Cómo aprovechar sobras de pescado para no tirar nada y convertirlas en nuevos platos
Cocina de aprovechamiento
Formas fáciles y apetecibles de reutilizar el pescado del día anterior
Cuando se cocina pescado en casa, es frecuente que queden restos: desde pequeñas porciones ya hechas hasta partes que se retiran al limpiarlo. A menudo se descartan por falta de costumbre o de ideas claras sobre qué hacer con ellos. Entender cómo aprovechar sobras de pescado ayuda a organizar mejor la cocina diaria y a sacar más partido a lo que ya tenemos antes de volver a comprar.
Ideas sencillas para dar una segunda vida al pescado que sobra en casa
Después de cocinar pescado, es habitual que queden restos: un lomo que no se termina, pescado ya hecho del día anterior o cabezas y espinas que se apartan al limpiar la pieza. En muchos casos se tiran por costumbre o por falta de ideas. Saber cómo aprovechar sobras de pescado permite reducir desperdicio y resolver nuevas comidas sin complicarse en la cocina
El pescado, sobre todo el blanco, se reutiliza bien si se trata con criterio. Mantiene la textura, admite combinaciones sencillas y se integra con facilidad en otras recetas sin perder calidad.
Dar salida a las sobras no es repetir el mismo plato
No se trata de recalentar sin más. La clave está en cambiar el uso del pescado. Un resto cocinado puede integrarse en otra receta con una función distinta: relleno, base o complemento.
El pescado blanco no tiene sabores dominantes y funciona bien en elaboraciones cotidianas, desde platos rápidos hasta recetas de horno o ensaladas templadas que permiten reorganizar lo que queda del día anterior sin que se note como una comida improvisada.
Qué restos de pescado merece la pena guardar
No todos los restos funcionan igual. Conviene seleccionar.
Resultan especialmente útiles el pescado blanco ya cocinado -merluza, bacalao fresco, rape o gallo-, los lomos al horno o a la plancha sin salsas intensas, los recortes limpios de filetes y las cabezas y espinas frescas para caldos.
En cambio, es preferible descartar restos muy condimentados, pescados muy grasos cuando se busca un resultado neutro o sobras que lleven demasiado tiempo en frío.
El caldo de pescado como base práctica
Las cabezas y espinas siguen siendo uno de los restos más útiles en la cocina. Un caldo bien hecho sirve como base para arroces, fideuás, guisos o salsas y permite aprovechar partes que de otro modo se desecharían.
Para obtener un buen resultado conviene lavar bien las espinas y cabezas, empezar siempre con agua fría, usar pocas verduras y de sabor suave y mantener una cocción corta, de unos 20-25 minutos. Técnicas como las que se explican en el fumet o caldo de pescado casero por Karlos Arguiñano ayudan a conseguir un fondo limpio, equilibrado y fácil de reutilizar en distintas recetas.
El caldo se conserva bien congelado en pequeñas porciones y facilita mucho la cocina diaria.
Qué hacer con pescado ya cocinado
Cuando el pescado ya está hecho, las opciones pasan por integrarlo en recetas sencillas.
Croquetas
Es una de las salidas más habituales cuando sobran pequeñas cantidades de pescado o marisco. El pescado se desmenuza y se mezcla con una bechamel suave, lo que permite aprovechar restos sin que pierdan textura ni sabor. Funcionan especialmente bien con pescados blancos, pero también con marisco cocido. En este sentido, recetas como las croquetas de merluza, las croquetas de gambas o las croquetas de txangurro de Joseba Arguiñano encajan bien como platos de aprovechamiento pensados para usar pescado ya cocinado o recortes limpios.
Rellenos y platos de horno
Las elaboraciones en capas o con masas admiten bien el pescado del día anterior. Es el caso de platos como la lasaña de pescado y marisco o la lasaña de bacalao y pimientos morrones, donde el pescado se mezcla con otros ingredientes y mantiene su presencia sin resultar repetitivo. Algo similar ocurre con la empanada de bacalao, una receta práctica para dar salida a restos ya cocinados combinándolos con verduras y masa.
Ensaladas templadas
El pescado y el marisco sobrantes también encajan bien en ensaladas que se sirven ligeramente templadas. Preparaciones como la ensalada templada de marisco, la ensalada templada de lentejas con langostinos o la ensalada de pulpo muestran cómo integrar restos de pescado y marisco en platos equilibrados, adecuados tanto para comidas ligeras como para cenas informales.
Huevos
Tortillas y revueltos aceptan bien restos de pescado blanco añadidos al final, especialmente cuando se trata de pequeñas cantidades. También funcionan preparaciones ligadas con huevo que permiten integrar el pescado con verduras y darle más cuerpo al plato, como ocurre en el pastel de pescado y verduras, una opción práctica para organizar sobras y resolver una comida completa sin recurrir a elaboraciones complicadas.
Partes menos habituales que también se pueden usar
Algunas partes se descartan por costumbre, no por falta de utilidad.
Las carrilleras de pescados grandes pueden separarse antes de hacer el caldo y cocinarse aparte. Tienen una textura firme y un sabor suave. Las pieles, bien limpias y secas, pueden hornearse o freírse hasta quedar crujientes y utilizarse como complemento en platos sencillos.
Espinas y pieles aportan colágeno natural a los caldos, dando más cuerpo al resultado final.
Conservación y tiempos
Trabajar con sobras de pescado exige cierto orden.
Conviene guardar los restos bien tapados, consumirlos en un máximo de 48 horas en frío y congelar caldos y restos limpios cuanto antes. La descongelación debe hacerse siempre en frío y el consumo, inmediato.
El control del tiempo es tan importante como la receta.