro. Con unos fideos finos se transforma en una sopa sencilla y reconfortante, perfecta para varios días, como esta sopa de fideos que funciona precisamente porque parte de un buen fondo. Incluso puede resolverse como plato único ligero.
Las carnes: del vuelco al plato elaborado
Las carnes del cocido -y especialmente el morcillo o zancarrón- rara vez se terminan el primer día. Y es ahí donde el aprovechamiento gana interés. Bien desmenuzada, esta carne admite elaboraciones más trabajadas que van más allá de las croquetas.
Salteada con pimientos y un buen tomate, se convierte en un plato meloso y profundo, muy en la línea de un zancarrón con fritada y tomate, donde la carne se integra en la salsa y adquiere una segunda vida clara y reconocible.
También funcionan muy bien las preparaciones al horno o en capas, como una lasaña de cocido, que aprovecha las carnes y el caldo para construir un plato completo, más elaborado, pero perfectamente coherente con el origen del guiso.
Cuando se busca algo más informal, las croquetas siguen siendo una solución infalible. Con las carnes del cocido -pollo incluido- se pueden preparar croquetas cremosas y bien armadas, como estas croquetas de pollo, que encajan especialmente bien como cena o aperitivo.
Garbanzos que cambian de papel
Los garbanzos tampoco tienen por qué repetirse siempre en formato de plato de cuchara. Una vez cocidos, funcionan especialmente bien en preparaciones más frescas. En ensaladas templadas o frías, con pescado o verduras, se convierten en un plato completo y equilibrado. Un buen ejemplo es esta ensalada de garbanzos con bacalao, donde el contraste de temperaturas y texturas cambia por completo la percepción del ingrediente.
También pueden triturarse y transformarse en un hummus casero, una opción sencilla y resolutiva que aprovecha los garbanzos ya cocidos y funciona especialmente bien para cenas ligeras o como aperitivo. Cambia el formato y cambia la sensación: el garbanzo es el mismo, pero el plato no tiene nada que ver con el del día anterior.
Las verduras también tienen recorrido
Si el cocido incluye zanahoria, patata o puerro, parte de estas verduras puede transformarse fácilmente en una crema suave, simplemente triturándolas con un poco de caldo. El resultado es limpio y reconfortante, muy lejos de la idea de sobras, como ocurre en esta crema de zanahoria, que encaja especialmente bien como cena ligera en los días siguientes.
Por qué el cocido funciona tan bien en invierno
El valor del cocido en esta época no está solo en el plato principal, sino en todo lo que genera después. Se cocina una vez, pero se come varios días, de formas distintas y sin sensación de repetición. En invierno, cuando apetece cocinar menos pero comer caliente y bien, el cocido se convierte en algo más que un guiso tradicional.
Y si en tu caso nunca sobra, quizá la solución sea tan sencilla como añadir un poco más a la olla: pensar el cocido como un guiso que se cocina con intención de durar.