El extraño caso del mejillón barato en pleno invierno
Comprar bien
Está en su mejor momento, es versátil y sigue siendo accesible cuando otros mariscos suben de precio
Pocas cosas me pueden sorprender tanto estos días como ver mejillones a buen precio en pleno invierno. Con la cesta de la compra cada vez más ajustada y el pescado subiendo sin tregua, encontrarlos en la pescadería, frescos y accesibles, me sigue pareciéndome casi un pequeño milagro doméstico. Más aún cuando están en uno de sus mejores momentos del año.
El fin de semana es la ocasión ideal para preparar los mejillones en casa. Elijo siempre una receta sencilla como los mejillones al vapor, con un chorrito de vino blanco, una hoja de laurel y poco más. En apenas unos minutos tengo un plato completo, reconfortante y con ese punto yodado que apetece especialmente cuando hace frío.
A veces vuelvo también a recetas más elaboradas y que me traen recuerdos de la infancia, los que prepara mi madre: los mejillones tigre, siempre reservados para días señalados, o los mejillones en salsa picante, esos de pan y moja.
Un marisco que se adapta a cualquier comida
Los mejillones tienen esa virtud poco común de encajar en casi cualquier momento del día y en registros muy distintos. Funcionan igual de bien en una receta sencilla al vapor que formando parte de preparaciones más contundentes, donde aportan fondo marino sin imponerse. Basta con usarlos como base de una crema de mejillones al azafrán, convertirlos en protagonistas de un arroz caldoso de mejillones o combinarlos con cereales, como en un cuscús con mejillones, para entender hasta qué punto son agradecidos en la cocina.
Incluso en elaboraciones algo más elaboradas, como un pescado acompañado de salsa de mejillones y langostinos, como la itsaskabra con salsa de mejillones y langostinos, siguen teniendo ese papel discreto, pero fundamental que redondea el plato. Es un marisco capaz de elevar recetas muy distintas sin perder su identidad.
Por qué el invierno juega a su favor
El buen momento del mejillón en invierno no es casual. Las aguas frías hacen que concentre más carne y que su textura sea firme y jugosa, lejos de ese mejillón más aguado que a veces aparece en otros meses. Es ahora cuando están más llenos, más regulares y con un sabor limpio.
Además, al tratarse de un producto cultivado -especialmente en las rías gallegas-, su disponibilidad es más estable que la de otros mariscos. No depende tanto de capturas puntuales ni de temporales concretos, y eso se nota en el precio y en la constancia con la que aparece en el mostrador a lo largo del año.
El único inconveniente de los mejillones
Si tuviera que ponerles una pega, sería el momento de limpiarlos. No es complicado, pero sí requiere pararse un poco, revisar uno a uno, retirar las barbas y, en algunos casos, raspar esas pequeñas costras blancas -los balanos- que suelen quedar pegadas a la concha, para asegurarse de que están bien limpios antes de llevarlos al fuego. Es, probablemente, el único paso que frena a quien busca una cena rápida.
Aun así, dedicar unos minutos a este gesto es clave si queremos un resultado final redondo. Saber cómo limpiar y abrir mejillones correctamente no solo facilita el proceso, sino que garantiza que luego se abran bien, suelten su jugo limpio y no estropeen el caldo. Siempre queda la opción de comprarlos ya limpios, aunque, personalmente, considero que no es lo mismo.
Verlos a buen precio en pleno invierno ya no me sorprende tanto como antes, pero sigo agradeciéndolo. Porque en medio de tantas subidas, hay productos que todavía recuerdan que comer bien no siempre tiene que ser caro ni complicado y los mejillones son prueba de ello.